Jannick Schou – Fabrik

Por mucho que un artista pueda estar enclaustrado en un mismo género y una fórmula durante años, ser capaz de moldearla siempre de una forma que te siga sorprendiendo sigue siendo una muestra de capacidad

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Por mucho que un artista pueda estar enclaustrado en un mismo género y una fórmula durante años, ser capaz de moldearla siempre de una forma que te siga sorprendiendo sigue siendo una muestra de capacidad compositiva y de superación. Máxime cuando hablamos de géneros que a priori puedan resultar tan farragosos —seas profano o no— como el drone. Es lo que hace el danés Jannick Schou, que ni de lejos es uno de los productores más reconocidos en este ámbito, pero sí es sin duda uno de los más talentosos. 2015 ha sido el año de su regreso en formato LP, algo que no lanzaba desde Act of Shimmering (Experimedia, 2011). En este curso ha tocado Fabrik (Experimedia, 2015), otra vuelta de tuerca en la que Schou retuerce los sonidos y nos subyuga con gruesas capas de experimentación que se van desarrollando dentro del habitual entorno ambient.

Claro que es difícil sorprender en el drone, como comentábamos más arriba, es un campo de actuación que puede volverse bastante difícil de digerir si no se le da la forma adecuada, si no se es capaz de elaborar unos desarrollos que vayan más allá del bucle para invadir mentes ajenas. El danés, una vez más, hila muy fino, jugando sus cartas de una forma diferente. Mientras que en su anterior disco se centraba en un drone más cercano a los primeros Fuck Buttons y terriblemente evocador, en Fabrik explora sonidos más graves. De hecho, es su trabajo más corpulento hasta la fecha —quitando al EP de 2013 Fasjil—, y aunque no lleva a parajes tan ensoñadores como los anteriores, escuchar este álbum vuelve a generar tremendas sensaciones. Esta vez, mediante una simbiosis que abarca músculo techno experimental, drone y ambient, por lo que el retrato queda más inhóspito. En definitiva, otro disco para los amantes de la erosión y las progresiones repletas de matices sonoros.

Regreso al formato LP con el sonido más musculoso

Quizá no llegue a los niveles de Act of Shimmering, pero disponer de unos buenos auriculares y enchufar el disco supone sentirse constreñido a las primeras de cambio, gracias a la pesadísima capa de ‘Sabelkat‘, que nos hace una idea de cómo va a ser el viaje a través de las ocho canciones. Por otra parte, a lo largo de Fabrik, Schou, ya inmerso en esta nueva etapa de experimentación, recorre nuevas fórmulas hasta ahora desconocidas en su música; ya que gira el timón, hay que aprovechar. Como una locomotora antigua, el danés va machacando poco a poco con el bombo regio de ‘Fabrik‘ para ir vertiendo encima secciones vocales que se disipan, o jugando con frecuencias bastante altas como las de ‘Pansermusling‘, que acaban en una agresiva erosión.

8/10

Con todo, a pesar de que se trata de un compacto álbum de drone, también tiene sus momentos de máximo apogeo, que son los que llegan en los instantes finales, a partir de ‘Kollaps‘, donde como una correa de transmisión, el productor nórdico nos condensa todo el discurso de este nuevo trabajo. Mientras que en esta última vuelven los bombos de músculo casi industrial, en la pequeña saga de ‘Skov I‘ y ‘Skov II‘ entran en el primer capítulo los preciosos y evasivos parajes que le han hecho ganarse un respeto en el mundo ambiental, y en el segundo simplemente te destruye con esos cuatro minutos a mitad de camino entre el techno orgánico y el ambient drone pesado que caracteriza a Fabrik. Tremenda pieza, de nuevo, del prolífico artista danés. Mediante esos potentísimos sintes y unas atmósferas a veces incómodas y otras oníricas, vuelve a demostrar que está en la primera línea junto a los grandes nombres actuales del género.

PD: ojo a las remezclas del álbum. Hay joyas como esta.

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