Black Mountain – IV

Para algunos, seis años no son nada.

Black-Mountain-IV

Dicen que no hay que sentar al jugador que está enrachado y con la muñeca caliente. Que hay que aprovechar el momento de gracia hasta que se pase, porque luego se enfría ya no reengancha con el clinic que estaba viviendo. Pero hay que tener en cuenta que un jugador sobreexplotado puede llegar fundido al momento en el que el partido esté más pendiente de un hilo. La decisión correcta, cómo no, va a depender de las circunstancias del partido y de las propias cualidades del jugador. Porque también hay que tener en cuenta que los auténticos microondas no necesitan rachas, nunca se enfrían.

Es fácil que extrañen los seis años años de descanso que se han tomado Black Mountain para darle un sucesor al fabuloso Wilderness Heart (Jagjaguwar, 2010), sobre todo teniendo en cuenta que llevaban un tres de tres con su discografía. Tres discos y tres triunfos -el segundo para mí un poco menos, pero sigue teniendo muy buen nivel-, el mejor equivalente que podemos encontrar para “tener la muñeca caliente” en este mundillo. Por ello, era comprensible que algunos temieran que tanto periodo de separación no acabara haciendo mella en la inspiración de la banda y su cuarto trabajo nos dejara un ligero toque de amargura al probarlo. Pero no lo olvidemos, los auténticos microondas nunca se enfrían.

Black Mountain, instalados en la estratosfera

Los adelantos nos traían de vuelta a unos Black Mountain que parecía que nunca se había ido. Decir algo como esto seis años después es un síntoma más que positivo para afrontar este IV (Jagjaguwar, 2016), pero una vez con el disco en nuestros reproductores todos esas buenas sensaciones se quedaron cortas dada la magnitud del álbum. No os miento cuando digo que desde que tuve el disco en mi poder no he sido capaz de estar mucho tiempo sin acabar poniéndomelo, lo que se puede traducir como uno de los enganches más fuertes que he tenido por un disco en este año.

Aquí podemos disfrutar de una de las mejores versiones de su particular sonido, un espectacular cruce de psicodelia hippie, rock duro digno heredero de la guitarra de Tony Iommi e, incluso, Indie rock que se cuela por las rendijas. La relación que se puede establecer entre este IV y el Vol. 4 (Vertigo, 1972) de sus adorados Sabbath parece demasiado clara para ser casual –de hecho, me atrevería a pensar que el nombre de su disco apunta de manera intencionada hacia dicho disco- y podemos apreciar que este álbum puede cumplir un papel similar en su discografía al que cumplía el cuarto elepé de los de Birmingham.

Aquí podemos disfrutar de una de las mejores versiones de su particular sonido, un espectacular cruce de psicodelia hippie, rock duro digno heredero de la guitarra de Iommi e, incluso, Indie rock

Aunque existen diferencias claras, ya que este disco no funciona en conjunto con tanta solidez como el icónico álbum con el que establezco comparación. A mitad de disco se produce un ligero descenso de calidad o bajada de chispa que reduce algo el impacto global del conjunto, lo hace menos compacto y baja un poco el ritmo portentoso que muestran en el inicio y contrasta con la extraordinaria recta final que se marcan. Ese tramo concreto cuenta con buenas piezas, aunque suenan algo menores con respecto al resto. No obstante, la fluidez que alcanza el desarrollo de este trabajo sigue siendo más que remarcable y formidable.

Pero la cosa va más allá del funcionamiento del propio conjunto. A pesar de que el conjunto pueda sonar menos sólido que el de Vol. 4, se puede decir que el trabajo de los de Vancouver cuenta con piezas que no sólo funcionan magníficamente en lo colectivo, sino también en lo individual. Empezando por esa monumental ‘Mothers of the Sun’, que ya apunta a ser uno de los temazos del año gracias a las hipnóticas atmósferas creadas, el combo vocal que hacen Amber Webber y Stephen McBean y esas exhibiciones guitarreras que te dejan los ojos como platos, especialmente con ese portentoso y vigoroso riff.

Tras semejante esfuerzo titánico, el grupo no baja el pistón. Al contrario, acelera el ritmo con una ‘Florian Saucer Attack’ que cuenta con un gancho tremendo, de los que te obliga a headbanguear enérgicamente. Tiene ese algo que una vez llega a tu cerebro, ya no se te despega. Posteriormente van haciendo gran gala de recursos, brillando en una gran variedad de registros como en la tormenta lisérgica de ‘Defector’, sudando feeling por cada uno de sus poros, la espacial ‘You Can Dream’ o el zarpazo de ‘Constellations’ -imposible no pensar en Thurston Moore con esa línea vocal- que culmina una exquisita recta inicial. Un ritmo que corta la plácida ‘Line Them All Up’, pero luego compensan con un totémico trío de canciones para hacer de broche de oro.

8.7/10

No deja de resultar impresionante cómo son capaces de acudir a decenas de referencias distintas para dar forma a su sonido -desde Jefferson Airplane en ‘Cemetery Breeding’ hasta Pink Floyd en la impresionante ‘Space To Bakersfield’- y además logren sonar de forma tan personal desde el principio hasta el final. Porque Black Mountain no son sólo una garantía a la hora de parir discos llenos de canciones epatantes, son también una de las propuestas más refrescantes y extraordinarias que existen en el rock actualmente. Y con IV vuelven a demostrar que los periodos de descanso son incapaces de enfriarlos, ellos ya están instalados por completo en la estratosfera.

  • Saludos…

    Siempre es cuestión de gustos pero para el mío, el segundo, ‘In the Future’, es el mejor con diferencia.

    Este ‘IV’ sólo lo he escuchado una vez y ni siquiera entero. No puedo juzgarlo todavía, pero si tiro de esas ‘primeras impresiones de barra de bar’ digamos que se me estaba haciendo largo y que la chica cantaba demasiado o tenía demasiado protagonismo. Ya me pasó lo mismo con el anterior. La voz de la chica no me acaba de convencer.

    Nos vemos.

    • black_gallego

      🙁

  • Estoy con Pachi en lo de que el segundo es el mejor a falta de escuchar este nuevo. Ahora bien, menuda discografía más estimulante la de esta banda, imprescindible.

  • Saludos…

    Por cierto y sin venir a cuento, nadie le ha dado una escucha al ‘Hidden City’ de los The Cult?? Tengo curiosidad por vuestra opinión…

    Nos vemos.

    • Pufff, yo le di una vuelta y salí bostezando. Ni para bilis me dio.

      • Saludos…

        Vaya, una pena aunque me lo esperaba. Para mi es como si no se hiciera ni aunque solo fuera esa mini-crítica de un disco de los Stones, de Black Sabbath, de Metallica, de U2 o de alguno de esos dinosaurios aunque solo sea para cagarse en sus muertos de lo malo que es el disco. Ya se que no están en ese nivel pero para mi es un pequeña gran decepción, una pequeña gran puñalada. Jamás os lo perdonaré, Hipersónica!!!…

        Nos vemos.

        Pd.-… como venía aquí a hablar del disco, decir que al principio también me pareció mediocre tirando a malo pero luego fue remontando hasta verlo como muy decente, digno. Claro que en mi caso cuenta el cariño para superar la primera impresión y darle más vueltas. Eso sí, la voz de Astbury ya no está en su mejor momento cosa que también le aporta un toque de dramatismo a algunas canciones.

        Nos vemos.

  • Alarch

    Nunca les había escuchado. Mola que intenten cosas raras, jugando con géneros distintos, combinando atmósferas y mezclando instrumentaciones aparentemente incompatibles. Bien por eso, pero el disco en ningún momento me ha impactado ni emocionado poderosamente; en parte porque las composiciones me han parecido bastante planas.

    Aún así probaré sus anteriores álbumes.