El refugio de Fat History Month

El año pasado entró en nuestra lista de mejores discos internacionales un grupo del que no se ha hablado mucho y que ha pasado totalmente desapercibido, pero que aglutina numerosas virtudes que lo hacen una

Fat-History-Month

El año pasado entró en nuestra lista de mejores discos internacionales un grupo del que no se ha hablado mucho y que ha pasado totalmente desapercibido, pero que aglutina numerosas virtudes que lo hacen una formación diferente. Por lo que es necesario su rescate para reivindicarles las veces que sea necesario. Hablemos, otra vez, de los bostonianos Fat History Month.

Desmarcarse de la fórmula fácil

Hacía tiempo que no encontraba un grupo dentro del indie rock que me despertara tanta emoción. De hecho, el año pasado llegué a estar enganchado a ellos durante bastante tiempo. Sobre todo a su segundo álbum, Bad History Month, del que ya os hablamos. Muchas veces miramos por el retrovisor y tiramos de la zona de confort, pasando la tarde con esos grupos clásicos del género cuya época dorada queda bastante lejos. En el indie rock de hoy echo en falta, más personalidad, más grupos de raza; más grupos como Fat History Month.

Al igual que pasa con el shoegaze, no nos faltan nuevos grupos que se saben de pe a pa los trucos y recursos que utilizar para llegar a un público concreto e incluso conseguir cierta trascendencia internacional. Muchos tienen la lección aprendida y la ejecutan una y otra vez, algunos sin siquiera molestarse en salirse de los márgenes para no arriesgar. Ante la ingente cantidad de este tipo de grupos que apuestan al A-B-C fácil y que les reportará al menos tocar en varios festivales importantes aunque figuren en la letra pequeña, sorprende encontrar formaciones que se salen por la tangente y evaden las fórmula previsible para ser los nuevos Best New Pereza. Son en la excepción y no la norma.

I refuse to ride the bus, or ever hit the laundromat,
It’s not that I’m too good for that,
I’m just a scared and sheltered cat who’s afraid of ending up in a shelter.
I’m staying alive, ‘cause it’s even more scary to die.

Lo único que importa es la música

Fat History Month son simplemente dos tipos de Boston, que viven por y para la música, sin excesivas pretensiones. Simplemente la disfrutan y la comparten con quien coincida con estas premisas. Una posición honesta, sin poses, y que sin embargo no sería posible si no estuvieran en Exploding In Sound, un pequeño sello independiente en el que no sólo habitan ellos, sino también otros grupos que se dejan querer -algunos obcecados intentando imitar- por los héroes del underground americano. De algunos de ellos ya os hemos hablado, como Ovlov o Grass Is Green. Pero nuestros protagonistas no suenan a cliché.

Pero ante este ejercicio de revivalismo, este binomio es diferente, si bien algunos compañeros de sello (Ovlov, por ejemplo) sí caen en postulados más canónicos y manidos -aunque eficientes-, la pareja liderada por Jeff Meff tiene un magnetismo especial. Como bien dijo Mohorte, Fat History Month y concretamente Jeff, recuerdan por la emoción de sus composiciones a su tocayo de Neutral Milk Hotel. Rinden culto a los medios tiempos aguerridos mientras caen en una espiral de letras de perdedores, que acaban desparramadas en la pared junto a las vísceras de Meff. En ese pequeño estallido que acaba llevándote en volandas, ese peso de la guitarra como eje vital de nuestras vidas, en esas canciones tanto tristes como de superación; eso cuando deciden reírse de sí mismos, residen el encanto y la furia del grupo.

I’d burn my box and hit the road,
And if the road hit back, it’d be ok,
‘Cause I’m finally alive enough to know,

That you never know what hits you.

Exceptuando la primera maqueta, en la que el sonido es penoso, en cualquiera de sus referencias podemos refugiarnos y oler el rastro de grupos como Built To Spill o Modest Mouse. Y sin embargo, aunque recuerden a los conjuntos que comentamos, suenan a todos y no suenan a ninguno. Encuentran su espacio propio, aunque involuntariamente uno siempre barre para casa (siguiendo los estertores de compatriotas de referencia). Pero esto no es lo importante; Fat History Month nos traen la función más básica e inmediata de la música, que no es otra que disfrutar. Solo, con tu pareja o brindando por el hedonismo con unas latas de cerveza y amigos. Al fin y al cabo, así es como ellos lo hacen en sus directos. Tocan de garaje en garaje y no les importa compartir canciones grandes como la vida en espacios reducidos y con poco público. Frente a frente. No hay barreras.

Dinamitando los pequeños circuitos

No necesitan el viejo Woodstock para disfrutar, y es importante que todo les importe una mierda, excepto la música, que es lo trascendental. Ni siquiera tienen redes sociales. Sólo un blog en el que compartir sus pensamientos y un obligatorio bandcamp como sitio de reunión al que hay que venerar siempre que haya oportunidad, incluso cuando hay que tirar de la oreja en una carta del propio Jeff Meff a estrellitas indie.

And even though I miss, and I want to kiss you,
I just blow all of my love into a tissue,
and I throw it away.
And later on I’ll be playing in the road,
when that rubber hits my back and I feel my heart explode.
And that blood in my chest is suddenly worth more than sex and love and gold.
And I’ll feel sad, knowing you’ll be sad,
but that wheel keeps rolling.
And as it reaches my neck,
I’ll feel glad to be alive,
with my eyes wide open.

Desarrollos ciclotímicos en canciones tan cortas como ‘Old Lady Smokers‘ y en otras tan extensas como ‘You Can Pick Your Nose, You Can Pick Your Friends Nose, But You Can’t Escape Your Horrible Family‘. Da igual lo que duren, el magnetismo de sus arpegios, desnudos como la mano de Meff, que toca su guitarra sin púa, me atrapa durante horas sin que quiera salir. Porque en la aparente angustia de Meff, en sus constantes disertaciones sobre la gente que le rodea y en los momentos en los que encuentra la felicidad, hay siempre una belleza inherente a la música de Fat History Month. Serán esos desesperados intentos por sobrevivir en los subidones finales de ‘There Goes The Sun‘ o ‘Safe And Sound‘. O simplemente la canción más triste de la historia, ‘Cat In A Box‘, pero Fat History Month podrían ser tu grupo del momento, como ahora son el mío.

Cuando bebo unas cervezas y empiezan a inundar mis venas a veces pienso que son el mejor grupo de indie rock del momento. O mi preferido. Pero después se me pasa. Aunque más tarde siempre vuelvo a pensar que sí lo son, definitivamente. Es su lirismo descarnado, su apisonadora energía, su forma de dejar fluir las canciones sin prisa, sabiendo que lo mejor está por llegar. En el fondo da igual la etiqueta que les ponga. Porque son buenos. Muy buenos, y eso es lo que importa. Aunque sean un grupo pequeño, tienen canciones muy grandes. Tan grandes que podrían estar escribiendo tu vida.

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