Lucille ya no gemirá pero ‘Sweet Little Angel’ pervivirá

El blues pierde a uno de sus pilares.

BB-King

Hoy Lucille llora, hoy gime, pero no como habitualmente hacía desde hace más de medio siglo, siendo manoseada por su gran amor, dejando que sus cuerdas sean cuidadosamente e impecablemente manipuladas por unos dedos ágiles y carisoños. Cada noche en los que su amante le agarra e inicia su técnica, Lucille está totalmente a su merced y ella sólo puede soltar gemidos de placer que los amplificadores convierten en magníficos sonidos, para deleite de los espectadores. Lo que para ellos son punteos, riffs o solos, para ella son orgasmos. Pero hoy no gime de esa manera, ahora gime como todos nosotros, de dolor, de pena, de pérdida. Llora por su amante, aquel que arriesgó su vida en ese incendio allá por 1949 en Arkansas para salvarle la vida, aquel que para nosotros era todo un icono como poco. Hoy, Lucille llora porque B.B. King nos ha dicho adiós.

No era la mejor manera de empezar el día, desde luego que no. Su corazón ya dio algunos avisos de alerta días antes, pero hoy ha sido el día que no ha querido latir más, poniendo fin a una larga carrera llena de brillantes piezas y de soberbio blues. Sin embargo, B. B. King terminó cumpliendo su máxima de no jubilarse hasta que su creador le dijera que ya era hora de subir para arriba, probando su determinación y obstinación. Tu viernes ya se ha tornado negro y tú lo único que quieres es poner el reproductor en marcha y ponerte esa joyaza llamada Live at the Regal (ABC, 1965).

Mientras se van sucediendo las finísimas piezas bien seleccionas y tremendamente interpretadas por King lo que te invade no es pena, no es tristeza, es satisfacción, es puro disfrute desde ‘Every Day I Have The Blues’ hasta ‘Help The Poor’. Es tener ante ti belleza y garra en estado puro, un despliegue de maestría de los que hacen que uno ame de manera tan irremediable la música. Entonces te das cuenta de todo lo grande que fue este músico, de como esta exhibición tan sublime se convirtió en la razón para que tantísimos guitarristas de todo el globo terráqueo, de todas las razas, se dieran a la vida de tocar las seis cuerdas, de una manera directa o indirecta King les impulsó a convertir en ese su sueño.

Hoy Lucille llorará por la frustración y la desesperación de no tener nunca más a su amado haciéndola gemir como sólo él sabía cómo hacerlo. Ya no gemirá nunca más de esa manera. Pero puede consolarse con lo siguiente: Mientras siga existiendo un Eric Clapton, un John Mayall, un Joe Bonamassa o un Jared James Nichols que hagan estremecerse a otras guitarras del mundo, el legado de B. B. King nunca morirá. Mientras sigamos escuchando ‘Sweet Little Angel’, ‘You Upset Me Baby’ o ‘Worry Worry’, su leyenda y su espíritu pervivirán con nosotros.

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  • Los pelos de punta con lo de que no dejaría de tocar hasta que se lo llevase su creador. Allá dónde esté, que descanse en paz.

  • Saludos…

    Lucille nunca volverá a sonar igual. Su alma se fue con B.B. King. Descansen en paz ambos.

    Nos vemos.