El tamaño sí importa (LXVI): ‘Desolation Row’, de Bob Dylan

Desolation Row: más que una canción, el relato de un tiempo y un lugar cauterizado por pasiones y sueños rotos.

Dylan

A poco que rebusquen por Internet encontrarán una sartenada de versiones de este clásico: desde la demente versión de My Chemical Romance para la OST de Watchmen hasta las originales en clave eléctrica grabadas meses atrás del Highway 61 Revisited (Columbia Records, 1965), con Harvey Brooks al bajo y Al Kooper a la guitarra. Para mí, el Dylan icónico está de pie en el Royal Albert Hall, danzando un poco sobre su eje, con la Gibson SJ-200 bien ajustada y delante de un público totalmente hipnotizado.

Quien me descubrió de crío a Dylan me dijo que esta era su mejor canción. Compuesta antes de cumplir los 24, en ella describe con la certeza de un francotirador a toda esa galería pop que tanto le seducía, el desfile de monstruos en que se había convertido América. Fíjense en el primer verso: «They’re selling postcards of the hanging». Esas postales son las fotos de tres tipos negros ahorcados el 15 de junio de 1920, acusados por haber violado a una mujer blanca. Trabajaban en un circo ambulante, pero los blancos hicieron de su muerte otro espectáculo de masas. Once minutazos que transcurren como una etapa ciclista: un constante deambular describiendo con visión onírica las irrealidades de la realidad.

Esta versión en directo es brutalmente genuina. Ese arranque tosiendo que constata que hay un ser humano hablándonos cerca, relatando como una oscura voz en off, que durante diez estrofas aborda y desborda la calle de la desolación. Una avenida atestada de almas errantes que se agarran a lo más mundano para sobrevivir: desde el cura que a poco de terminar la homilía se acerca al puticlub a que le limpien la conciencia, el escritor frustrado que malvende guiones de pelis, la diva que, después de mucho soñar, vive la pesadilla de ser una sombra detrás de un cajero, el monseñor que sólo tiene un traje y lo tiene en la tintorería y ese día pasea ataviado con harapos…

Cuando, hacia el minuto ocho y medio —sí, como la película de Fellini con la que comparte mucha de esa imaginería de burgueses trasnochados—, arranca la armónica y los rasgueos se vuelven atacados, como un repiqueteo de espuelas, el eco de la sala nos devuelve un algo tristísimo, algo que no podremos volver a recuperar. Un país de la esperanza que se queda sin ella. ¿Cómo puede sentirse tan viejo alguien que no ha cumplido ni un cuarto de siglo?

Yes, I received your letter yesterday, (about the time the doorknob broke)
When you asked how I was doing… Was that some kind of joke?
All these people that you mention. Yes, I know them, they’re quite lame.
I had to rearrange their faces, and give them all another name.
Right now I can’t read too good, don’t send me no more letters, no,
not unless you mail them, from Desolation Row.

Highway 61 Revisited es un disco prácticamente inagotable de referencias y metáforas y Desolation Row es el colofón de tal bestiario. Al año siguiente, The Doors harían algo muy parecido en su debut con The End, compartiendo sentimiento y duración. Dylan tuvo un tiempo y un lugar: aquella calle y aquellas gentes, aquel circo donde se dan la mano Caín y Abel, donde las Cenicientas barren las calles y los marines que vuelven del frente sólo saben hablar si van borrachos. Ojalá, en nuestra adolescente etapa de name-dropping, hubiésemos tenido el arrojo y el acierto de este inequívoco juglar. Pero Dylan, claro, solo hay uno.

1985. Escribe cosas a todo volumen desde su cuartel general.

  • Gran canción “río” de Dylan. La versión no la conocía, pero es como el Dylan desnudo y crudo, sin la florituras casi de flamenco de la guitarra acústica del original de Higway 61, pero con todo el sentimiento y la fuerza del primer Dylan. Gran voz nasal con modulaciones genuinas, una guitarra básica que acompaña de verdad y para que hablar del mágico momento de la armónica.
    Mientras escribo esto estoy oyendo a los Grateful Dead (grandes Dylanologos) haciendo una versión del maravilloso tema, y voy a repetir lo que he dicho en mas de una ocasión, muchos temas de Dylan son como los standards del jazz, es decir temas eternos para que cualquier músico se aproxime a ellos como manera de expresión.