Jozef Van Wissem – When Shall This Bright Day Begin

¿Se puede montar un gran disco en torno a un laúd?

cover

Buscamos miles de metáforas para intentar describir aquello que ya anunciamos que “no se puede contar con palabras”. Es una especie de excusa a priori, para posteriormente intentar hacerlo, habitualmente con escaso éxito. En música es especialmente complicado hablar de ciertos sonidos, trasladarlos al papel (sí, por aquí todavía hay quien escribe sobre papel) e intentar juntar las palabras exactas para, cuando menos, transmitir las emociones que un disco te provoca. Claro que es mucho más duro cuando ninguna de esas emociones llega a ti. Así, buscamos referencias a artistas pasados, decimos que un disco es ideal para escuchar mientras el viento y el sol de otoño van arrancándole a los árboles las hojas de cuajo o, por ejemplo, que una canción determinada nos recuerda a cuando en verano nos dejamos llevar por las siestas en la hamaca del jardín. Es particularmente difícil hablar de discos más experimentales, sin letras, sin instrumentos o fórmulas habituales. Pero debo intentar hacerlo, aún a riesgo de fracasar.

Atreviéndose a dibujar paisajes con un laúd

El fracaso no debería ser un miedo real en una simple crítica, comparado con lo arriesgado que es intentar hacer carrera artística de la manera en la que el alemán afincado en Brooklyn, Jozef Van Wissem, la hace. Curtido en la música tradicional del este de Europa, el buen hombre ha llevado al mínimal y a la música clásica a un terreno absolutamente personal e intransferible. Toca el laúd. Lo toca como nadie. Consigue hacer cosas preciosas, excesivas, arriesgadas y auténticamente locas con él. Así, más o menos, podríamos dar la revisión de este When Shall This Bright Day Begin (Consouling Sounds, 2016) por cerrada. Pero intentemos ir un poco más allá, y hablar del viento que lastima en la cara, o de lo inhóspito de la tundra.

Contaba Van Wissem en una entrevista concedida a The Quietus con motivo del lanzamiento de It Is Time For You To Return (Crammed Discs, 2014) que llegó un punto en que tuvo que abandonar el bar que regentaba en Groningen para intentar dejar su vida de drogas y rock and roll y reformularse como artista. Obviamente, Brooklyn parecía un buen lugar para encontrar inspiración (otra cosa es que sea el más indicado para dejar atrás la perdición). Desde entonces, Van Wissem ha venido entregando discos a razón de uno por año, y este When Shall This Bright Day Begin es la enésima muestra de que su bizarra propuesta puede funcionar fantásticamente. Llevar el folk a su rincón más oscuro y extremista, y salir vencedor con muchos cuerpos de distancia.

Seguramente sea When Shall This Bright Day Begin ese tipo de disco que tienes que pensártelo mucho antes de recomendar a nadie. Un trabajo extremo, uno de esos que fascina o genera auténtica aversión

Van Wissem, que habitualmente buscaba colaboraciones para sus trabajos, no deja de hacerlo en este caso. Jim Jarmusch es su mano derecha. Ambos han trabajado juntos en el cine (terreno, obviamente, en el que Van Wissem se mueve a menudo para dar más lustre a su pecunio) y grabado discos juntos. En este caso la voz acompañante en ocasiones a la de Van Wissem es la de Zola Jesus, a la que probablemente conoce del tiempo que compartieron sello, Sacred Bones. Con ella muy al fondo abre el disco, en ‘To Lose Yourself Forever is Eternal Happiness’ y va trazando unas líneas que pretenden, no sé si consiguen, llevar un sonido de aire tan medieval como el del laúd a un terreno más contemporáneo. El resultado, independientemente del éxito de ese objetivo, es para enamorarse un poquito. Dosis de fascinación luminosa y el eco de ‘Detachment’ a ese enorme tema oscurísimo que es ‘Ruins’, de nuevo con una Zola Jesus que ojalá hubiese metido más peso de sonidos similares en su Taiga.

7,7/10

Seguramente sea When Shall This Bright Day Begin ese tipo de disco que tienes que pensártelo mucho antes de recomendar a nadie. Un trabajo extremo, un Árbol de la vida llevado a la música. Uno de esos que fascina o genera auténtica aversión. Pero como hemos venido aquí a jugar y arriesgar, obviamente el firmante indica que una escucha de este disco debe efectuarse obligatoriamente y, a partir de ahí, agradecérselo o acordarse de sus generaciones pasadas. Aquellas que hubiesen disfrutado de la compañía de un Jozef Van Wissem tocando el laúd en una oscura esquina de aquel viejo bar que regentaba, y que un día decidió abandonar.

  • Serge

    Es un álbum precioso, lleva tiempo en su Bandcamp, y ya no sé cuantas veces me lo he puesto. También vale mucho la pena su trabajo en “Only Lovers Left Alive”, con un poco más de ruido de por medio.