Nick Waterhouse – Holly

La garganta y el alma importan más que el color de la piel.

Holly

Medios musicales, la verdad es que no entiendo esa imperante necesidad que os lleva a aclarar el color de la piel de este u otro artista. Hace tres o cuatro décadas, en tiempos en los que utilizar la garganta o tocar la guitarra de una forma u otra era un fiel reflejo de la condición social del músico en cuestión, tenía sentido. Hacerlo ahora, en tiempos de globalización económica y mundialización cultural no solamente es un ejercicio de chovinismo rancio, sino también uno de escepticismo estúpido o de infantilismo auditivo, todo ello dependiendo de la intención del que escribe.

Un ejemplo más de esta realidad es el de Nick Waterhouse, al cual desde multitud de medios se destaca como la nueva esperanza blanca del Soul una vez Eli Reed se ha empeñado en defenestrarse a sí mismo. Sí, Nick Waterhouse es blanco y es de California, pero el color de piel y la procedencia no son más que una de las tantas estadísticas que el autor random incluye en su artículo random, no pasa de ser una simple anécdota en tiempos en los que ya tenemos más que asimilado que el Blues no es negro y que el resto de discusiones al respecto de la pureza no son una manifestación de discriminación positiva sino un ejemplo de ceguera y sordera galopantes.

Dejando miserias a un lado, toca reconocer que la blog-web-esfera de lo que sea lleva razón en alabar a Nick Waterhouse, por mucho que incidan en algo que no pasa de ser insignificante. Influenciado por nombres como Van Morrison o Buddy Holly (no hay más que mirar pintas para darse cuenta de que el título de álbum es mucho más que una casualidad), el de Orange County se apoya en el Soul y el R’N’B más clásico, aquel que se apoyaba en las raíces del Rock’N’Roll y el Blues para construir los primeros himnos de un mundo que posteriormente acabaría desembocando en el mundo del Pop una vez olvidado el swing, el baile con zapatos de charol y las fiestas de fin de curso en los que el beso era la maniobra de distracción para tocar teta.

Este rescate de la esencia de una escena que nunca llegó a existir como tal por la desvirtuación de la Motown y la aproximación al platino y las grandes marcas de los nombres importantes de entonces se distancia claramente de los primeros discos de Eli Reed a pesar de mostrar unas constantes parecidas por su tinte más sobrio y menos metálico y efectista, mediando el mismo respeto por las raíces pero sonando más auténtico y seguro de sí mismo, sin esas ganas de agradar y de vender que ahora desprendemos de todo lo realizado por el de Boston.

Al basar gran parte de las estructuras en la guitarra y en el viento es inevitable acordarse de lo realizado por The Black Keys en sus últimos dos álbumes, también basados en el Blues pero con elementos que ineludiblemente pertenecen al Soul. Ahora bien, Holly se muestra como un disco mucho más natural, ágil y coherente que lo que ha supuesto Turn Blue, un disco en el que se ve claramente que su autor conoce a la perfección las áreas por las que se mueve, sin perderse ni ahogarse en un mar de supuesta experimentación que no es el suyo. Y es que a pesar de que puede resultar paradójico, Holly suena fresco y moderno a pesar de apoyarse en un espíritu puramente retro, reflexivo por momentos pero con un marcado carácter bailable en el que tándem formado por los coros y el viento juegan un papel fundamental opacando al resto de elementos nada más hacer aparición.

Evidentemente este Holly significa continuismo frente al aclamado debut de Nick Waterhouse lanzado hace un par de años, aunque en esta ocasión la producción se ha afinado un tanto, quizás eliminando el espíritu improvisado que tan bien le sentó a Time’s All Gone pero sumando una nitidez y claridad que ha permitido variar estructuras sin patinar ni restar un ápice de la efectividad que caracteriza al californiano aunque se aleje de las estridencias y malabares hechos por otros de los nombres citados en el post.

A pesar de este cierto refinamiento Waterhouse no renuncia en ningún momento a sus orígenes ni a reverenciar a unos de sus mejores amigos en éste su segundo disco. Así sucede en ‘It No.3‘, tema perteneciente a nuestro amigo Ty Segall y el cual aprovecha el californiano para recordarnos sus inicios en el garage a pesar de las apariencias, evidentemente alejado de la distorsión del autor de Slaughterhouse pero entroncando claramente con sus obras menos esquizoides.

7.8/10

Sintetizando, Holly se presenta como una radiografía fidedigna del ambiente anterior a los vigorosos años 60, deudor de la música de masas anterior al desembarco de los Rockstars pero capaz de volver a ponerla en vigor a pesar de no alterar su espíritu primigenio. Quizás pasado el ecuador del álbum se eche en falta que Nick Waterhouse haya corrido algún riesgo, alejándose de tupé y acercándose algo más al afro, pero tras más de media hora bailando los pajaritos intentar poner pegas a un disco como Holly no es que sea injusto, es que es estúpido pues las posibles fallas son insignificantes.

Esas bombas nucleares están cogiendo polvo.