Wovenhand – Refractory Obdurate

El Edwards menos críptico de la última década pero quizás al más sólido.

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Si tuviese que describir a un leguleyo la carrera de David Eugene Edwards incluyendo lo recorrido a la silla de sus dos sementales (Wovenhand y 16 Horsepower) lo sencillo sería optar por narrar una historia de malabares y equilibrios sobre una línea recta trazada como frontera de dos universos que, a pesar de vivir enfrentados, en lo más recóndito se entrelazan e incluso se necesitan el uno al otro.

Podría funcionar, pero este ejercicio, probablemente, pecaría de ser demasiado simplista, de dejar en la nimia representación geométrica alguno de los detalles más importantes a un lado, fuera de la ecuación. La opción menos evidente y más revirada obviaría la historia de los mundos enfrentados (a pesar de que existen) y se centraría en un viaje de no retorno en el que, una vez analizado Refractory Obdurate, todo parece estar muy próximo al punto de partida, casi solapándose en lo esencial con lo que representó en su día Sackcloth ‘n’ Ashes, ubicándose el disco lanzado por Wovenhand este 2014 como un nuevo inicio una vez comprendido que David Eugene Edwards apenas ha cambiado en todo este tiempo, que lo que ha cambiado es lo que hay en sus alforjas.

Ahora bien, ¿qué encontraríamos al interior de los empaques situados sobre la grupa de su montura? Alguno hablaría de experiencias vitales, peroratas y evangelizaciones de carretera. Yo prefiero decantarme por la búsqueda de un sonido definitivo que ya partía de un prisma muy personal a pesar de centrarse en influencias como la de Ian Curtis, Nick Cave o Erick Purkhiser. Me atrevería a afirmar que es posible esa búsqueda haya finalizado, o al menos este Refractory Obdurate así parece afirmarlo.

¿Esto implica que Refractory Obdurate sea el mejor disco de David Eugene Edwards hasta la fecha? Evidentemente no aunque por momentos logra disimularlo muy bien. En cuanto a impacto probablemente el Reverendo jamás volverá a grabar nada tan potente como el debut de 16 Horsepower o Mosaic (firmado por Wovenhand), pero toca reconocer que el paso de no retorno que significa este último álbum (y el cual deja en agua de borrajas a The Laughing Stalk) supone, aparte de regresar a un sonido más directo y menos barroco desafiando el espíritu de lo grabado en 1996, tener al Edwards menos críptico de la última década pero quizás al más sólido, al más eficiente en cuanto a esfuerzos y mejor conocedor del medio en que se mueve.

Esto que probablemente pueda parecer una nimiedad es la clave por la que Refractory Obdurance supera en todos los apartados al álbum anterior de Wovenhand a pesar de que se muestre ante nosotros como un disco menos ambicioso, o dicho de otra manera, menos pretencioso. Mientras en 2012 el Reverendo se perdió en su propia maraña de epístolas y descripciones apocalípticas, lo cual nos devolvió un álbum pesado y denso como una tormenta de arena, este 2014 ha primarizado el viraje Rock que The Laughing Stalk representó, simplificando estructuras, aligerando atmósferas y subiendo la cadencia, lo cual ha refrescado el proyecto y nos ha devuelto al David Eugene Edwards descarado y atrayente de finales de los 90, escupiendo estribillos con la misma facilidad que parte cuellos con los riffs más potentes que ha grabado en toda su carrera.

Quizás la parte más mística e introspectiva del excéntrico vocalista haya sido la perjudicada por esta apuesta por lo primario y lo directo, pero ‘The Refractoty‘, ‘King David‘ y ‘Obdurate Obscura‘ mantienen el tipo ante pepinazos que se aproximan por momentos al Post Punk como ‘Masonic Youth‘ o ‘Hiss‘, los cuales, en lo directo, elevan el nivel del álbum dejándolo, posiblemente, como uno de los más destacados que vamos a poder escuchar este 2014.

8.8/10

Como decía un par de párrafos más arriba, Refractory Obdurate se presenta ante nosotros como la lógica continuación de The Laughing Stalk, más directo, menos catártico pero mucho más sólido. Para algunos significará un gran salto, para mí supone regresar al punto de partida cerrando una circunferencia en que la carga barroca disminuye conforme ha ido aumentando la potencia del riff. Probablemente me equivoque, pero no puedo evitar imaginarme a David Eugene Edwards en este momento sintiéndose como se sentía tras presentar ‘Haw‘, rejuvenecido y sabedor de que tiene una bestia entre sus manos. Veremos si después de esto la historia se repite y nos ofrece un nuevo Low State. Por mí, encantado.

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