El Último Vecino – Voces

Su segundo trabajo nos desengancha, y tiende a aburrirnos

voces

Si hay algo que amo y odio al mismo tiempo es la gente inteligente. La muy inteligente, quiero decir. La que sabe mucho de muchas cosas, o al menos muchísimo de alguna en concreto. Y que además sepa comunicar bien todo su conocimiento. Que te quedes embelesado escuchando hablar sobre lo que sea, con gran erudición. Si a eso le sumas pasión en su voz, ya ni te cuento. Al tiempo que admirarla, no puedo evitar odiarla un poco. Imagino que algo habrá de celos. Bueno, no lo imagino, lo sé. Envidia. No hace falta que nadie me diga que eso es un sentimiento ruín, porque ya lo sé. Pero todos tenemos nuestras mierdas. Es como acompañar a algún conocido a un museo y, ante un cuadro en concreto, ver cómo te explica con sapiencia y frenesí lo que esconde la obra. Cada una de sus esquinas, y te la encuadra en el marco histórico en el que fue parida. Y tú no entiendes nada, y te sientes algo imbécil.

Todas las voces son la misma

Algo así me pasa con lo de Voces (Canada/Club Social, 2016), el segundo largo de los barceloneses El Último Vecino. Entiendo que deben tener un encanto fascinante. Ahí está su repercusión y su relativo éxito, su acúmulo de críticas notables y todo eso. Mientras ello sucede, yo me quedo un paso atrás, y miro con cara de esfuerzo. Estrechando mucho los ojos e intentando encontrar todos los atractivos que la gente encuentra a su música. Pero solo lo consigo a veces, en una discusión interna entre dejarme llevar y no perder el sentido. Desde un punto de vista quizás superficial, pero al fin y al cabo personal e intransferible, sigo encontrando en Voces los problemas que en su día hallé en El Último Vecino (Domestica Records, 2013). Un tono excesivamente monocorde, roto solo en contadas ocasiones y que me acaba generando una inevitable sensación de aburrimiento.

La cuestión es que Gerard Alegre ha conseguido acumular halagos ante el advenimiento de su segunda criatura (y media, que no olvidamos el EP Tu casa nueva), pero por aquí vemos renacidas las referencias ochenteras -aunque el disco pretende acercarse a sonidos más 90’s- que menos echábamos en falta, la apariencia estética (sí, lo siento, pero aquí todo cuenta y todo suma) que no acabamos de digerir. El tramo inicial de Voces tiene momentos agradables. Cosas interesantes, como diría Ferraia. Ese homenaje al ‘Some Girls Are Bigger than Others’, de The Smiths nada disimulado en ‘La noche interminable’ o su predecesora, ‘Antes de conocerme’ consiguen alcanzar ese hedonismo al que se supone que aspiran, pero lo que en un inicio resulta complaciente, va tornando poco a poco en tedio. El título del disco, así, en plural, quizás no haga honor a lo que uno se encuentra dentro. Un conjunto de temas en los que, hasta que llega ‘Mi escriba’, con seguridad el mejor tema de Voces, más allá del ecuador, la heterogeneidad brilla por su ausencia. Una sola voz.

4/10

Así que aceptaremos que, probablemente, somos nosotros los que no conseguimos encontrar la belleza de este cuadro en concreto. De la portada con boca del propio Alegre. Boca y voz. Una voz que, según palabras del propio líder de la banda, pretende inspirarse en la voz femenina de la ópera, comparándose con ejemplos del estilo de Freddie Mercury o Morrissey. En todo caso, por mucho que esta media hora se nos haga larga, y que no encontremos demasiados motivos para esperanzarnos con el futuro de la banda (cuando por lo visto el presente estuvo a punto de no existir, pues Alegre vivió una crisis que le hizo pensar en dejarlo), nos alegramos de que otros sí lo hayan percibido, y de un éxito que se nos hace ajeno. Es cierto que tampoco le pillé nunca la gracia a Freddie Mercury.

  • No llega ni a meh

  • Josella

    Me jode porque el primero me había parecido bastante bueno. Este, sin embargo, se queda muy flojo (no sé si un 4, porque las notas me la vienen sudando un poco). Me parece curioso porque no creo que el sonido se aleje demasiado de su primer trabajo. Quizá sea eso, que se hayan estancado.

    • Josella

      Ah, y la portada me parece horrible. Tenía que decirlo.