Peter Broderick – Colours of the Night

No resulta sencillo saber exactamente dónde estás. Despiertas en medio de la noche y tardas unos segundos en orientarte, si es que llegas a hacerlo del todo. No estás sudoroso, ni sobresaltado, ni sientes que

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No resulta sencillo saber exactamente dónde estás. Despiertas en medio de la noche y tardas unos segundos en orientarte, si es que llegas a hacerlo del todo. No estás sudoroso, ni sobresaltado, ni sientes que el corazón se te vaya a salir del pecho. En realidad, ni siquiera estás seguro de que estuvieses dormido hace unos segundos, y no yaces en una cama. Simplemente, ante tus ojos, se muestra una fascinante estampa de cientos de matices grises que completan la escala de tonos entre el blanco y el negro. Ante ti, un mar con tendencia a la calma y una enorme roca al fondo, sin que te quede claro si es que estás navegando y vas a llegar a tierra o, más bien, a empotrarte contra un iceberg. Todo parece insulso en cuanto a lo cromático, salvo por una extraña luna menguante multicolor que se eleva, presidiendo un cielo que apenas la refleja.

Colors of the Night: el enésimo ejemplo del buen gusto

La sencillez, con mínimos matices coloristas, es lo que ha llevado a Peter Broderick a construir una carrera sólida y que va camino de convertirse en envidiable. Ganándose casi más la vida como músico de acompañamiento de artistas tan variopintos como M. Ward, Efterklang o Zooey Deschanel, el de Portland lanzaba el mes pasado Colours of the Night (Bella Union, 2015). Su carrera es tan extraordinariamente prolífica que resultaría complicado hablar del número que ocupa este disco en su discografía, contando los proyectos de los que forma parte. Pero todos tienen en común, como elemento estándar, la enorme calidad de su pop delicado. De folk con melodías perfectamente cuidadas, a pesar de que Colours of the Night sea uno de los proyectos menos instrumentales de Broderick.

Colours of the night presenta un menú tan variado como la escala de grises de su fantástica portada. Desde los delicados arpegios de guitarra que abren el disco de la mano de ‘Red Earth’ con ese juego voz masculina-voz femenina que en este caso tanto me ha recordado a Low, Peter Broderick va construyendo un trabajo muy sólido, al que pocas malas caras le podremos poner. Aunque el americano ya no era ajeno a un punto de vista hedonista y luminoso, seguramente cortes como ‘The Reconnection’ o el tema que da nombre al disco ayuden a pensar que Colours of the Night es el disco más optimista de Broderick. Sin embargo, y sin menospreciar varias canciones que con este talante consiguen instalarse en tu mente y alegrarte la jornada, la faceta más inspirada en el disco la conforman sus porciones más sobrias, como la maravillosa ‘Our Best’, de nuevo con voces femeninas completando el mejor tema del disco.

7.6/10

Cierto es, sin embargo, que ese saxofón del final de la propia ‘Our Best’, estropeando en parte los crescendos tan bien edificados por las guitarras, enlazado con la prescindible ‘One Way’ (elegida como single, dicho sea de paso), estropean ligeramente una nota general que rozaba la excelencia. No tardamos, en todo caso, en remontar el vuelo gracias, sobre todo, a ‘More and More’ el penúltimo corte de Colours of the Night, ahora sí, con una sección de vientos mucho más inspirada. Para los que no conocieseis a Peter Broderick, este disco ejerce como imperativo de estudio de su carrera. Una de esas trayectorias cuyos pasos en falso son casi inexistentes. Y con solo 28 años, que en el fondo es lo que más admira y asusta. Otra de esas trayectorias que, sin haber llegado a la treintena, se hacen pasar por la de un señor de edad ya madura y de amplio y exitoso curriculum. Apuntad su nombre con bolígrafo rojo.