David Bowie – Hunky Dory (1971): un maravilloso punto de inflexión

Cuarta parada en nuestro particular repaso de la discografía de David Bowie. Hunky Dory, el germen de todo lo que estaba por llegar

hunkydory

Cuarta parada en nuestro especial dedicado a David Bowie y tercera vez, con ésta, en la que la afirmación subyacente al texto será algo como “ahora sí que sí, al fin arranca“. Es probable que la culpa esté dividida a partes iguales entre el, por entonces, irregular Bowie y nuestra ímpetu, la impaciencia por dejar claro que como el genio no fue genial siempre tuvo que haber un trampolín en forma de disco hacia la fama. En la humilde opinión del que firma Hunky Dory (RCA, 1971) sí ejemplifica el salto definitivo, la patada en la puerta de un estrellato que no haría sino crecer, pero para el que el cuarto disco de David Bowie fue bastante más que un punto de inflexión.

Vamos a conocer el qué, el por qué y el cómo de uno de los discos más importantes de la historia, quizás no por lo que recoge en su minutaje sino por ese balón botando sobre el punto de penalty que significó para la carrera de un músico que nos acaba de dejar pero al que nunca olvidaremos. Y lo más importante al respecto de esta obra es que estuvo cerca de no salir, que fue gestada en el momento personal más duro en la carrera del shapeshifter por antonomasia del Rock anglosajón.

Envidia, soledad y un viaje a lo más oscuro

A pesar de que el anterior The Man Who Sold the World (Mercury, 1970) fue un disco bastante digno, la carrera de David Bowie no iba todo lo bien que parecía desear el artista británico. Sus escarceos en el mundo de la publicidad, del cine y de la televisión demostraban que su situación económica no era bollante, y esto se debía a que a pesar de haber recibido ya aquel entonces bastantes piropos artísticos, su cuenta corriente no reflejaba nada relacionado con una creciente fama que le emparejaba con Marc Bolan.

Según Bowie, Bolan era precisamente el problema, o al menos eso daba a entender, tratándolo como un espejo en el que mirarse pero también como un objeto de envidia pues había llegado al mismo tiempo pero parecía desenvolverse mejor en el mundo de la música esos años. Rimel, laca y pantalones ajustados eran tanto un intento por subirse al caballo ganador como una llamada de atención hacia el gran público, un hacedme caso que no funcionaba y que acabó con la prematura ruptura de ese dúo que años después se formaría para arrasar por todo el mundo.

“David y yo nos separamos definitivamente. Yo me sentía fatal, pero Marc (Bolan) iba a convertirse en un trabajo de tiempo completo durante los próximos dos años de mi vida”. Toni Visconti.

La huida de Visconti sumió a Bowie en una depresión personal y artística de la que solo lograría salir meses después, tras una reclusión y un viaje del que hablaremos más adelante. Mientras tanto, el rubio oxigenado lanzó el single ‘Holy, Holy‘ casi a la desesperada, como grito pidiendo ayuda en forma de cuasiplagio a Marc Bolan que afortunadamente para el resto del mundo acabó pasando desapercibido.

Esto provocó que los pocos seguidores con los que Bowie contaba por aquel entonces se impacientasen. Y lo mismo pasó con su representante y con el sello que lo mantenía sin ofrecer los réditos esperados. Algunos echan la culpa de la huida de su representante a un artista ciego y de color que comenzaba a despuntar en Estados Unidos y que acabaría convirtiéndose en uno de los principales herederos de la Motown, pero la verdad fue que en 1970 David Robert Jones se encontraba perdido, vagaba sin rumbo hacia un final que afortunadamente no llegó. Y las gracias debemos dárselas a su comprensiva compañera Angela Barnett.

De la reclusión a la barbarie transformista: Haddon Hall obró el milagro

Deprimido, pesimista y asediado por un sello que le exigía un éxito que no acababa de llegar, David Bowie se encerró en su casa de Haddon Hall para acabar varias canciones que tenía a medio componer, ideas bastante primarias que necesitaban bastante más que un empujón. Para combatir la soledad, su mujer apenas se atrevía a entrar en esa habitación que olía a abubilla, David se llevó un piano al espacio dejado por Visconti, un instrumento que apenas sabía tocar pero que le sirvió para curar alguna de las heridas provocadas precisamente por no saber qué hacer con su carrera.

Las ideas comenzaron a fluir aunque de forma torpe, como torpe era Bowie con sus dedos. Afortunadamente el piano era un nuevo universo por descubrir, y le permitía desarrollar melodías bastante más ricas que las que salían de la guitarra de 12 cuerdas de Ken Pitt. Años después el propio David comentaría que el enfrentarse a un instrumento hostil como el piano le acabaría convirtiendo en un compositor mucho mejor de lo que era hasta entonces. Decía el artista británico que Elvis Presley era un compositor con un talento innato, mientras que él aprovechó los días más oscuros de su carrera para forjarse a sí mismo, para volver al eclecticismo y dejar de lado al Rock en el que se había autoconfinado pues pensaba que era su única posibilidad de encaminarse al éxito.

Enfrentarse a un instrumento hostil como el piano convirtió a David Bowie en un magnífico compositor, mucho mejor de lo que era hasta entonces

Puede que no guardasen relación pero el inolvidable Ziggy y la androginia también comenzaron a gestarse en esa oscura habitación de la que solo salía para dormir o emborracharse. Bowie estaba obsesionado con el incipiente y clandestino mundo gay de la Londres de la época, y la comprensiva Angela decidió que podía ser positivo para ellos como pareja y para su esposo como artista frecuentar clubs de intercambios de parejas o bares con cuartos oscuros y olor a naftalina. Hablar de consumaciones hoy día, aparte de estúpido, sería innecesario, pero que David Bowie se convirtiese en el centro de atención en un club conocido como The Hat (El Sombrero) abre un intrincado sendero hacia el mundo de las insinuaciones y especulaciones.

De hecho el propio Bowie se introducía ante los desconocidos como bisexual, logrando bastante a menudo que la fiesta se acabase trasladando a su residencia. Esta exploración sexual y personal tendría un fuerte impacto en el disco que estaba a punto de empezar a grabar. Hunky Dory iba a ser un disco bastante gay si me permitís el término, sí, pero también un disco bastante alejado de lo que entonces se venía haciendo en el Reino Unido. Y como constante en la ecuación no podemos obviar el famoso viaje de David Bowie a Estados Unidos.

Viaje de ida y regreso a USA. La composición comienza

The Velvet Underground y The Stooges. Esos dos nombres cambiarían la vida artística de David Bowie para siempre. Quizás no desde un punto de vista estrictamente estilístico, pero sí por la trascendencia de unos sonidos que le llenaron de energía y cuyo impacto se dejaría notar hasta bien entrada la década siguiente. Las diferencias entre la costa este y la oeste también le marcarían, y prueba de ello sería ese regalo que le trajo al recién nacido Duncan Jones en forma de After the Gold Rush de un tal Neil Young.

La americana, el garage y la psicodelia serían mucho más que unas influencias pues dentro del disco que estaba ya muy cerca de empezar a grabar no significarían demasiado. Los géneros en la cabeza de Bowie se mezclaban, se fusionaban, mantenían relaciones cuasi-infestuosas. ‘Kooks‘, la primera de las canciones completada para su nuevo álbum tenía algunos dejes recogidos en ultramar, y visto que al fin comenzaba a dibujarse un horizonte en su mente David Bowie convocó a sus fans para su primer concierto en bastantes meses, un concierto en el que daría a conocer retazos del disco de marras y al personaje que lo reventaría todo año y medio después: Ziggy Stardust.

Prueba de todo esto es que ‘Star‘, ‘Manage Dream‘ y ‘Lady Stardust‘ ya estaban ahí, guardadas para ver la luz en un momento más propicio. Solo tenía que dar un paso intermedio, la estrategia parecía clara sobre el papel.

Hunky Dory: la grabación, los agentes y una afirmación confirmada años después

El punto de partida en la grabación de Hunky Dory serían ‘Oh! You Pretty Things‘, ‘Changes‘ y ‘Life on Mars?‘, canciones que conceptualmente eran opuestas al único éxito comercual que Bowie había logrado hasta el momento, ‘Space Oddity‘. Las canciones eran más fluidas y optimistas como fruto de una ebullición creativa surgida del desenfreno y la juerga salvo en el caso de la tercera, canción basada en una sección de acordes de ‘Comme D’habitude‘, un éxito francés que se le había escapado de entre los dedos y que en manos de Paul Anka se convertiría en la inolvidable ‘My Way‘.

El sinsabor no frenó a David Bowie forjando su propio himno en forma de venganza frente al destino, componiéndolo mentalmente durante una carrera de 15 minutos huyendo de un abarrotado autobús. Sabía lo que tenía entre sus manos y no quería perder un solo instante, deseaba trascender y con ese objetivo escribió una enigmática letras para la historia. Del resto se encargaría un tal Rick Wakeman, y el resultado estimuló tanto al artista británico que la grabación sería coser y cantar a partir de ese momento.

Las canciones de Hunky Dory están inspiradas tanto por la tradición folk inglesa como por la vanguardia estadounidense

De hecho Bowie parecía tenerlo clarísimo, tanto que la urgencia con la que ejecutó todo asustó a unos músicos de sesión que estaban a punto de convertirse en los Spiders From Mars. Las canciones estaban inspiradas tanto por la tradición inglesa como por la vanguardia estadounidense, y clave de su éxito fue la maestría con la que todo el equipo logró ensamblar estas piezas tan heterogéneas, construyendo un diálogo coherente y completo. David Bowie parecía haberse encontrado a sí mismo, ya solo necesitaba deshacerse de cierto lastre.

Claro, faltaba deshacerse de esa soga al cuello en que se había convertido Mercury, y para ello se sirvió de los contactos realizados en su viaje a Estados Unidos. La gente de RCA no estaba muy contenta con esa ambigüedad sexual que ya era marca del artista inglés, pero su nuevo agente, Tonny Deffries lanzó un ultimatum en una negociación ante el que poco pudieron objetar los señores de traje y corbata.

“No habéis tenido nada desde la década de los cincuenta y os habéis perdido la de los sesenta. Pero tenéis la oportunidad de hacerlos con la de los setenta. Bowie va a revolucionar esta década, igual que los Beatles acaban de hacerlo en la que acaba de terminar”. Tony Deffries

La firma del contrato llegó de inmediato en un nuevo viaje a Estados Unidos, y de un poco casual encuentro con Andy Warhol surgió uno de los últimos temas del álbum y el empujón que Bowie necesitaba para acabar de convertir en realidad a una ficción que tenía totalmente diseñada en su mente. La “casualidad” también hizo que Iggy Pop se volviese a cruzar en su camino mediante una visita a su hotel nada más plasmarse la firma del contrato. A la fiesta posterior a la misma siguió una serie de promesas y compromisos que solo se materializarían unos años más tarde, dando forma a una unión que definiría gran parte de la música del fin de siglo. De esto ya os hemos hablado, y retomaremos el tema más adelante.

Hunky Dory: el legado

Grabado en julio de 1971 en los Trident Studios, el cuarto disco en la carrera de David Bowie parece un disco de transición si lo miramos superficialmente, siendo éste un acercamiento injusto por lo que recoge y por su significado. De hecho, analizado independientemente se presenta como un disco bastante sólido el cual no necesita nigún ejercicio de contextualización aunque aquí acabe de hacer uno bastante extenso. Sí, es un ejercicio algo rupturista con su época pues ignora al Rock Progresivo y al Blues cuando ambos estaban en su máximo esplendor derivando hacia senderos más potentes como los del Hard Rock o el Heavy Metal.

Ken Scott a la producción fue el encargado de lidiar con la energía desbordante de Bowie y de aplacar las quejas de unos Spiders From Mars incapaces de seguirle el ritmo. La ambición no era temporal, Bowie era consciente de que ya tenía a Ziggy en el horno, sino también formal, ya que gracias a su recién adquirido dominio del piano había diseñado vanguardias que estaba deseando compartir con el mundo.

<

p class=”sumario_izquierda”>Ignorar a Hunky Dory es ignorar al germen de todo lo que vendría después, no entender de dónde vienen Ziggy Stardust, Heroes o Let’s Dance

Aunuqe RCA no estaban demasiado satisfechos con lo que iban recibiendo pues esperaban algo más rockero, David Bowie no se inquietó lo más mínimo pues sabía que Ziggy sí iba a cubrir sus expectativas. Lógicamente frente al público este Hunky Dory acabaría eclipsado ante el tamaño de lo que vendría después, pero para los analistas éste es un disco fundamental para conocer al artista tanto desde la perspectiva biográfica como desde el vistazo más artístico. Al fin y al cabo ignorar a Hunky Dory es ignorar al germen de lo que vendría desde Ziggy Stardust hasta Heroes o Let’s Dance.

Marc Bolan (como gran rival), el fracaso económico del anterior álbum y el viaje a Estados Unidos en busca de inspiración forjaron Hunky Dory, claro, pero sin la dificultad es evidente que Bowie podría haberse conformado. O no. Mucho de lo que llegaría después tendría entidad por sí mismo, sin necesidad de responder preguntas parciales o temporales, pero es de justos agradecer la oportunidad derivada de la sospecha pues permite materializar un cariño que queda muy por encima de lo que podría ser el hablar de nuestro disco favorito de un artista que acaba de fallecer.

9.4/10

El camino de verdad empieza aquí, prometido, y de lo que aquí se habla y lo que aquí se escucha marca todo lo que ha venido llegando durante cuatro décadas de música. Esa es la importancia real de Hunky Dory, un disco que es mucho más de lo que parece y que llegó firmado por un artista que siempre fue más de lo que el público quiso o supo ver. Hoy las preguntas sobran, las respuestas las sabemos todos.

Esas bombas nucleares están cogiendo polvo.

  • Jerry

    Yo siempre he tenido “Hunky Dory” en mi TOP 3 de los mejores discos de Bowie, más que nada por que es un disco inesperado, que salió prácticamente de la nada. “The Man Who Sold The World” nos dejaba uno sabor de boca amargo (en el buen sentido), ácido, mientras que “Hunky Dory” es una dulzura satinada de salinidad que nadie se esperó. Es el paso del progressive más oscuro, al glam más fashion.

  • Alex Pereira

    hay alguna intencion de terminar este especial?