El tamaño si importa (LXVII): ‘Indian Love Song’, de Dirty Three

El post-rock en su estado embrionario y, aun así, diferente a los posteriores cánones.

Dirty-Three

Nunca ha llegado a ocupar tantas primeras planas como su por durante muchos años inseparable compañero Nick Cave, pero es imposible negar que el talento artístico que atesora Warren Ellis es, como poco, astronómico. Un músico que vive su arte de la misma manera que él nunca debería ser ignorado, debería ser admirado, loado, reverenciado. Ya sea armado firmemente con su afilado violín o, si la situación lo requiere, aporreando viscerálmente una guitarra, este sabio barbudo siempre ha mostrado sobradas capacidades para hacernos vibrar y emocionarnos con sus aportaciones.

Y en pocos lugares se ha explayado ese talento con tanta libertad -aunque no se puede decir precisamente que Cave le haya cortado mucho las alas nunca- como lo hace con Dirty Three. Su violín es el verso libre de este trío instrumental al mismo tiempo que la vía de máxima expresión de lo emocional y lo pasional que reside en la música de los australianos. Sin embargo, se podría decir que siempre han estado en un segundo plano a la hora de hablar del post-rock cuando este estaba tomando su forma. Pero aquí aprovecho mi turno en El tamaño sí importa para hacer justicia. Soy consciente de que no será el primer artículo que busca eso, hacer justicia, y espero que no sea el único.

Para ello nos vamos a remontar al principio, cuando sacaron su primer álbum al poco de formarse. Ellis, Mick Turner y Jim White eran músicos con experiencia previa, especialmente el primero que por ese momento se acababa de incorporar a Nick Cave and the Bad Seeds, y deciden juntarse para darle una vuelta de tuerca al rock y al folk que se había estado haciendo hasta ahora. El resultado se reflejó en Dirty Three (Torn & Frayed, 1994), siendo la primera piedra de una discografía más que sólida y notable y también el lugar donde se encuentra una de sus piezas más definitorias y brillantes.

Ahí, nada más empezar el álbum, se erige ‘Indian Love Song’ con sus titánicos diez minutos y once segundos de auténtico post-rock embrionario y, aun así, distinto al habitual durante muchos años posteriores. Las claves ahí están: ritmos poco acelerados, más bien pausados, percusiones casi hipnóticas, guitarras que te van atrapando para luego sacudirte en la cara. Y ante todo, un violín sonando con rabia y con energía, rompiendo por completo de la manera tradicional en la que suena y se emplea dicho instrumento. El resto no requiere más explicación, sólo meterse de lleno para dejarse asombrar con el viaje, con los desarrollos, con los vaivenes. Porque esta es una de esas canciones tan perfectas para perderse en ellas.

  • Decemberists, Dirty Three y Mercury Rev este fue el cartel del ultimo Wintercase en 2005. Warren Ellis no me decepcionó en absoluto. El directo es denso e intenso a la vez . Warren parecía un Ian Anderson del violin, posturas imposibles mientras le daba al violín y le gustaba provocar ligeramente al público. Tengo muy buenos recuerdos de aquella noche.
    Buena elección para la sección.