Opeth – Watershed (2008): todo lo que fuiste y todo lo que quisiste ser

En 2008 Opeth comenzaban su descenso hacia el prog, Watershed, la primera parada

Cuando Watershed salió a la venta en el año 2008, la banda venía ya tiempo sufriendo las críticas desde diversos frentes de seguidores: el arrebato progresivo de Damnation no fue entendido por las mentes más cerradas, pero las quejas fueron aún más peregrinas en lo referente a Ghost Reveries, donde hubo quien osó acusar a los suecos de vendidos por fichar por un sello de gran volumen como Roadrunner Records.

El caso era quejarse, imagino, porque lo único cierto llegado a ese punto era que, tras dieciocho años de carrera y ocho discos ya publicados, la banda liderada por Mikael Åkerfeldt seguía ofreciendo un altísimo nivel en todo lo que ofrecía al respetable. Su noveno larga duración no fue una excepción, aun a pesar de que el contexto en que éste se puso a la venta podría haber afectado de manera comprensible los resultados. Ya os digo yo que no fue así, pues estamos ante otra sobresaliente muesca en la culata de su rifle.

Cambiar todo sin cambiar nada

Per Wiberg como miembro a tiempo completo en los teclados demostró ser un inapelable acierto, pero la papeleta se hizo más complicada cuando Martin Lopez primero por problemas de salud y Peter Lindgren después por falta de conexión con el proyecto decidieron abandonar el barco. Se marchaban así dos pilares fundamentales de la formación, dejando a Åkerfeldt como el único miembro original que aún permanecía en la alineación.

Los elegidos para heredar dos puestos de tanta relevancia como la guitarra y la batería fueron Fredrik Åkesson, hasta entonces un soldado de fortuna que había rasgado las cuerdas para grupos como Arch Enemy, Talisman o Tiamat, y Martin Axenrot, quien ya había coincidido previamente con Åkerfeldt al hacerse cargo de las baquetas para Bloodbath. Uno de los grandes triunfos de este trabajo fue precisamente que tanto relevo en el seno del grupo no tuvo incidencia alguna en su sonido, que siguió de forma perfectamente fluida el camino marcado hasta entonces.

Si la carrera de la formación de Estocolmo es una balanza en la que un brazo sirve para pesar el componente death y el otro el progresivo, es obvio que ésta quedó perfectamente equilibrada con la dupla formada por Deliverance (el arrojo) y Damnation (la contemplación), y aún consiguió mantener una cierta estabilidad con Ghost Reveries; no obstante un vistazo general a Watershed anticipa lo que más tarde sería una evidencia en Heritage: la balanza empezaba a caer ya claramente del lado melódico.

La carga es pesada

“Me he divertido más trabajando en este disco que en ninguno de los anteriores. Siempre he visto el proceso de grabación de un álbum como una sucesión de problemas durante uno o dos meses. Éste resultó divertido e interesante. Hasta podría decir que lo disfruté.”

Estas declaraciones del vocalista y cerebro creativo de la banda son otra buena muestra del cambio de ciclo que este trabajo representa. Tampoco vamos a calificar Watershed como un disco alegre o brillante (ni los Opeth más recientes podrían definirse de esa manera), pero no cabe duda de que es un trabajo definitivamente más enérgico que sus antecesores, especialmente en unas partes melódicas que ya no vienen tan cargadas de melancolía nórdica y oscuridad impenetrable.

La singular ‘Coil’ que abre el álbum es una buena muestra de ello, diferenciándose de cualquier otra pieza de su discografía gracias a la aportación estelar de Nathalie Lorichs, la pareja de Axenrot, junto a la cual por momentos nos recuerdan a los cortes de Anathema donde Lee Douglas se encarga de las voces. El contraste con la faceta más agresiva de la banda no se hace esperar, pues tanto ‘Heir Apparent’ como ‘The Lotus Eater’ nos recuerdan que Opeth aún no han dejado de ser una banda de metal.

En cualquier caso, dichas canciones cuentan con amplios pasajes progresivos que, esta vez más que nunca, se adentran en las influencias setenteras del grupo, como así demuestra el espectacular teclado de ‘The Lotus Eater’. Tras un nuevo arranque indiscutiblemente rockero como es ‘Burden’, en la que optan por tirar de épica, los tres cortes que cierran el álbum vuelven a apostar por el equilibro entre death y melódicos, en ‘Porcelain Heart’ y ‘Hex Omega’ con varios cambios de registro y en ‘Hessian Peel’ con una clara división de la pieza en dos mitades opuestas y sin embargo perfectamente emparejadas.

El éxito no es menos merecido por llegar tarde

“Es muy, muy diverso, e incluye un montón de cosas que no habíamos hecho antes. Hay varios momentos amor/odio. Creo que algunas personas pensarán que es un auténtica mierda, pero es realmente interesante. No será un disco aburrido, digámoslo así.”

Desconozco si alguien su sano juicio considerará Watershed una “auténtica mierda” como Åkerfeldt sugería, poniéndose la venda antes de la herida, pero de existir, no ha salido mucho de su cueva para hacer ruido. Dos discos después, ya queda claro que estamos ante el último álbum a la antigua usanza de Opeth, en el cual aún tenía cabida el death metal más técnico, pero cediendo inevitablemente terreno a los elementos de folk y de rock progresivo que pasarían a ser las notas dominantes en Heritage y Pale Communion.

Los diferentes instrumentos se grabaron a medio camino entre dos estudios, lo cual hizo que el líder de la formación admitiera haber perdido algo del control sobre la producción sonora, que compartió con Jens Bogren. A pesar de ello, los resultados fueron absolutamente impecables en este sentido, con una de las entregas técnicamente más equilibradas de los escandinavos hasta la fecha y en la que todo suena como debe de sonar.

Este noveno capítulo en su carrera discográfica alcanzó los mejores resultados comerciales de sus dos primeras décadas en activo, especialmente en el mercado americano, que había sido relativamente reacio a la propuesta hasta la fecha. Allí alcanzó el puesto número 23 en las listas de éxitos, sumándose a la excelente acogida que por descontado tuvo en los territorios donde sí habían conseguido brillar anteriormente.

8,8/10

Nos acercamos ya al final de nuestro repaso a la discografía de Opeth con el que, salvo sorpresa mayúscula, quedará para el recuerdo como el último disco de la banda sueca en el que el death metal aún tuvo cabida. Es sin duda uno de sus trabajos más equilibrados, donde los diferentes rasgos que forman el pasado y el presente de la formación se asocian de la manera más armónica, e incluso podríamos hablar de él como un punto accesible para quien decida ir dando los primeros pasos en su obra. Sin duda, otro triunfo más en su colección.

Especial Opeth en Hipersónica

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