Sleater-Kinney – No Cities To Love

Consumando un digno regreso.

No-Cities-to-Love

No me decía nada especial la vuelta al redil de Sleater-Kinney. Supongo que será que ya estamos acostumbrados a la vuelta de clásicos que regresan al panorama para sacarse unos cuartos y de paso mostrar que ya no tienen nada que aportar. Con ellas pensé lo mismo, pero afortunadamente su octavo disco, No Cities To Love (Sub Pop, 2015), no es uno de esos álbumes intrascendentes de los que pasan sin pena ni gloria. Diez años después de su último lanzamiento, The Woods (Sub Pop, 2005), una dignísima despedida, el conjunto de Olympia imparte clases de cómo no perder el fuelle.

De todo el sopapo al mundo del underground que la ola de riot grrrls quisieron dar (y que no solo se quedó en lo musical, sino en varios apartados DIY), Sleater-Kinney no fueron quizá la formación más importante -ese papel se lo dejaremos a Bikini Kill y a Kathleen Hanna-, pero sí la más talentosa. La inmediatez y el nervio de sus (buenísimos) primeros discos así lo avalan. Y es cierto que el grupo ya no rezuma el desparpajo que en 1995, pero es lógico. Y lo es por una cuestión meramente biológica. Justo veinte años después del debut, no puedes componer el mismo tipo de canciones, seguramente tu contexto tampoco sea el mismo. Pero tampoco importa mucho, lo que le pedimos a estos clásicos en su vuelta es un poco de dignidad, y Sleater-Kinney lo superan con creces.

También es cierto que ninguna de las tres ha estado parada; Corin Tucker ha estado participando en diversos proyectos en años anteriores, mientras que Janet Weiss y Carrie Brownstein han estado en Wild Flag (formado por otras componentes de bandas hegemonizadas por mujeres). Haya sido la alineación de los astros, o la necesidad de volver a tocar juntas, ya no son la furia punk de antaño, pero siguen en una órbita de indie rock veterano de la que pueden dar bastantes clases. Y No Cities To Love es una buena muestra.

No intentan emular pasajes musicales que ya pasaron -alguna de las trampas en las que han caído algunos clásicos que han vuelto al ruedo-, lo cual podría dejarles en evidencia. Así que han hecho lo más sensato, un álbum en sintonía con The Woods, cortado por los mismos patrones. Más cercano al indie rock tradicional que a la urgencia punk de sus canciones de antaño. A pesar de ello, aún se aprecia el peso vocal de Corin Tucker y un buen puñado de riffs y punteos que después de estar diez años paradas, siguen funcionando, precisamente por esa experiencia. Y por supuesto porque tenían algo que ofrecer, si no, podrían haberse quedado tan cómodas en los otros proyectos paralelos y no volver.

Diez años que no les han pasado factura

Aunque hay canciones más conservadoras en el disco como ‘Fangless‘, inmediatamente te encuentras otras más vertiginosas como ‘Surface Envy‘, que a pesar de ser buenas, están lejos de su mejor repertorio. Pero juzgando el contexto en el que se encuentran, dos décadas después de su época dorada, temas tan vibrantes como el que da nombre al disco, tan propios de un grupo fresco que viene con ganas de dar que hablar, te hacen olvidarte de ese pasado. El momento es aquí, es ahora. Y en este eje espacio-temporal en el que hemos coincidido, Sleater-Kinney son capaces de ofrecer alguna de las piezas más inspirada de sus últimos discos, ‘Bury Our Friends‘: filigranas guitarrísticas, pequeños detalles en segunda la segunda línea y un papel trascendental para el bajo.

Letras que hablan de nostalgia, de amor o de la mediocridad de la fama. Pero sobe todo, hay pinceladas a la situación política (sin ser sospechosas de arribismo). Tratan, de forma más o menos explícita dependiendo del corte, temas como la nefasta situación laboral de hoy día, sin perder la oportunidad de enviar mensajes de cierta esperanza -tan de actualidad ahora con el tema griego- en temas como ‘Surface Envy’, haciendo énfasis en la única opción de sortear a tanto hijoputa suelto; hacerlo desde lo colectivo: Sólo juntos podemos romper las reglas / Sólo juntos hacemos las reglas.

We love our bargains,
we love the prices so low
The good job’s gone,
it’s gonna be rough

7.4/10

En resumen, el trío de Olympia ha consumado un más que digno regreso -lo que más inquieta cuando uno se entera que algún clásico vuelve-, conocedoras de sus limitaciones y de sus virtudes. Habrán perdido la inmediatez y sus arrebatos punk de cuando eran jóvenes, pero se han amoldado a su nueva realidad notablemente. No, ya no tendremos momentos de rabia, pero sí buenas clases de indie rock para los más jóvenes. Y en no pocas ocasiones transmitiendo con muy buenas vibraciones mensajes valiosos para nuestro tiempo. La suya ha sido una evolución sonora inteligente.

Me gusta el chunda-chunda.

  • Fran Nerín

    bueno, Bueno, BUEEEEEEEEEEEENO, estoy de acuerdo pero sigue siendo un 10.

    • Bueno, tampoco nos pasemos eh, que no son Ty Segall 😛

      • Saludos…

        Ni falta que hace, carallo… 😛

        Nos vemos.

  • Manu Boado Martín

    Totalmente de acuerdo en todo lo que dices, pero aún así se me queda algo corta la nota. El vídeo de No Cities To Love con famosetes cantando está gracioso también.

  • black_gallego

    Muy bien todo.

    • Fran Nerín

      pues ok

  • Saludos…

    A mi también me ha sorprendido este regreso inesperado. Mucho mejor de lo que me imaginaba. El disco suena ágil y vibrante al usar temas más cortos y al grano, aunque echo de menos algo de aquella locura instrumental o vocal. El tiempo amansa a las fieras. Me alegra que sigan bastante en forma después de tantos años.

    Nos vemos.

    • Está claro que el factor tiempo siempre estará ahí. No se les puede pedir un álbum igual que los de hace 15 ó 20 años. Lo mismo que a Pixies o Weezer. A estos últimos les pedimos que entreguen los instrumentos xD

  • fredderes

    Pues yo llegué al disco por casualidad sin tener ni idea de quienes eran y buah, sorpresón. Pero es que al ponerme a investigar me caí para atrás, joder, tiempo me falta para echarle un oido a lo anterior.

    • Lo importante es llegar. Si tienes que filtrar, empieza a escuchar por el debut. Los primeros son los mejores.

      • fredderes

        Nada mejor que una buena recomendación de buena mañana.