Big Black, los últimos románticos

No dejes que sus gafas de pardillo y su constitución enclenque te lleven a equívoco: Steve Albini es uno de los tíos más duros que te puedes echar a la cara.

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No dejes que sus gafas de pardillo y su constitución enclenque te lleven a equívoco: Steve Albini es uno de los tíos más duros que te puedes echar a la cara (o en este caso, al oído). Además de ser un productor extremadamente prolífico y sobre cuyos resultados podríamos escribir decenas de artículos, su carrera como músico es de esas capaces de despertar con fuerza algo dentro del pecho (o de los pantalones) del oyente proclive al puñetazo sonoro por sistema.

Aunque su proyecto más conocido es Shellac, agrupación que mantiene activa desde 1992, las raíces de su obra se adentran profundamente en los 80 gracias a Big Black, su primera gran ocupación a tiempo completo. El de Pasadena empezó ya a mostrar aquí muchos de los tics que se irían convirtiendo en las grandes manías que han definido su carrera: negación sistemática de las convenciones de la industria musical, provocación deliberada en las letras, abrasión acústica sobre todas las cosas y un firme dedo corazón levantado a todo el que pretenda decirle cuál es la forma correcta de hacer las cosas. Especialmente cuando sabe que las está haciendo mal.

Fundó Big Black en sus años de estudiante buscando dar salida a toda la bilis que su afición al punk y su desafección por todo lo demás le provocaba, y viendo que no encontraba músicos con el carácter suficiente para dar rienda suelta a sus ideas, se alió con una Roland TR-606, consciente de que ella no iba a fallar ni un golpe, y él solo grabó de la forma más artesanal posible un primer EP titulado Lungs en su propio cuarto. Su distribución se produjo en 1982 a través de un pequeño sello llamado Ruthless Records, en una tirada limitada de 1.500 copias que venían acompañadas de “merchandising” como trozos de papel ensangrentados, condones, entradas para conciertos o estampas de Bruce Lee.

La fiesta del martillo

Ese primer EP no fue ninguna maravilla, para qué nos vamos a engañar, pero le sirvió para desfogarse un poco antes de conocer a Jeff Pezzati y Santiago Durango, ambos miembros de Naked Raygun, quienes se unieron a su causa imposible haciéndose cargo del bajo y la guitarra respectivamente. Más importante aún, los nuevos miembros del proyecto aportaron algo de conocimiento y experiencia para lograr que las ideas en bruto de Albini pudieran cristalizar en resultados más adecuados para el oyente final. El proyecto adquirió así algo de viabilidad, aunque no penséis por ello que el ideario que había dado lugar a Big Black fue domesticado:

“Para nosotros no significaba nada ser populares o no, o si vendíamos millones de discos o ninguno, siempre y cuando fuéramos invulnerables a las tácticas de las comadrejas de la escena musical buscando que cometiéramos errores bajo la promesa del éxito. Para nosotros, cada momento que resistimos libres de grilletes y control fue un éxito. Nunca tuvimos un manager. Nunca tuvimos un agente de contratación. Nunca tuvimos un abogado. Nunca tomamos un adelanto de una compañía discográfica. Nosotros alquilamos nuestras propias giras, pagamos nuestras facturas, cometimos nuestros errores y nunca tuvimos a nadie que nos protegiera de la verdad o de las consecuencias. Los resultados de esa metodología hablan por sí mismos: nadie nos dijo nunca lo que debíamos hacer y nadie tocó nuestro dinero.”

Ya establecidos como grupo, la banda empezó a ganarse su reputación en directo gracias a una puesta en escena dominada por la agresividad y a unas letras que no dudaban en tratar con cualquier cosa lejos del tacto temas como el consumo de drogas, el abuso de menores, el asesinato o el racismo. También aprovecharon este periodo para publicar sus dos primeros EPs como formación completa: Bulldozer en 1983 y Racer-X en 1984, ambos distribuidos después junto al ya mencionado Lungs en la recopilación The Hammer Party, esencial para entender los comienzos en la música de Albini.

Ardiendo como el queroseno

A pesar de ser ferviente seguidor de varios grupos punk de la época, Albini consideraba que dicho género y otros como el heavy estaban faltos de intensidad, así que su objetivo fue precisamente llevar la música a un nuevo nivel de brutalidad. La caja de ritmos que sería una constante en la banda, y que serviría de anticipo para el modus operandi del rock industrial, sería solo uno de sus numerosos puntos distintivos. El apaño que ingenió con clips para dar ese particular sonido metálico al golpear las cuerdas de su guitarra con la púa fue otro elemento diferenciador de su salvaje sonido.

Tras el lanzamiento de Racer-X, Pezzati decidió abandonar el grupo para centrarse en Naked Raygun y su puesto como bajista lo heredó Dave Riley, junto a quien procedieron a grabar el primer larga duración de la banda: Atomizer. Este trabajo se puso a la venta en 1986 para convertirse en un momento absolutamente esencial en el rock de la década. Lejos de suavizar sus maneras con el paso de los años, el debut sacó a relucir la vena más agresiva y rotunda de la banda, convencida ya por fin de que su propuesta no entendía de límites.

En dicho álbum encontramos canciones imprescindible para cualquier amante del rock ruidoso como ‘Kerosene’, ‘Jordan, Minessota’ o ‘Bazzoka Joe’, que retratan sin ningún pelo en la lengua la cara más fea y amarga de la América profunda a través de la vida y la obra de diversos psicópatas. Como es de esperar, la polémica entre determinados sectores no tardó en producirse, pero no penséis que Albini se vio especialmente afectado por ello o se sintió inclinado a pedir disculpas:

“Si alguien piensa que excedimos el terreno de la decencia lírica, o que el público tiene algún derecho a exigir ‘responsabilidad social’ de una maldita banda de punk rock, es un verdadero imbécil y debería venir a pasar su lengua por mi culo. Lo que cantamos no es de tu incumbencia.”

Canciones sobre el amor

Al triunfo creativo que fue Atomizer (porque de otra forma no se puede definir) le siguió en 1987 un EP titulado Headache que mostraba en portada la cabeza abierta de una persona que se había suicidado por un disparo de escopeta, imagen que pronto fue sustituida por un dibujo más apto para cualquier estómago. Para terminar de disuadir a los que quisieran probar suerte con él, una pegatina en la caja aseguraba que “no es tan bueno como Atomizer, así que no os emocionéis”.

A pesar de sus deliberados intentos por repeler al personal, la popularidad de Big Black iba en aumento al mismo tiempo que los problemas con el alcohol de Riley empezaban a afectar al grupo. La decisión de Durango de empezar a estudiar Derecho fue la puntilla para el trío, que acordó su disolución en su momento de mayor éxito, poniendo fin a su corta pero intensa existencia con una triunfal gira de despedida y un segundo álbum también para enmarcar: Songs About Fucking.

Albini se mostró tremendamente satisfecho con el resultado de este trabajo, no es para menos, y a pesar de su notable acogida, decidieron seguir adelante con su idea de poner punto y final a la formación. A fin de cuentas, como él mismo ha expresado en numerosas ocasiones, el objetivo de Big Black no era el éxito y la fama, así que una vez que consideraron cumplida su tarea en este mundo, lo más consecuente era tomar cada uno su camino sin mirar atrás.

“Ahora estoy bastante feliz de que lo dejáramos. Las cosas se estaban volviendo demasiado grandes e incontrolables. Durante el camino quisimos mantener el control sobre todo, por lo que no ocurría nada que no quisiéramos. Al alcanzar la escala internacional y toda la mierda ‘multi-formato/multi-territorio’, eso se volvía difícil de conseguir. Prefiero haber cortado antes de que se convirtiera en otro burdo espectáculo rock.”

Steve Albini en Hipersónica

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