Obsidian Kingdom – A Year With No Summer

Obsidian Kingdom han vuelto a acertar rotundamente con A Year With No Summer. Y todo apunta a que van a seguir haciéndolo

OKAYWNS

Los caprichos del subconsciente nos llevan a crearnos ideas tan equivocadas como esa que siempre he tenido en mente de que la virtud estaba etimológicamente relacionada con el término de virginidad, asemejándolo a la pureza de la cualidad que poseemos por nacimiento, como restringiendo la capacidad de ejercerla solo para aquellos premiados desde el principio de nuestra historia.

El discurso aparenta cierta lógica y puede que en principio muchos lo acojan, pero un paseo por la filosofía moderna nos estampa la realidad de sopetón, recordándonos eso de que la virtud sólo podía pertenecer al hombre según los clásicos y que la respuesta al patriarcado recalcitrante más que centrar el foco en lo importante hizo un remiendo que dejó contento a quien lo necesitaba y un vacío discursivo para todos estos románticos que siempre han considerado al poseedor de la virtud como alguien puro, hermético a la influencia y renuente a compartir el secreto de su éxito.

El soporífero ensayo podría acabar aquí pero lo nuevo de los barceloneses Obsidian Kingdom viene a materializar el dicho chabacano y vulgar de que la ocasión la pintan calva. Y lo hace porque lo suyo tiene más de trabajo que de aptitud innata, tiene más de influencia bien encaminada que de inspección selvática hacia tierras inhóspitas, tiene tanto de alegato viril como de emotividad femenina a pesar de que estas analogías no pueden ir más desencaminadas. A Year With No Summer (Season of Mist, 2016) es, sin duda, un ejercicio de virtuosismo que no cumple ninguno de los cánones que se supone debe cumplir una obra virtuosa, ni siquiera ese que en lo musical y en el mundo del Prog a muchos les lleva a pensar en masturbaciones a miembros de madera y dedos capaces de dibujar mil acordes por minuto.

¿Por qué, a pesar de todo lo anterior, este pedazo de álbum es una constatación de virtudes aunque no responda a ninguno de los arquetipos esperados? Pues precisamente por eso, porque desde el eclecticismo más potente resquebraja el término para modearlo desde cero a su antojo, sin colmos ni alardes, pero con esa sensación de disco redondo al que muy pocas bandas hoy en día pueden siquiera aspirar. Lo llaman trascendencia, y al llegar ella importa mucho más el hecho en sí que el medio escogido.

A Year With No Summer: la pesadilla de lo inesperado, la rutina que se diluye

No deja de ser curioso que una de las primeras cosas que crea necesario decir al respecto de este impactante A Year With No Summer no sea sino recordar la analogía de la que me serví para describir a Mantiis (Autoeditado, 2012). Y digo esto porque, segunda ocasión que los de barcelona sacan disco, y segunda ocasión en lo que los vemos emerger del recuerdo que teníamos de ellos como una entidad nueva, como una grácil estructura que se eleva con un impulso que deja atrás a los cimientos y que se aferra a un horizonte para avanzar de forma voraz pero segura.

One day the skies will dye white
Lay bare the bones of buildings
And the screams will fill these dirty streets
One day the skies will dye white

Metamorfosis, transformación, evolución, búsqueda discursiva. El caso es que da igual la alusión pues lo importante es el resultado, el discurso desarrollado y lo acertado de las palabras escogidas. Ésta es probablemente la principal virtud de los barceloneses, y aunque sea una cualidad que han ido puliendo y limando tanto en su etapa en el anonimato como en ésta en la que parecen consolidarse como una de las bandas más prometedoras del panorama europeo, la ejercen con el aplomo y la seguridad del que la ha detentado desde la cuna, del que como poseedor de la capacidad había venido siendo llamado prodigio pues para demostrarla había tenido que superar más barreras que el resto, más dificultades que aquellos que se crían en parajes más fértiles que el nuestro.

La influencia nunca puede ser un lastre si es un simple punto de partida, una referencia discursiva a la que se acude circunstancialmente en vez de convertirse en leitmotif

¿Significa todo esto que por culpa de los cambios de la formación y la voraz exploración sonora Obsidian Kingdom hayan renunciado a lo que ya en 2012 para muchos era una propuesta personal a pesar de las claras influencias? La verdad es que no, ya que por contra de lo que muchos puedan pensar la influencia bien entendida nunca puede ser un lastre ni un pero lanzado a la cara del que la ejerce y practica, sobre todo si hablamos de bandas que solamente las utilizan como punto de partida para generar una narración en la que la virtud es una simple herramienta que no implica atadura de cara al fin, un relato que se sirve de los géneros como meros elementos de transmisión de emociones sin encerrarse en ninguno de ellos pues de la utilización de los mismos como herramientas depende la legitimidad y veracidad de lo que en el minutaje cuentan.

Obsidian Kingdom nos hablan en su segunda larga duración de un caótico mundo en el que no va a haber verano. Con cielos llorando hielo, tempestades que azotan la ciudad y retraen el espíritu. Con perspectivas funestas pues quien mata al ocio y al descanso nos mata como civilización. Y para hablar de todo ello se sirven del Shoegaze, del Black Metal o del mundo Postprogresivooloquesea. Y no lo hacen como alarde de capacidades mutidisciplinares ni como exhibicionismo vacuo. Lo hacen porque en la narración así lo estiman conveniente, porque su historia lo pide, porque de lo contrario A Year With No Summer no funcionaría como banda sonora para su propia historia de superación personal ni como para ésta de maldiciones, desamparo y tristeza que a golpe de riff, efecto electrónico o grito desconsolado han decidido contarnos.

¿La principal virtud? Que nadie sepa cuál va a ser tu próximo paso

Todo lo anterior nos deja en ese punto que muchos creen un abismo ante lo desconocido. Obsidian Kingdom sorpenden pues en solo dos discos han logrado más que muchas otras bandas consiguen en cinco, y lo han hecho con firmeza aunque la apariencia pueda llevarnos a pensar que lo suyo son volantazos en pos de un camino seguro y que proporcione certezas.

Obsidian Kingdom han logrado en dos discos más que muchas otras bandas en toda su carrera. Hacen de lo imprevisible lo esperable, y lo hacen con increíble solvencia

Entendida la ambición como el ansia por crecer sin que ello suponga de inicio abarcar más terreno del que las capacidades propias puedan aconsejar, no cabe duda que los de Barcelona son una de las bandas más ambiciosas del panorama actual, y detentan esta medalla sin que la búsqueda estilística o genérica suponga un menoscabo a su credibilidad sino lo contrario, logrando que ésta última se sustente precisamente en lo ecléctico de su propuesta y en la capacidad de sorprender sin que ello suponga negar que su nuevo disco suena precisamente a ellos.

En estos tiempos que corren construir un relato que resulte creíble y atribuíble desde la experimentación y la exploración sonora es algo que está al alcance de muy pocos grupos, muriendo muchos en el camino por dar bandazos sin una dirección fija ni un destino aparente. Obsidian Kingdom no son uno de ellos pues a pesar de que lo imprevisible sea lo más esperable en lo que a ellos respecta, tienen muy claro qué es lo que quieren hacer con su carrera, saben cómo llevarlo a cabo y lo consiguen con la solvencia de aquel que detenta la virtud como producto de la superación personal en vez de por providencia divina.

Esto nos devuelve al punto de partida en la reflexión inicial y a la consideración de A Year With No Summer como uno de los discos más impactantes que vais a escuchas este 2016. Y lo es ya no sólo por el alarde ecléctico de una banda capaz de construir desde la coherencia alegatos aparentemente impropios en la partida, sino porque como álbum encierra momentos brillantes desde la elocuencia y otros desde la recompensa a la reincidencia, y lo hace sin tener que extenderse nada más de lo estrictamente necesario.

9.2/10

¿No me creéis? Ya estáis tardando en hincar el diente al disco que consolida a Obsidian Kingdom como la banda más ambiciosa y creíble del Metal español. ¿Exagerado? Eso es porque no creéis en el trabajo como virtud y consideráis a la bandera como una barrera infranqueable. Y lógicamente implica que, tras años y años de peroratas como ésta, no habéis aprendido la lección. Allá vosotros.

Esas bombas nucleares están cogiendo polvo.

  • Poco mas que añadir a la crítica. Creo que lo que hicieron en Mantiis era soberbio, pero aquí han demostrado una capacidad de poder cambiar el rumbo, adaptarse y seguir sonando geniales. El disco se ha de escuchar con calma y darle tiempo para poder apreciar todos los matices, la verdad es que tengo ganas de ver como funciona en directo.

  • Dando totalmente la razón en cuanto a la valentía y la capacidad de evolución mostrada en este disco, me quedo con Mantiis. Aquel era para mi perfecto, contenía retazos de todo lo que me gusta, y este, me resulta simplemente un poco menos impactante.
    Hecho en falta la combinación usando voces mas guturales, pero tampoco es un problema.
    Lo bueno, que ambos son dos pedazos de discos de los que retratan a las bandas encaminadas a ser muy muy grandes.

  • Alarch

    Ciertamente me ha sorprendido, no me esperaba un disco así. A falta de más escuchas, me gustó más el primero; pero me uno al aplauso ante el trabajo, la valentía y la creatividad de esta banda.

  • Fran Vazquez

    BAZOFIA