Ólafur Arnalds & Nils Frahm – Trance Frendz

Cuando estos dos se juntan, nada malo puede ocurrir

Ólafur Arnalds

Bajar solo a tomar una caña y volver a casa cuando amanece contra salir a darlo todo y aburrirte tras la primera copa. Lo de encontrarse con una improvisación que cambia tus planes preestablecidos siempre resulta enormemente placentero. Incluso ese atisbo de remordimiento de conciencia que asoma al día siguiente, cuando tu cansancio y segura resaca quiere hacerte ver que ya no estás para según qué trotes, pero el recuerdo de las risas acaba ganando el combate por k.o. técnico. Hasta eso resulta agradable. Hasta las consecuencias negativas. Porque conseguir romper los corsés que nos ayudan a mantener unas rutinas que nos protejan en el día a día, a veces no está mal. No está mal casi nunca. Y precisamente porque eso ocurre en tan pocas ocasiones, porque se aparta de la costumbre, resulta tan satisfactorio y deleitoso.

Ólafur y Nils saliendo a tomar solo una caña

Para eso, para unas cañas, habían quedado dos viejos amigos: Ólafur Arnalds y Nils Frahm en el estudio berlinés del segundo. Solo ellos saben si lo que surgió después estaba preparado con mayor esmero del contado o no. La versión oficial es esa, nos vemos para improvisar algo de lo que quizás vaya saliendo otro disco juntos, y de paso nos grabamos un informal vídeo chulo, en el que se muestra toda la elaboración del disco, en apenas unas horas de compartir notas entre colegas. El resultado final es Trance Frendz – An evening with Ólafur Arnalds & Nils Frahm (Erased Tapes Records, 2016). Otra de las ya innecesarias muestras de que asistimos a una auténtica edad de oro en la neoclásica, llena de enormes trabajos. Y seguramente con el islandés y el alemán, trabajando juntos con cierta asiduidad, entre sus mayores promesas de presente y futuro.

Trance Frendz es, como su nombre alternativo indica, un paseo por una noche con Arnalds y Frahm improvisando, con los cortes precisos para extraer las siete canciones que contiene. Sin editar, tal cual surgieron, tal cual se muestran. Unos bellísimos paisajes sonoros que, naciendo en un escaso puñado de metros cuadrados con escaso espacio para dar un paso entre instrumentos y demás maquinaria, dejan un poso de madurez compositiva espléndida. Así van transcurriendo los minutos, desde la ‘20:17‘ inicial, que marca la ya tardía hora en la que el proyecto comenzó a ver la luz. Una canción que se transforma en caricia, con Ólafur y Nils de espaldas el uno al otro, pero sin necesitar más que un pulso cardíaco similar, para darse la mano y regalarnos momentos tan bellos como ese o el siguiente y delicadísimo ’21:05′, antes de que caiga la noche irremediablemente, dejándose llevar por el misterio y la llegada de la faceta más ambient: ’23:52′. Casi llegando a un nuevo día, traspasando las barreras a menudo invisibles. Dibujando una vista fría y poco acogedora.

8,1/10

Una transición que tiene un camino continuista en ’00:26′, probablemente el corte más prescindible de Trance Frendz, algo más espeso y exento de capacidad para emocionar y sensibilizar. Un bache pequeño, del que la pareja norteña se recupera con eficiencia, en ese entremés fascinante y hechicero que es ’01:41′, y que se solidifica de forma inapelable con otro corte soberbio, para dar ya final a la noche: ’03:06′. A partir de ahí, puede que pesen los párpados, que se acepte que es hora de recogerse de verdad, que el plan de la caña inicial se ha estirado todo lo posible. La velada quedará para el recuerdo. Como una de esas en las que, aún varios meses después, nos arranca una sonrisa melancólica, una carcajada explosiva. La compañía no pudo ser más grata, con la ventaja, además, de que uno no tendrá que hacer un esfuerzo memorístico en la búsqueda de anécdotas. Tan solo volver a escucharlo.

  • Josella

    Mola. Hace unos años ya habían hecho una improvisación juntos que estabas que te cagas…