Beirut – No No No

Es una suerte haber dejado de ser adolescente. Se tiende a decir que no hay época más dorada que aquella de los 16 años, y muchos adultos comentan que pagarían oro por volver a esa

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Es una suerte haber dejado de ser adolescente. Se tiende a decir que no hay época más dorada que aquella de los 16 años, y muchos adultos comentan que pagarían oro por volver a esa edad. Perdonad que me desmarque. La adolescencia me parece una época de mierda para detener el tiempo. Si os hablo de un caso personal, y más allá de los típicos momentos que, inevitablemente, uno guarda con cariño dentro de su materia gris (hablaría de las primeras veces que las tías te empiezan a hacer algo de caso desde un punto de vista, pero brillaron por su ausencia en aquellos años), mis años de instituto estuvieron bien, pero no fueron comparables con los primeros de la edad adulta. Vamos acostumbrándonos a que los exámenes de los demás nos den un poco igual, pero eso no ocurre durante la adolescencia, en la que las sentencias externas guardan importancia capital. Y, volviendo a lo del sexo, recuerdo con pavor el apelativo de “riquiño”, el equivalente gallego a lo que vendría siendo “adorable”, y que venía a ser sinónimo de que a la chica le parecías muy majo, pero que mejor buscases amor por otro lado.

Beirut: el chico al que ves como un amigo

No No No (4AD, 2015), el cuarto disco de Zach Condon, a.k.a. Beirut, es súperriquiño. Básicamente, del mismo modo en el que lo fueron los tres anteriores, aunque la magia albergada en el pasado se vaya difuminando en buena medida con el tiempo. Pero hay cosas que no se pierden. Ese sonido enternecedor, la enorme capacidad de Condon para firmar singles brillantes y ese innegable aroma de cariño y mimo que atesoran cada una de sus composiciones. Escuchar No No No aporta lo que siempre nos ha dado Beirut, una gran dosis de agradable melancolía. De encanto balcánico y equivocada nostalgia. De echar de menos lugares en los que nunca has estado, de sonreir al recordar momentos que nunca has vivido. Y eso no cambia. Pero con todo ha quedado dentro de mí cierta sensación de que quiero que No No No llegue a rincones a los que no siento que llegue del todo.

Quizás, en parte, porque siempre he tenido a Condon por un ejecutor, como dije anteriormente, de canciones estupendas, pero al que le ha costado rematar en alguna ocasión sus discos de forma igualmente efectiva. Desde luego, en este No No No me ha quedado esa sensación. La de disfrutar como un enano al escuchar los dos adelantos del álbum, ‘Gibraltar’ y ‘No No No’, que sirven también para abrirlo, pero contemplar el hecho de que mis ansias se van enfriando a medida que discurren los temas. Sin decepciones bruscas, pero sabiendo que lo que se esperaba al final no acaba de ser. Parece, pero no. Los nueve cortes que componen No No No gozan de un principio sobresaliente que acaba diluyéndose en un resultado final que, seguramente, se perderá en nuestra memoria más pronto que tarde.

5.8/10

‘At Once’ suena a balada que quiere conquistarnos, pero a la que el acné puberal la aleja del objetivo. Mejor le sienta ese aire naïve a ‘August Holland’, que sostiene el castillo de naipes, pareciendo que ninguna brisa amenazadora conseguirá demolerlo. Pero los cimientos acaban resintiéndose. ‘As Needed’ no acaba de aportar demasiada inspiración melódica, y en adelante No No No entra en un terreno de cierta indiferencia del que solo por momentos consigue salir. Concretamente, en ‘Fener’, con el ritmo repetitivo de las cuerdas metiéndose dentro de tu cerebro y consiguiendo captar tu atención con muchísimo atractivo. Ramalazos, en todo caso, que no son suficientes para que el resultado final merezca ser destacado especialmente. Seguramente No No No sea el disco más flojo de Beirut.

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