Torres – Sprinter

Frente a los momentos más ostentosos de la vida del artista, cuando despliegan sus encantos en el escenario, rodeados de luces, gritos y aplausos, deberíamos situar el momento más opuesto, el punto de inicio,

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Frente a los momentos más ostentosos de la vida del artista, cuando despliegan sus encantos en el escenario, rodeados de luces, gritos y aplausos, deberíamos situar el momento más opuesto, el punto de inicio, el surgir de una melodía o una letra con la que el músico se desnuda. Porque entender el trabajo del compositor como un ejercicio de confesiones nos llevará muchas veces al verdadero comienzo.

Es cierto que atrás ha quedado la necesidad de vender la figura del músico como una persona solitaria e incomprendida, pero es que a mí todavía se me viene a la mente esa imagen cuando escucho algunos discos. Discos que se convierten en autobiografías y tras los que se esconden horas y horas de confesiones que quizás no podrían haber salido a la luz de ninguna otra manera. El disco se convierte entonces en el mejor amigo del músico, ése al que se le puede contar todo sin miedo a los reproches. Y lo que en un momento fue el ejercicio más íntimo, solitario y sincero del músico, la única manera de deshacerse del polvo o regodearse en la alegría, se convierte de pronto en la verdad de muchos otros.

Y todo esto se me ha pasado por la cabeza al oír Sprinter (Partisan Records, 2015), el último trabajo de Mackenzie Scott, o Torres, que es como se deja conocer una jovencísima de 24 años que, una y otra vez, desafía con su música a su edad y a las etiquetas que muchos le cuelgan.

La verdad en un disco

Sprinter es un viaje de autodescubrimiento, el amigo al que Mackenzie Scott le ha hablado de frustraciones, nostalgia, relaciones personales y un íntimo sentido del yo, cuestionando la educación religiosa recibida desde su infancia, alejándose de ella e intentando encontrar ahora algún tipo de fe fuera de esos dogmas, alguna causa por la que luchar. En un álbum que se mueve por detalles muy personales y por las propias experiencias, descubrimos a una Torres valiente y desgarradora, que no busca abrir nuevos caminos musical o técnicamente hablando, pero que sin embargo, consigue sonar más intensa que nunca.

El peso sigue cayendo en las letras y en la emoción que transmite su voz y así, tal y como consiguió en su debut homónimo en el 2013, sus canciones se vuelven creíbles. Puede que ahora más creíbles que nunca, porque ella misma se cree su historia antes que nadie. Su dificultad para dejar atrás el pasado, su educación, su relación con su madre adoptiva o con un amor que nunca llegó son algunas de las verdades que Torres nos destapa canción tras canción.

‘Strange Hellos’ es un inicio abrupto y oscuro, tras unos susurros rompe un sonido feroz e intenso que pone punto de partida a un álbum ante el que debemos prepararnos para entrar. Porque puede que no todos estéis dispuestos a estallar con ella (‘Son, You Are No Island’) o a entrar en lugares sombríos y torturados (‘The Exchange’). Pero Scott ya nos avisa de sus intenciones, ella cree en lo que ha hecho y sabe que nadie encontrará lo mismo que ella en estos minutos de música que forman Sprinter:

“I was all for being real
But if I don’t believe, then no one will
What’s mine isn’t really yours
But I hope you find what you’re looking for.”

7.9/10

Mientras ‘Sprinter’, el tema que da nombre al disco, es el paso que esperábamos tras su sorprendente inicio hace unos años y nos satisface con una acertada metáfora sobre la carrera en círculos que es la vida, ‘Cowboy Guilt’, el tema más animado, no acaba de encontrar su hueco en un disco al que pocos peros más se le pondrán poner. Mackenzie se calma en la recta final de esta carrera, ‘Ferris Wheel’ y ‘The Harshest Light’ son quizás los momentos más tristes y crudos del álbum y, sin embargo, llenos de luz gracias a la propia Mackenzie. Para terminar, ‘The Exchange’, casi ocho minutos de intimidad apenas sin instrumentación, un tema desnudo al que no conseguimos rendirnos por competo a pesar de la insistencia de Scott en que nos ahoguemos con ella. “I’m underwater”.

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  • dr.chou

    Pues sí. Otro disco estupendo. Coincido en darle el único tirón de orejas posible a ‘Cowboy Guilt’. Todo lo demás me ha gustado mucho, más teniendo en cuenta que me parece un trabajo arriesgadísimo, con mucha canción desnuda y bastante larga. Bien por ella.

  • Como ya dije otra vez, a mi esta mujer me aburre sobremanera. Del último salvo los dos primeros adelantos, y del primero un par de temas. Lo demás no me dice nada.

  • JoelTeka

    Horrendo. Me había gustado el primero pero este es un desastre.

  • Serge

    Por “Starge Hellos” ya vale la pena el álbum. Lo demás bien e interesante, pero la primera es un p*to temazo.