Chicharrón – Postal

Paso adelante de una banda que merece ser tenida en cuenta seriamente

chicharrón

Damos por supuestas cosas que ya no lo son. Que quizás lo fueron un día. Seguramente. Pero ahora ya no. Supongo que en todo ello trabaja una inercia invisible que está detrás de la mayoría de cosas que pensamos o sentimos. Crecimos en un ambiente donde un hecho determinado era tan cierto, tan verdad, que no nos dimos cuenta que llegó un momento en el que, simplemente, dejó de serlo. Quizás no un momento en concreto. No un instante definible y separable en el tiempo, una unidad determinada. Pero lo cierto es que al final llegas a darte cuenta del error. Antes o después, y ese momento posiblemente sí sea uno en concreto. En el que te caes del guindo en el que llevas viviendo buena parte de los últimos años. Te caes tú y la mentira instalada no solo en tu vida, también en la de la mayoría de personas que te rodean.

Chicharrón y el pop de toda la vida

Una de esas mentiras es la que cuenta que en el panorama estatal existen muchos grupos de pop que molan. O si queréis, lo separamos. Por un lado existen infinidad de grupos pop, y por otro, una considerable cantidad de los mismos molan. Y no, no es cierto. No es fácil encontrarse a grupos españoles que hagan pop a secas. Pop sin más. Pop sin otra palabra que acompañe al pop en la etiqueta. Y entre los que hay, lo cierto es que la calidad (perdónenme) no abunda. Es por eso que cuando uno encuentra pop, sin más, de bella factura, no puede evitar emocionarse porque, al final, hace mucho que no lo escucha. No es fácil encontrarse trabajos tan sencillos y, a la vez, hermosos como este segundo trabajo de Chicharrón, que lleva por nombre Postal (Prenom, 2016). Al menos, yo hace ya unos cuantos meses que no escucho un disco de pop sin más que consiga reconciliarme con el mundo como lo ha hecho este. Claro está que a lo mejor el que ha cambiado y ha dejado al pop de lado soy yo, y no el panorama musical. Pero incluso si así fuese, me alegro de volver atrás y conseguir disfrutar de algo como esto.

De Chicharrón, aunque levemente, ya os habíamos hablado. Los gallegos han sufrido varias transformaciones entre su disco de debut y este segundo álbum. Alguna en cuanto a la formación, que ahora adopta el formato que venía teniendo en los directos, y el trío ha dejado paso al quinteto. Otra es que las letras han dado paso en su integridad al idioma gallego. Está por ver si Chicharrón consiguen ser lo que nadie es en la actualidad y casi nadie fue en el pasado: un grupo que, cantando en gallego, consigue repercusión en el resto del país. A lo mejor a ellos no les importa, a mí me encantaría que Andrés Dobarro pudiese tener un sucesor de una puta vez, aunque fuese a un nivel más minoritario.

E xa o vento decidirá a que lado da liña pertencemos, se ti e mais eu aínda estamos a tempo

Y lo cierto es que Chicharrón están haciendo los méritos suficientes para ser tenidos en cuenta más allá de cuatro provincias. Si su debut nos había gustado, Postal es entendido como un paso adelante. Como el disco de una banda confirmada, a la que la premura de intentar convencer a los demás con su valía ha dejado de importarle (es posible que nunca lo hiciera realmente, pero dejadme seguir con mi discurso) y ha conseguido crear entonces unas letras más conseguidas, unas melodías realmente atractivas y con buena capacidad de adicción. Postal no es el mejor disco que vas a escuchar este mes, y no está exento de algún corte menos agraciado, pero es un disco que te ayudará a reconciliarte con ese pop que habías ido dejando abndonado en una esquina. Del bucólico en ‘Despois do baile’, el más oscuro y fascinante en ‘O teu costume do azar’ quizás mi corte favorito, o del que tiene mayores componentes del single de toda la vida, ‘Suicidio tímido’.

7,6/10

Como decimos, hay un par de cortes que penalizan algo lo que sería una preciosidad de álbum de conseguir la eficiencia suficiente en todo su minutaje. ‘Ensíname a durmir’ o ‘Que non farías ti por non perdelo’, así, enlazadas una tras otra, me parecen un momento menos brillante que el resto, con unas percusiones que rozan lo monocorde, muy similares a las de otros cortes. Pero aún con esas hay motivos más que sobrados para agradecer la llegada de Postal, ‘A verdade de calquera fonte’ o la vitamínica ‘Renunciando aos meus poderes’ solventan cualquier atisbo de duda, en un disco al que, probablemente, muy pocos presten atención más allá de fronteras galaicas. Lo cual sería, créanme, una pena.

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