Yann Tiersen – ∞ (Infinity)

Se dice que las apariencias engañan. O que cuando empiezas una frase con un "yo creí que

yann_tiersen_infinity

Se dice que las apariencias engañan. O que cuando empiezas una frase con un “yo creí que…”, mal vamos. En música, ocurre a menudo que algo que esperabas encontrar, finalmente no aparece, y te llevas una sorpresa. En el alma de cada cual estará encontrar si el contenido de la sorpresa en sí es positivo o no. Hay gente especialista en ello, como Yann Tiersen. El francés es un auténtico versado en escoger la solución menos esperable cuando llegas al final de un capítulo de esos libros de Elige tu propia aventura. Cuando todos los que estamos aquí hoy reunidos estamos seguros de que la opción correcta es escoger la puerta derecha, la que nos asegurará una jubilación llena de fruta bien fresca en el atardecer de una isla caribeña, embarcados en nuestro yate privado, va el tío y escoge la de la izquierda. Porque lo fácil nunca ha sido del agrado de Yann Tiersen, e ∞ (Infinity), obviamente, no ha sido una excepción. En una carrera plagada de apuestas arriesgadas, el octavo disco de estudio del que para muchos siempre será aquel compositor de bandas sonoras ha jugado, de nuevo, al despiste.

Yann Tiersen y sus eternos cambios de sentido

Y lo digo por una cuestión muy sencilla. Cuando ‘A Midsummer Evening’, el primer adelanto de ∞ (Infinity), llegó a nuestras vidas, os dijimos que se esperaba un corte pop. Un acercamiento de Yann Tiersen a la escucha fácil y sin demasiado esfuerzo de su nuevo trabajo. Un rato agradable, alejado de las exigencias de antaño. Es cierto que ese no había sido, sin embargo, el camino de aquellos teaser de principios de año. En todo caso, a ∞ (Infinity) lo esperábamos como un álbum dulce y ameno, alejado de aquel camino del indie rock, incluso del post rock que el bretón abrazó cuando el mundo parecía estar a sus pies, cambiando las dulces melodías de piano y violín por unas guitarras mucho más densas y afiladas. Obviamente, perdiendo a innumerables fans por el camino, que suspiraban pensando cuándo volvería este hombre a la senda de la cordura, a tocarme la de Amelie sin estos sobresaltos que últimamente parecían ser inevitables. Una fantástica pérdida de tiempo, esa de lamentarse por lo que fue y ya no es. Y no, ∞ (Infinity) no es, ni de lejos, un disco plano y sencillo.

Como digo, ‘A Midsummer Evening’ tiró del truco del almendruco. Fue un adelanto que, al final, no ha adelantado nada. O quizás fue la trampa que nos indicaba que la puerta de la derecha era la decisión más acertada, cuando la gracia real estaba detrás de la de la izquierda. Una vez conseguimos que ∞ (Infinity) al completo llegue a nuestras manos, desde esos cantos de sirena de la costa bretona, del frío y el viento que refleja la portada y la estética del disco que ya se muestras desde la intro inicial, ‘Infinity’. Y que sigue con la lluvia de fondo con la que da comienzo ‘Slippery Stones’. A tomar viento el pop. Voces entre los chirriantes arreglos de plásticos y metales, entre sonidos densos, de atmósfera cargada y nada acogedora que sin embargo están protagonizados por esos juguetes con los que Yann Tiersen había empezado su carrera. Vuelta a los orígenes por un lugar nada similar a ellos. Seguramente ese sea el espíritu constante de uno de los jefes de la tribu del folk rock, en su apuesta más ambient. Ahora, aunque llegue el single como tercer corte, ya no nos creemos tus mentiras.

∞ (Infinity), las luces entre lo gris

Y, aunque si nos despistamos entre golpes de guitarra, desorden, cielo del norte y oscurantismo, incluso épica, pueda parecer que el folk se va difuminando, perdiendo de vista entre las sinuosas curvas de ∞ (Infinity), lo cierto es que la apuesta es más seria que nunca. Ahí está la historia y letra popular que se nos narra, a modo de susurro, muy cerca del oído, en ‘Ar Mahen Bihan’, utilizando el bretón como vía de comunicación, y reincidiendo en ‘Steinn’. Misma historia, ahora en islandés, cambiando la sensual voz femenina de la primera, la intensidad sonora, por las frías caricias de la segunda, menos galante, más aséptica. Caminos diametralmente distintos para obtener un resultado análogo. Victoria. Entre medias, dos temas fantásticos. La enorme luminosidad de ‘Lights’, valga la redundancia. Título que ni pintado para uno de los cortes más ambiciosos y grandilocuentes de ∞ (Infinity), una preciosidad que levanta el espíritu de cualquier amago depresivo, y que se sostiene en los bellísimos cimientos de ‘Grønjørd’, en un trabajo que atraviesa en esos minutos sus mejores momentos, de largo.

¿Hay que rendirse entonces de forma absoluta a ∞ (Infinity)?. No. En el disco hay momentos que tampoco acaban de aportar gran cosa, como es el caso de ‘In Our Minds’, que seguramente no echaríamos de menos si desapareciese de los 50 minutos del total de ∞ (Infinity). Lo que en realidad pasa es que, en un momento delicado, ése que te prepara para el final y bien puede arruinar las buenas sensaciones que Yann Tiersen se venía trabajando, cuando todo puede venirse abajo, surge un final apoteósico. ‘The Crossing’ resulta sanadora. Tanto en su primera mitad, con un fantástico coro de voces llenando toda tu habitación, como en ese momento en el que el violín de Tiersen se queda apenas sólo. El recuerdo del motivo por el que muchos nos enamoramos del bretón. Por ese final, por el que le prometimos fidelidad, amor en salud y enfermedad, a él y al omnipresente Aidan Moffat, entonando y vistiendo los crescendos de ‘Meteorites’, en un último corte, de nuevo, de notabilísima factura. Un disco para degustar a pequeños bocados, disfrutando de lo escandalosamente bello que puede ser todo. Aunque todo sea, después, una mierda.

7.3/10

Yann Tiersen nos ha engañado. Pasa a menudo, pero es que con él ese ‘a menudo’ se convierte en un ‘casi siempre’. Nos lanza un adelanto que invita a pensar en un trabajo tranquilo, agradabe y en su vertiente más pop, pero al final las inquietudes del bretón le pueden. ∞ (Infinity) es un nuevo trabajo fantástico, que vuelve a aquellas raíces de los pianos de juguete, de los xilófonos para niños hechos fantasía. Un disco encantador, lleno de intensidad, nervio y emoción.