Sharon Van Etten – Are We There

Cuesta creerlo. Te deja tan perturbado que tardas un buen rato en reaccionar. En asumir la realidad. Te guste más o menos, el disco se ha acabado. Te pasas la vida escuchando a viejos que

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Cuesta creerlo. Te deja tan perturbado que tardas un buen rato en reaccionar. En asumir la realidad. Te guste más o menos, el disco se ha acabado. Te pasas la vida escuchando a viejos que te dicen que la aproveches cuanto puedas. Que después de los 18, los años van pasando a una velocidad que asusta, sin que te dé tiempo a digerir lo que ocurre, casi ni a percatarte, si no te concentras con todas tus fuerzas en lo que estás viviendo. Al final eso del carpe diem es fantástico en teoría, pero llega la vida real y sigues sin pararte a disfrutar de lo bello, de lo regio, de esos pequeños momentos que convierten la rutina en esplendor. Sharon Van Etten se ha ventilado once canciones majestuosas, y casi ni te has dado cuenta. Has ido quemando fases sin percatarte hasta que las risas de Sharon y (la que parece) Mackenzie Scott, a.k.a. Torres, al final de ‘Every Time the Sun Comes Up’ ponen punto y final a Are We There, el cuarto disco de la artista de Brooklyn. Su mejor disco hasta la fecha, y eso ya es bastante decir.

Are We There: el régimen totalitario de Sharon Van Etten

No se adivina techo. No hay tope. Cada nuevo paso es un avance a modo dictatorial para coger el relevo de sus maestros del pop, del folk, del rock. Para mirar a Marissa Nadler a los ojos y decirle que ya está aquí, que ya ha llegado. Para mostrarle a Nick Cave todo lo que de él ha ido aprendiendo mientras lo teloneaba, para ponernos la piel de gallina con esa obra maestra inmensa, con esa ofrenda a la belleza que es ‘Your Love is Killing Me’. Tú sí que nos matas, Sharon, déjanos respirar. O no, no vaya a ser que esa estúpida necesidad de oxígeno nos haga dispersar la atención, mover nuestro punto de interés, nuestra concentración máxima sobre lo que acabas de hacernos llegar. Tú, so bestia parda. Tu brutalidad infinita, tu melancolía que todo lo inunda. La hermosura de un timbre de voz roto, la perfección y el encanto de reconocerse frágil. Pero con esa extraña fragilidad que no debe confundirse nunca con la endeblez. La de Sharon Van Etten es una apuesta consistente, y paso a paso más seria.

Cuando te sientas ante Are We There lo haces con interés. No, con algo más que interés. Diría casi que con ansia. Llevas ya unas semanas sabiendo que ese momento estaba cerca, crecen tus expectativas. Pero también, de la mano, las posibilidades de una caída sonada. ‘Afraid of Nothing’ disipa unas dudas que, de existir, sólo lo harán antes de empezar su escucha. No hace falta nada más que ese primer tema para dejarte conquistar. Para que bajes la guardia y le digas a Sharon Van Etten que vas a donde ella quiera, siempre que sea a su lado. Incluso si opta por un sonido más misterioso, por lo recóndito, por un mundo de tarot y magia negra, en el que ‘Taking Chances’, su primer single, se lo lleva todo de calle. Preparando la avalancha que supone la llegada de ‘Your Love is Killing Me’, sepultándolo todo, despótico, tiránico, absolutista. Una puñetera obra de arte que te rompe en cachitos. Necesitas unos segundos después de que se acabe. Necesitas coger algo de aire, descansar tras quedar exhausto.

Sharon Van Etten desnudándose, desnudándote

En realidad da igual lo que venga después. La cuarta canción de Are We There, tras esa barbaridad que acabamos de escuchar, será la peor del disco. Casi por necesidad. Es por eso que ‘Our Love’ pierde en la comparación. Pero lo hace como lo haría cualquiera: por estar en el momento equivocado en el lugar equivocado. Ahora falta saber si es un “tropiezo” momentáneo o si Sharon Van Etten lo tenía todo concentrado en un principio arrollador, que pierde fuerza y no consigue recuperarse posteriormente. Pero a la mierda esas alarmas que querían saltar, ‘Tarifa’ apaga cualquier mínimo humo de intranquilidad que aparezca en tu interior. Con unas secciones de viento que cobran un protagonismo hasta entonces desconocido en Are We There. Y llega entonces otro de esos momentos mágicos del disco. El momento en el que Sharon Van Etten llora y se desnuda en ‘I Love You But I’m Lost’, una preciosidad enorme.

9.2/10

Y mientras ‘Break Me’ y ‘Nothing Will Change’ se ríen a la cara de aquellos que precisan tirar de relleno, trazando un camino ideal para que Sharon Van Etten se ponga la americana, nos pantalones pitillo, se peine con gomina hacia atrás y adopte unos andares contagiados de narcisismo. Para que juegue, en definitiva, a ser Nick Cave sentado al piano en ‘I Know’. A rasgar la piel, a soltar toda aquella bilis acumulada en el rencor, incluso en el amor, que a veces existe. Muy a nuestro pesar. Se acabó una maravilla de la mano de una ‘Every Time the Sun Comes Up’ que resta dramatismo, que suma pop, luz y ligereza. Uno de mis discos favoritos de lo que va de 2014. Probablemente, el que más. Uno de esos en los que surge la necesidad física de volver a escucharlo pronto. Que crea ese síndrome de dependencia que puede poner tu salud en peligro si intentas desengancharte sin supervisión médica. Temblores, sudores, dolor de articulaciones. ¿Para qué sufrir, con lo fácil que es darle al repeat?