St. Paul & The Broken Bones, lo que se aprende en la iglesia se queda sobre el escenario

El olor a incienso pega fuerte.

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El mejor marketing no está en las siglas de los cuatro ceros por master, con amiguismo y redes que fagocitan ese supuesto prestigio. Los verdaderos gurús están sobre los púlpitos, predicando su palabra divina con una devoción tan pasional que milenios más tarde sigue resistiendo modas y tradiciones. Ellos dicen ver algo, un concepto que luego transmiten a sus fieles con un ahínco contagioso. En un momento dado esa palabra se convirtió en canto y algunos afortunados lograron entender la técnica en la venta de la idea para transmitirla a su música.

A Paul Janeway le llegó la devoción de joven, a los 10 años ya sabía que quería ser pastor y por tanto se fue educando para ello, aunque su contacto con el mensaje divino ya venía desde los cuatro años, cuando hizo su primer solo en la iglesia con ‘He’s Got the Whole World in His Hands’. Hasta los 18 años la meta vital de Janeway seguía siendo la misma: predicar la palabra que había aprendido en las iglesias de Alabama, por más que en aquel momento no le dejasen cantar como a él le hubiese gustado, libre y como primera voz, sino que se quedaba en un segundo lugar, haciendo los coros.

A sus 28 años el estadounidense había cambiado la palabra divina por la palabra de la contabilidad bancaria, que también posee grandes enseñanzas para la vida, pero al empezar a despuntar con sus Broken Bones rescató las lecciones aprendidas en la iglesia y las trasladó al escenario, como el pasado jueves 16 nos demostró en el madrileña Teatro Barceló.

El pastor de Paul Janeway no solo le motivó a aprender a tocar la guitarra sino también a tomar prestados los giros y trucos con los que conquistar al público a través de su mensaje. Aquellos movimientos que hemos ido viendo fuera de la iglesia y que James Brown supo rentabilizar mejor que nadie en los primeros años están en la figura de Janeway a la hora de interpretar en directo las canciones de su debut Half the City (2014, Single Lock).

La energía de la montaña rusa, la sobreactuación midiendo los tiempos de las canciones y la cercanía con el público entre paseos, bromas y juegos vocales con los que crear tensión al mensaje cantado. Janeway emociona en las baladas con un timbre limpio y dulce, de yerno perfecto, para luego rasgarse la voz y sacar la parte canalla que tendrá su contrapunto en unos altos de vértigo. Con él no hay una linealidad aburrida.

El Soul de St. Paul & The Broken Bones rescata al Gospel con el que creció su cantante y lo traslada al presente a través de sus dos admirados Sam Cooke y Otis Redding, a quien incluso versiona durante tres veces durante el repertorio en ‘Down in the Valley’, ‘I’ve Been Loving You Too Long’ y ‘Try a Little Tenderness’, con la cual cerró. El ‘Shake’ de Cooke tampoco faltó a la fiesta. Por aparecer, lo hizo hasta David Bowie con ‘Moonage Daydream’. Con un solo álbum el grupo ofreció un concierto de 20 temas.

Por el momento la joven banda promete. Lo hacen en estudio junto a Ben Tanner como productor, facturando el mejor álbum de Soul de 2014, y lo logran transmitir en directo con naturalidad. Notable la participación del trombón de Ben Griner a la hora de dar más vida al conjunto, apoyado en la trompeta de Allen Branstetter, que funcionan muy bien para liberar el ritmo de la guitarra de Browan Lollar y el bajo de Jesse Phillips, cuyos graves más fuertes por momento rompían la unión de los músicos, pero no se arreglaron en la sala. Ojalá que St. Paul & The Broken Bones puedan seguir creciendo y encontrando un sonido personal dentro del Soul, sin necesidad de irse a otros ámbitos más fríos. La palabra saben cómo transmitirla.

  • Que suerte poder disfrutar el directo de este grupo. Me contentaré con el youtube.