Animal Collective – Painting With

Siguen siendo una isla. A la que va dando cada vez más pereza ir.

Animal Collective

Cómo se agradece que hayan pasado ya unos añitos, se haya relajado el ruido y uno pueda sentarse simplemente a escuchar un disco de Animal Collective. Todo aquel barullo de finales de la década pasada al final les acabó haciendo un flaco favor, porque tanto crítico empeñado en utilizarlos para escribir El Relato (parece increíble que a veces sigamos estancados en intentar explicar la música en términos de planteamiento, nudo y desenlace) acabó provocando un poco el mismo efecto que los profesores de secundaria cuando imponen a sus alumnos disfrutar por cojones con clásicos imprescindibles del canon. El efecto rebote no se hizo esperar y al otro lado muchos acabaron optando por cerrar los ojos, taparse los oídos y negarse a descubrir todo lo que efectivamente hacía a Animal Collective un grupo especial (que no, por supuesto, obligatorio).

Pasó el tiempo, pasó Centipede Hz (que iba a ser post-todo y al final prácticamente fue post-nada) y ahora, años después, llega Painting With Animal Collective, que al final es un disco. Sólo un disco. Bien, algo hemos avanzado. Por ahí todo bien, aunque quizá ahora, instalados en un momento de su carrera que no deja muy claro cuál es el camino correcto, los problemas son otros.

Animal Collective siguen a su puta bola. Siguen siendo un grupo libre, que hace lo que le da la gana y parece haberse mantenido más bien ajeno tanto a los halagos como a las reacciones enfrentadas que han ido despertando. Siguen siendo una isla, y eso está bien. Lo que ocurre es que asomarse a esa isla empieza a ser cada vez menos interesante, porque mientras antes siempre apetecía pasarte por allí porque inevitablemente te encontrarías con alguna sorpresa, ahora parece que allí siempre está pasando lo mismo, que están un poco en plan WALL·E proyectando la misma película una y otra vez. Y así, el disco en el que tenían que sorprendernos jugando con corrientes pictóricas y su traducción en sonidos acaba siendo la mayor parte del tiempo un recorrido por viejos tics, muletillas conocidas y frases de las que, si no podemos adivinar el final, sí al menos por dónde irán con bastante precisión.

Siguen siendo una isla, y eso está bien. Lo que ocurre es que asomarse a esa isla empieza a ser cada vez menos interesante y parece que allí siempre está pasando lo mismo

Cojamos por ejemplo el viejo recurso de “pasar las cosas por el tamiz de AnCo”. Es algo que siempre nos ha hecho mucha gracia y les hemos reído la gracia varias veces. ¿Cómo sería una balada si la hicieran Animal Collective? ¿Y los Beach Boys? ¿Y el antifolk? La cosa tuvo su aquel bastante rato, pero si me vienes a contar el mismo chiste en el décimo disco deconstruyendo a los Ramones a lo mejor ya tiene menos chispa. Porque de hecho, “el décimo disco de Animal Collective” es ya de por sí un sintagma que jamás habríamos pensado escribir. Y que a lo mejor ni siquiera hacía falta hacerlo. No sé muy bien decir para qué sirve un disco de AC, pero desde luego que no sé decir para qué sirve el décimo disco de AC.

La cosa empieza saltarina, casi de dibujos animados con esa locura maravillosa que es ‘FloriDada‘, uno de las mejores canciones del año y de las más transparentes de su carrera (casi parece que nunca hemos entendido las letras con tanta claridad), y tiene su otro punto álgido en ‘Golden Gal‘, otra canción cristalina que empieza sampleando a Las chicas de oro y acaba convertido en una especie de alegato feminista (de nuevo, desde su prisma). Son los dos banderines de enganche de un disco que en el resto del metraje se contenta demasiado a menudo con transitar por terrenos conocidos y pisar con suelas firmes llenas de autorreferencias en un barullo gaseoso y complaciente donde muchas veces los conceptos parecen estar flotando por ahí, esperando a que alguien los agarre y haga con ellos algo concreto.

6/10

Animal Collective no son ni serán jamás el grupo favorito de nadie, salvo quizá de algún crítico firme defensor de que los discos hay que digerirlos con el cerebro. Bien, no pasa nada, tampoco estaban aquí para eso. Pero lo que sí se le exige a sus discos son esos juegos sencillos que se divierten convirtiéndolos en complicados, esos retos continuos a los que someten a su audiencia (yo no he entendido a la primera a Animal Collective, pero siempre me ha parecido apasionante el desafío de ir desenredándolos), esa infinidad de ideas de las que siempre estaban llenos sus trabajos y que aquí empiezan a escasear, al menos las originales. Bombardear por saturación con las ya conocidas no disimula el problema: al contrario. No es que sea un mal disco este Painting With, ni siquiera un mal disco de Animal Collective, es que no se sabe muy bien cuál es su función dentro de la carrera del grupo. No sé para qué sirve este disco y creo que necesito saberlo.

  • BXXI

    A mi me ha encantado este disco, muy dinamico y divertido.

  • Diego Duarte R

    Flojo como el solo!, gracias por decirle lo que es…un baaa

  • sergioha

    muy bien