Mike Patton, necio por un día y rey para toda la vida

"Conseguí una canción entera a base de galletas de la suerte ('Land of Sunshine'). En otra, tomé letras de diferentes canciones de Frank Sinatra y las puse juntas. Otra simplemente iba conduciendo y me la

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“Conseguí una canción entera a base de galletas de la suerte (‘Land of Sunshine’). En otra, tomé letras de diferentes canciones de Frank Sinatra y las puse juntas. Otra simplemente iba conduciendo y me la encontré en un trozo de papel en el suelo, así que la robé.”

Recuerdo que hacía mucho calor y llevaba todo el día en aquel horroroso recinto para eventos de Getafe tragando la tierra que se levantaba en nubes durante cada concierto, hasta el punto de que una capa de barro empezaba a cubrir el interior de mis conductos respiratorios, pero poco me importaban en aquel momento futuras complicaciones de salud porque sabía que aquella noche tenía una cita con Faith No More.

Si me preguntáis ahora, unos años después, os diré que hasta la fecha es el mejor concierto al que he tenido la oportunidad de asistir. Y todo fue en buena medida gracias al incomparable espectáculo que él, Mike Patton, ese cantante que parece el gemelo malvado de Predrag Mijatović (quien ya de por sí tiene bastante cara de malo canónico), tuvo a bien ofrecernos sobre el escenario. Y entre el público. Y sobre el público también, porque el maldito no paró ni un momento.

Que Patton era un absoluto fuera de serie lo tenía ya más que claro antes de aquella catarsis en vivo que corrió por cuenta suya y de la reunida formación californiana, pero presenciar y ser parte activa de su ritual escénico terminó por hacerme fiel adepto de su credo. Un credo en el que prácticamente cualquier sonido es susceptible de ser llevado al extremo, retorcido, masticado y escupido sin el más mínimo atisbo de preocupación por lo que vendrá después.

Desde fuera de ninguna parte

El profano podría preguntar, con inocencia e ilusión, cuál es el mejor hilo del que tirar para empezar a desenmarañar el ovillo discográfico que ha ido acumulando el sujeto con el paso de los años. Lo fácil, claro, es referenciar a Faith No More y dejar que la iniciativa personal haga el resto. Pero eso sería tan aburrido.

A fin de cuentas hablamos de un cantante al que no se le caen los anillos por pasar de los guturales más infernales al rap más macarra, y de ahí a sacar al crooner que lleva dentro, dejando caer por el camino unos cuantos golpes de beatboxing en su forma más libre. Y todo ello sin despeinarse (algo a lo que también le ayuda la copiosa gomina, claro), con la pasmosa facilidad del que pulsa un interruptor o pasa una página.

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Sería mucho más divertido, se me ocurre, empezar con él plantándose sin más preparación ante algo de Mr. Bungle y ver lo que pasa; un Disco Volante, así por ejemplo, y a ver cómo se le queda el careto al neófito de turno. Hasta el más versado en experimentales podría apretar las posaderas como cuando le toca a uno abrir el borrador de la Renta, pero a ver quién nos va a negar a nosotros su condición de discazo.

Luego podemos seguir planteando un acercamiento más detallado a otros proyectos como Tomahawk, donde viene a hacer más o menos lo que en el resto de sitios (es decir: lo que le da la gana), pero teniendo aún menos gente a la que dar explicaciones. De vez en cuando se acuerda de que existen y sacan algún disco o montan una gira porque sí o en compañía de otros, aunque después los fans de Tool les abucheen.

Sé agresivo (sé, sé agresivo)

Otro que también está un poco tocado es Buzz Osborne, el de Melvins, y junto a él y a la apisonadora Dave Lombardo se lo pasan de perlas con esa broma de buen gusto que es Fantômas. Tanto como para osar a hacer versiones trash del tema central de El Padrino, por la sencilla razón de que a nadie se le había ocurrido antes.

¿Y qué me decís del día en que The Dillinger Escape Plan decidieron probar suerte e invitar a Patton a grabar un EP con ellos? Seguro que se creyeron muy graciosos, en plan “vamos a invitar al colgado éste y nos echamos unas risas en el estudio mientras encontramos otro cantante”. Pero allí llegó él y se hizo dueño de todo, como no podía ser de otro modo. Irony Is a Dead Scene, que así se titula esa batalla, es un imprescindible que falta en tu discografía.

Y hay más, claro. Ahora le ha dado por las bandas sonoras, mira tú por donde, y en cosa de seis años se ha hecho cinco. Nada de lujos y superproducciones, obviamente (aunque en ‘Cruce de caminos’ salen dos de los machos alfa del momento en Hollywood), pero que no sea yo quien os impida el acercamiento a ellas si sentís curiosidad.

También anda muy liado, y esto ya es para troncharse, con tareas de doblaje en diversos videojuegos, especialmente protagonista en las dos entregas de ‘The Darkness’. Otros títulos donde se le puede escuchar más de pasada son ‘Portal’ y ‘Left 4 Dead’. El caso es no parar.

La soledad de un número primo

Las personas con talento, con verdadero talento, suelen tener como punto distintivo la capacidad de no tomarse demasiado en serio a sí mismos. Tanta desinhibición le permite, por ejemplo, reírse de su condición de ídolo del metal alternativo al atreverse en italiano junto a una orquesta en Mondo Cane, o le sirve para analizar, siempre a su manera, el género pop con Peeping Tom.

Lo que tú o yo entendamos por armonía y belleza no tiene por qué coincidir necesariamente con lo que Patton opine. Su discurso ha sido siempre el de la libertad creativa por encima de cualquier otro interés, y a la vista de los resultados podemos afirmar que lo suyo no es postureo. Si cree en algo, se tirará a por ello sin asegurarse antes de que alguien haya puesto debajo la red de seguridad.

“Es nuestra responsabilidad como músicos mantener la música fresca e interesante, y la gran mayoría de los músicos no lo hacen. Creo que están demasiado dispuestos a conformarse con cualquier cosa “cool” y que les permite hacer dinero. Haciendo de esto un negocio no le hacemos un favor a nadie. Vale, yo vivo de ello y puedo sonar como un maldito hipócrita… pero lo que quiero decir es que el negocio raramente debería afectar al arte que estás creando”.

Dios odia a los cobardes

Para ser un tío que no para de hacer cosas, tampoco es que se hable demasiado de Mike Patton, fijaos lo que os digo. Y no será por falta de seguidores a su causa, eso seguro. Pero lo cierto es que seguirle la pista no siempre es fácil, e intentar adivinar cuál podría ser su siguiente paso es directamente tarea imposible.

“Normalmente, cuanto más hablas de tu música, más daño haces. Yo prefiero decir: «hey, escucha el maldito disco y calla la boca». Sí, es un poco áspero, pero cuanto mayor me hago, menos quiero hablar.”

Querer estar fuera de los focos, pero a la vez saber que es ahí donde brillas con más fuerza; debe ser una situación complicada. Quizás sea esa parte de la razón por la que sí, que no, que nunca se deciden con Faith No More. De momento tiene previsto tocar en Hyde Park el próximo mes de julio (quién lo pillara), pero todo lo que hay después escapa a la vista del telescopio.

Puede haber algo de premonitorio en el nombre de la localidad que le vio nacer: Eureka, California. Quizás él también, como Arquímedes, consiga dar con esa solución que le permita poner fin a su incansable búsqueda de lo imposible. O mejor para nosotros, que no lo logre y que siga escarbando entre los pliegues de su cerebro, a ver qué es lo próximo que sale.