El tamaño sí importa (LXX): ‘The Quotidian Beasts’, de Phosphorescent

Una bestia en forma de barroquismo y alcohol

Phosphorescent (1)

Supongo que ahora, ponderada su proyección con la debida perspectiva que ofrece el tiempo, es necesario definir a ‘The Quotidian Beasts’ como una de las canciones más descomunalmente monstruosas de lo que llevamos de década, quién sabe si de siglo. Quizá a largo plazo aquel estupendo Muchacho (Dead Oceans, 2013), que contenía muchas otras joyas además de la citada aquí hoy y que glosó injustamente pocas listas de lo mejor de su año, quede como el depósito necesario, el continente obligado, a tan magnífica composición. Lo desconozco: ni la carrera de Phosphorescent ni la propia ‘The Quotidian Beasts’ gozan de suficiente reconocimiento, de suficiente recorrido en la cultura popular, como aventurarse a tan magnas divagaciones.

Escuchándola, sin embargo, no queda otro remedio que rendirse a la magnificiencia a la exageración, a los castillos en el aire. ‘The Quotidian Beasts’ es una bestia cotidiana en forma de oda a la imaginación, de juegos y estructuras futuras imposibles. Hablar de ella en un permanente supuesto atemporal es hacerle toda la justicia que requiere. Supongamos por un segundo que planteamos esta oda elegíaca en términos terrenales: compositor más o menos dotado escribe una canción de siete minutos preñada de arreglos psicodélicos, reverb, folk barroco y un crescendo de manual; canción aterriza en la mente despistada de alguien ajeno a la carrera del compositor de turno; oyente deposita diversas experiencias personales en la construcción sonora albergada en su memoria; canción se convierte en icono emocional. Hecho, es simple.

Psté.

phosphorescent

Ha de ser más complejo. Por un lado, influye el encanto de lo exagerado: ‘The Quotidian Beasts’ es una canción folk que, al contrario que las peroratas monótonas y repetitivas de Bob Dylan, opta por alargarse todos los minutos que sea necesario desde una extremada riqueza sonora. En su recta final, Phosphorescent funde panderetas, trompetas, pianos, maracas y diversas capas de guitarras eléctricas. Todo a la vez, acompasado por un motto lírico evocador, simple e imbricado, a base de alargamientos vocales y grititos, en el cuerpo sonoro de la canción. Un cuerpo poderoso y caldeado, una versión de Blonde on Blonde (Columbia, 1966) digerida con vino y metanfetamina. Es un lamento bohemio, una resignación exaltada de la nocturnidad.

El éxtasis casi siempre es la muerte de todo cuanto es bello. El camino es, casi siempre, un bellísimo camino de autodestrucción al que, en tiempos de bonanza, siempre se regresa con cierta nostalgia en la memoria. El final de ‘The Quotidian Beasts’ es el resultado de un camino de maravilloso talento

Porque aquí tenemos la otra pieza clave que explica mi fascinación por ‘The Quotidian Beasts’: su desfiguración radical de la idea de melancolía. El universo lírico y simbólico de Phosphorescent, aquí, lo deja relativamente claro: las bestias cotidianas de las relaciones sentimentales siempre se encuentran en la puerta de salida, en el rellano de despedida, cuando el tratamiento mutuo ha entrado en fase de intoxicación. Está contaminado, es peligroso, es radiactivo, aléjate de él. Por ahí, ‘The Quotidian Beasts’ opta por abrazar tal monstruosidad, los fantasmas del amor que producen bestias, y se sumerge en idéntica intoxicación —de instrumentos, de alcohol— a lo largo de cuatro estrofas casi idénticas, un peldaño sobre otro hasta el éxtasis final.

Phosphorescent-Muchacho

El éxtasis casi siempre es la muerte de todo cuanto es bello. El camino es, casi siempre, un bellísimo camino de autodestrucción al que, en tiempos de bonanza, siempre se regresa con cierta nostalgia en la memoria, el encanto de aquella época en la que todo parecía fuera de control. El final de ‘The Quotidian Beasts’, siete minutos después, siete minutos de autoindulgencia emocional, es el resultado de un camino de maravilloso talento musical. De una bestia a la que volver tantas veces como sea necesario en el futuro.



*Por supuesto que esta canción ya había aparecido en la sección. Por supuesto que nos da igual.

Hardcore will never die, but you will.

  • Pablo Heyssel Smith

    Es todo un temazo, emocionante e intensito, pero… ¿dedicarle dos artículos en menos de un año? ¿Cómorrlll?
    PS: Aunque por Phosphorescent, patatas fritas.