The Afghan Whigs – Do To The Beast

Un disco con el viejunismo como pecado original es también sin embargo inquieto, razonablemente osado. Con esto no contábamos.

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Ahora que por fin tenemos entre manos este Do To The Beast, referirnos a The Afghan Whigs como “los grandes olvidados de los 90” puede sonar a estas alturas un poco a tomadura de pelo. Primero, porque en todo caso ese honor debería disputárselo con sus primos segundos de Screaming Trees. Y segundo, y más importante, porque en lo que se refiere a música, de los 90 creo que ya sólo queda por reivindicar a mi primer profesor de inglés, el que nos ponía ‘It Must Have Been Love‘ para hacer fill the gaps. Aparte de él, todo, absolutamente todo lo demás ya está reivindicado, reeditado, reunido y/o continuado. Hoy en día el nombre de Jeff Mangum aparece en letras gordas en los festivales y hasta tenemos discos nuevos de My Bloody Valentine de sobra: definitivamente, no hemos pasado una guerra.

La segunda vida de The Afghan Whigs

Aun así, la jugada parecía especialmente complicada para los de Greg Dulli. Porque en efecto ellos nunca tuvieron un colchón de fans que les garantizase un aterrizaje tranquilo en caso de emergencia, porque los 16 años que han pasado desde la publicación de 1965 son muchos (cada año transcurrido desde la separación de un grupo eleva un milímetro la ceja del oyente de su disco de retorno, es una ley fundamental) y porque la suya era una propuesta especialmente noventera: The Afghan Whigs daban la impresión de ser un grupo tan de su momento que costaba imaginar a qué sonarían en 2014.

Y bueno, a 2014 desde luego que no suenan: Do To The Beast es de todo menos contemporáneo, se trata seguramente uno de los discos menos modernos que uno puede escuchar hoy en día sin meterse en alguno de esos guetos musicales donde el tiempo se detuvo cuando pegaron el pelotazo y ya nunca se volvió a mover. Pero eso que para muchos sería una sentencia de muerte a Dulli le vale para moverse con tranquilidad, quitarse la presión de encima y empezar a a buscar aquí y allá qué es lo que realmente le interesa. El resultado es cuando menos curioso: un disco con el viejunismo como pecado original es también sin embargo inquieto, razonablemente osado, incluso por momentos sorprendente. Con esto no contábamos.

El sello de calidad Dulli

Se intuyen pocas ataduras y muy escasos lastres escuchando este asombrosamente fluido Do To The Beast. Puede parecer que ese inicio con ‘Parked Outside‘ parezca obligado por la autoimpuesta obligación que a veces sienten los veteranos de empezar los discos metiendo caña. Pero no lo es, a menos, claro, que nos empeñemos en verlo así: es simplemente el rockero y coherente prólogo de un disco lleno de energía e intensidad que no sabre abrise paso de otra forma que no sea a golpe de riff.

Coros souleros, toques góspel, pianos solemnes, guiños a la americana, ADN rockero… Rick McCollum estará ausente, pero desde luego aquí no faltan argumentos, ni rincones, ni colaboradores: muy al contrario: el viaje que va de ‘Matamoros‘ al primer adelanto ‘Algiers‘ o el que se dirige a la muy oscura ‘Lost in the Woods‘ desde una ‘Royal Cream‘ que va de menos a más es diverso, complejo y lleno de curvas y ahí es donde emerge la figura de Dulli como garantía de estabilidad, como certificado de calidad que asegura que la cosa no se va a salir de madre ni se va a perder en digresiones absurdas. Así hasta firmar en ‘The Lottery‘ uno de los mejores cortes de su carrera, un perfecto resumen de las virtudes de The Afghan Whigs como banda de ahora y de su momento, ése que tal vez en realidad no llegó nunca.

Es complicado que el presente le gane una batalla al pasado, que tiene los mismos elementos que él más los que hemos ido inventándonos nosotros entre tanto. Por eso probablemente costará mirar a Do To The Beast igual que a, pongamos, Congregation, aunque en realidad si los situamos uno junto a otro tampoco aparecen tan diferentes. Quizá se le pueda echar en cara que flojee un poco por el lado por el que The Afghan Whigs nos volvieron a ganar cuando los vimos en directo hace dos años: el de la emoción y la piel de gallina (‘It Kills‘ no es ‘Crazy‘, qué se le va a hacer). Más allá de eso, el único gran problema que se le puede achacar a este disco es el único que no es culpa suya: que no es que nosotros seamos 16 años más viejos, sino que él es 16 años más joven de lo que debería.

7.7/10

A priori no hacía demasiada falta que volvieran The Afghan Whigs, de la misma forma que tampoco hace demasiada falta que vuelvas tú mañana al trabajo: seguro que hay otro que lo hace igual de bien. Pero si deciden hacerlo manteniendo el control de calidad igual de alto que cuando se marcharon, quedan pocos argumentos para oponerse.