A Henry Rollins le encanta el peso de las mentiras

Lo que ocurrió después de Black Flag.

Henry Rollins

Hay muchas cosas por las que dar gracias a Black Flag, indiscutiblemente una de las bandas más importantes del rock, sobre todo en la década de los ochenta. Una de esas cosas es dar altavoz a Henry Rollins, uno de los frontman con más personalidad y con mayor sensatez que ha habido en la música. Hombre de ideas claras y con una inquietud artística enorme, no sólo musical ya que le hemos visto también de locutor de radio, escritor de libros y actuando en diversas películas y series de televisión.

Su legado con Black Flag está fuera de toda duda con varias de las obras más brillantes del hardcore punk estadounidense. No obstante, hoy no nos centramos en ello, sino en lo que llegó después de su etapa con la banda californiana, cuando reclutó al guitarrista Chris Haskett, al bajista Bernie Wandel y al batería Mick Green y formó su propia banda con casinos y furcias. Esta formación sólo llegaría a firmar dos discos, ninguno para la que posteriormente sería la Rollins Band, y para el disco en el que hoy me quería centrar únicamente figuran el propio Rollins y Chris Haskett.

Weight, el Henry Rollins más cabreado y explosivo

Además del propio Haskett, en los primeros pasos de la banda estarían también Sim Cain para la batería y Andrew Weiss como bajista. Tras la marcha de este último, Rollins fichó a Melvin Gibbs a recomendación de Vernon Reid (Living Colour), dando al sonido un toque más funky y con mayor influencia del jazz fusion por el que Henry ya había mostrado cierto interés. La mejor muestra de lo amplio que llegó a ser su sonido fue en el que es considerado como uno de los mejores y más queridos discos del grupo, el primero que esta formación grabó.

La mejor muestra de lo amplio que llegó a ser el sonido de Rollins Band fue en Weight

Weight (Imago, 1994) alcanzó cierto grado de popularidad con algunos de sus grandes hits, difundidos por programas como el de Beavis and Butt-head y sus vídeos tuvieron su hueco en la parrilla de MTV. Algo bastante meritorio, teniendo en cuenta que Rollins y compañía no ofrecían un sonido mínimamente comercial, aun a pesar de la ruptura de mercado por parte del underground propiciada por el petardazo de Nirvana dos años antes.

El estilo de Rollins Band no dista en demasía del espíritu grunge que por aquel entonces vivía un buen momento aunque se acercaba peligrosamente a su punto crítico. Punk, Funk y mucho metal pesado y sucio son los ingredientes bien mezcladitos y cocinados con rabia que dan forma a un disco explosivo y potente. Ciertamente podríamos hablar en estos de unos Faith No More sin un cantante tan excelso en cuanto a técnica pero con mucho Sludge Metal en vena (cabe recordar que Rollins ya fue uno de los padres espirituales de dicho subgénero mientras militaba en Black Flag). ‘Disconect’ es un tema de apertura abrasivo, intenso y lleno de energía que te explota en la cara, justificando plenamente porque es uno de los hits del disco. No menos fuerza presenta ‘Fool’, pero sí más libertad y anarquía, muestra del amor de Rollins por el jazz. Más tarde deja liberar toda la furia con la crítica letra de ‘Civilized’, con un poderoso riff fluyendo de inicio a fin mientras el cantante escupe contra nosotros.

Punk, Funk y mucho metal pesado y sucio son los ingredientes bien mezcladitos y cocinados con rabia que dan forma a un disco explosivo y potente

Pero si un tema ha logrado trascender este disco o incluso la trayectoria de Rollins Band, ese ha sido ‘Liar’ y motivos no le faltan. Esa calma tensa, oscura por el spoken word por el que Henry siempre mostró querencia que precede a un estribillo que es pura dinamita, capaz de volar nuestras cabezas o simplemente que las meneemos de arriba a abajo al son del riff. Un brillante diamante en un disco no exento de joyas como una ‘Volume 4’ que es pura entropía destructiva, la potentorra ‘Wrong Man’ o el funky y directo ‘Shine’.

8.3/10

Nunca conviene olvidar la importancia de Henry Rollins, por eso este aleatorio repaso de un disco donde mostró su fuerza y su cabreo como en pocas ocasiones. Weight no sólo es uno de los discos más destacados de su carrera, sino también un poderoso reflejo de su energía, de su enorme actitud y de unas amplias inquietudes artísticas que la banda que le dio a conocer no podía explotar en su plenitud. Un disco al que siempre merece la pena volver por su enorme calidad y por la adrenalina que libera en toda nuestra cara.

  • Melmoth

    Y no habría que olvidar la increíble versión, cafre como ella sola, del Ghostrider de Suicide para la banda sonora de El Cuervo!

  • Alberto Miquelez

    La primera vez que a vi a Rollins fue con ese video de Liar, que ponian bastante en la MTV de los 90 (nada que ver con la de ahora). La verdad es que el impacto era inmediato, y al instante te quedabas con el tema, que destacaba incluso en aquella epoca, en la que no habia precisamente escasez de grandes grupos