Oneohtrix Point Never – Garden of Delete

2015 está siendo un año francamente bueno en lo electrónico. Grandes regresos, trabajos sorprendentes y, sobre todo de cara al final del curso, se están publicando algunos de los álbumes más gordos que teníamos apuntados

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2015 está siendo un año francamente bueno en lo electrónico. Grandes regresos, trabajos sorprendentes y, sobre todo de cara al final del curso, se están publicando algunos de los álbumes más gordos que teníamos apuntados en rojo. Entre ellos, cómo no, el Garden of Delete (Warp, 2015) de Oneohtrix Point Never, que se ha publicado hoy. Un álbum que, siguiendo la tradición de Warp con sus grandes artistas en los últimos tiempos, ha dado bastante que hablar con el tema de la promoción. Y en el caso de Daniel Lopatin, más aún, tanto por la voladura de sesos que representaban algunos de los avances como por el concepto alienígena y arrollador que acompañaba a estos. El resultado, francamente a la altura de tanta parafernalia.

Una nueva y abrumadura liturgia

Después de años fluyendo entre coordinadas ambientales, electrónica progresiva, cantidades de samples, como los del Nuevo Testamento que nos traía R Plus Seven (2013, Warp), el productor inglés ha llegado a su obra más grandilocuente y compleja. Un trabajo que comparte formas con el anterior, pero que lo supera en resultado. Es decir, sus dos mejores piezas han llegado con Warp, pero Garden of Delete —G.O.D., Dios— parece, por el momento, su obra cumbre. En ella han confluido gran parte de los estilos que ha puesto en práctica durante estos tiempos. Y ahora con bastante peso guitarrero, a pesar de que decía que se había influido en estructuras pop para este nuevo LP. Para definir todo este impactante mejunje ha acuñado el término cybernetic hypergrunge. Así hace referencia a las pistas que ha ido dejando en blogs y lenguaje HTML —y jugando con los seguidores— y al carácter machacador que tiene el álbum.

Acertijos, unos cuantos mensajes crípticos, la inventada de Kaoss Edge… Un poco de trolleo al estilo Richard D. James y recurriendo a un discurso artístico que va más allá de lo propiamente musical, apelando al mundo de internet, como hace Holly Herndon, para ayudar a contextualizar este collage que supone Garden of Delete. Arpegios, cambios de ritmo, vocoder, flirteos con la PC Music… Siempre resulta interesante ver en artistas grandes, de vanguardia, como Oneohtrix, su ambición a la hora de innovar en discursos sonoros que ya propiamente están en niveles bastante altos —en Lopatin sobre todo en los dos discos anteriores— y cómo intentan superarse. En este caso, cómo introduce patrones de otros estilos y añade nuevas capas de recursos a su música. Su nueva liturgia es mucho más contundente y pesada, pero a pesar de beber de tantos lugares, no sobrecarga. Y el resultado es fascinante por la combinación de las voces procesadas, aunque parezca difícil reconocerlo en la superficie, la melodía pop que subyace a veces en las raíces, la emoción y las diferentes texturas que se pueden encontrar en una misma canción…

Si por algo destaca también este nuevo trabajo de Oneohtrix Point Never, aparte de por su evidente complejidad, es por la capacidad de sorpresa, de dejar al oyente conmocionado en cualquier momento

A la altura de en lo que Lopatin se ha convertido, en uno de los referentes de la electrónica actual. De aquél ambient normalito de hace años a un trabajo tan complejo y a la vez adictivo como este. Una evolución total que se destapa desde el primer momento, con la inquietante psicofonía de ‘Intro‘ y sobre todo con ‘Ezra‘, la entidad alienígena encargada de entrevistar a Lopatin en la previa del disco y el primer ejemplo de tomo y lomo de cambio de ritmo, con esos arrebatos agresivos de teclado que vienen a desconcertar después del ritmo entrecortado del inicio. En ese sentido, si por algo destaca también este nuevo trabajo de Oneohtrix Point Never, aparte de por su evidente complejidad, es por la capacidad de sorpresa, de dejar al oyente conmocionado en cualquier momento. Cuando menos te lo esperas. Y que esa turbulencia sea para un drástico golpe de efecto que cambia la canción por completo, es genial.

Violencia, pop y grunge

El álbum es desde luego una constante espiral de sorpresas, volantazos y flirteos entre las emociones terrenales y esa entidad que atiende al nombre de Ezra y que se manifiesta en calidad de psicofonías en canciones tan absolutas como ‘Sticky Drama‘, quizá el mejor tema del álbum. Una reyerta con la PC Music, con Ezra y con ese estribillo que vuelve a la luz después de la pesada distorsión para demostrar que sí, que hay cierta esencia pop de la que dice Lopatin que le inspiró para este disco. Y tras el interludio —habituales en la primera mitad del álbum— de ‘SDFK‘ llega ‘Mutant Standard‘, uno de esos temas de volarte la cabeza que caracterizan a Garden of Delete, el trabajo más agresivo de Oneohtrix —fruto de sus traumáticos recuerdos adolescentes y el grunge que escuchaba entonces y con el que ha estado de gira—. Fantástica la progresión analógica de los sintetizadores, al estilo Lorenzo Senni, que van aumentando de forma aguda y desbocada hasta salir de órbita. En general, la atmósfera pseudo alienígena y abrupta que ha conseguido es brillante.

Y a pesar de recurrir a continuas progresiones que son cada vez más pesadas, tiene hueco para rescatar esa parte del Lopatin que metía la mano experimental en el ambient en temas como ‘Child of Rage‘. Moderación sonora que sirve para oxigenar la violencia del disco, que vuelve a herir en ‘I Bite Throught It‘, el primer adelanto del disco y que ejemplifica los niveles de épica, dramatismo y tranquilidad que pueden llegar a convivir aquí, con un Oneohtrix Point Never exhibiendo su afán de experimentación y su capacidad de perturbar al oyente. Difícil ante tanto bombardeo de propuestas acomodadas. Dentro de esa transgresión sonora a la que apela, interesante de nuevo su incursión en la PC Music en ‘Lift‘, pasándola por su filtro, haciéndola más contundente y con esos riffs de su hypergrunge. Reciclando su propuesta.

8.8/10

En definitiva, un álbum frenético, complejo y con demasiadas aristas al que hace falta dar varias vueltas para ver lo que esconden. Daniel Lopatin ya sorprendió con R Plus Seven, pero ahora consigue impactar de sobre manera con Garden of Delete, tanto por forma como por propuesta; la transversalidad sonora de sus discos anteriores, sus nuevas estructuras epatantes, la inquietante y a la vez bella sección vocal de canciones como ‘No Good‘ y cómo es capaz de meter en su licuadora muchos estilos diluyéndolos satisfactoriamente. Ya se había ganado por derecho ser uno de los mejores compositores actuales del panorama electrónico, pero ser capaz de cambiar de discurso de una forma tan sobria en poco tiempo y con un resultado tan abrumador está a la altura de pocos. Un fabuloso y genuinamente grotesco relato de ciencia ficción futurista.

Me gusta el chunda-chunda.

  • XtatcVoid

    En esta sí que estamos de acuerdo. Hasta en que la mejor es Sticky Drama. Supongo que porque es la novedad y el tiempo dará una perspectiva mejor para comparar ambos albumes, pero por ahora me parece mejor que R Plus Seven, y eso es decir muchísimo.

    Amén Daniel

    • Bueno es que Sticky Drama es una locura. Justamente la estoy escuchando ahora.

  • black_gallego

    Este disco es una barbaridad. Y lo dice alguien al que los otros discos de OPN no le decían demasiado.

  • Shamon Tsuko

    A mi este disco me parece nacido de la una creatividad biológica casi infantil, dani ha hecho algo que no tiene no tiene nombre. el arte necesita saltos de fé como estos.