Un elefante llamado Mark Pritchard

Repetimos: Mark Prit-chard

Mark Pritchard

Denuncia ante la correspondiente Federación por la Alimentación Sana: aquí tenemos a un elefante extasiado con el macro refresco del Burger Kong; está a punto de reventar, se tira al suelo y se reboza en la grasa del local. No hay posibilidad de explicárselo. Está tan gordo que es posible una explosión al menor descuido. Necesitamos acordonar la zona. Estamos procediendo a evacuarla para que nadie salga dañado. Si la grasa te alcanza es posible que te tumbe. El elefante se llama Mark Pritchard. Repetimos: Mark Prit-chard.

Varón, blanco, 39 años, tiene barbita, un poco pinta de recibir collejas en el insti, con seguro de gafas para ahorrar en la reparación. Al elefante se le cayó el carnet de visita mientras se untaba por cada poro. Es extraño, pone 2010. La dirección nos lleva hasta al sur de Inglaterra, en Taunon. ¿Nos facilitan algo más de información?

Aquí central. El elefante que ustedes ven pasó por Global Communication, Tom Middleton aparece como contacto para corroborar la información, un tal Richard D. James como relacionado. Hablamos de los 90, puede que no recuerde demasiado sin alguna oferta del festi de turno para el revival. Parecían majos, aquí pone no sé qué de Ambient y Downtempo. Dos cifras: 76:14 y un año 1994. No me pregunte qué cojones significa, DI Hardy.

El expediente de su Pritchard tiene múltiples alias. Pruebe a gritarle Harmonic 313, Jedi Knights o Afica HiTech. Puede que sufra transtorno de personalidad.

En delitos, dentro de la última década, se le relaciona con una escena de, leo textualmente, “bajos gordos incendiarios“. Me temo lo peor. Puede que su elefante esté cargando las pilas entre esa grasa. No le tire cacahuetes que lo mismo le molan. Tampoco le tire a su compañero de patrulla. El último que accedió a ello acabó con la voz usurpada por esos bajos que le comento. Se llamaba Steve Spacek y le puede localizar según estos papeles en ‘Turn It On‘ (2007, Sonar Kollektiv).

En 2009 su elefante grasoso aumenta su actividad bajo su nombre. Se vale de otra voz llamada Om’Mas Keith para ‘Wind It Up‘. En los papeles aparece un nombre subrayado varias veces: Hyperdub. Ya lo he visto en otras ocasiones en los peores ambientes, detrás hay un tal Steve Goodman. No le recomiendo que investigue por esa vía, puede acabar bajo la influencia de su palabrería.

El propio elefante, en el mismo 2009, parece que tuvo una recaída de memoria. Veo un símbolo de interrogación y un holograma. Parece como si quisiese a recordar los 90 vividos. Pobre, tanta ingesta de grasa.

Central no culpe al elefante, es la sociedad la que le ha hecho ser así. Ahora se ha desinflado, ya solo yace en el suelo, exhausto. Parece una piedra, no se inmuta, desde aquí somos incapaces a moverle, pesa una tonelada. Lo curioso es que transmite calma, mucha. Dos caras bien opuestas. De la crudeza visceral del inicio, cuando todo avisaba con desmoronarse a esta segunda entrega.

Al final este Mark Pritchard va a ser inofensivo, central, nos retiramos, puede eliminar el retrato robot facilitado por Deep Medi Musik y la alarma activada. Vuelva a 2014, quizá Mark Pritchard haya hecho más gamberradas.

Bajos gordos incendiarios en Hipersónica

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