At the Drive-In en concierto en Barcelona (Sala Razzmatazz, 10-04-2016)

Concierto por y para mitómanos, pero carente de fuerza

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Pocos conciertos están rodeados de la expectación que ha tenido la vuelta de At the Drive-In. En mi caso eran 16 los años que llevaba esperando ver a este grupo. Y siendo honesto había perdido la esperanza de que alguna vez se reunieran de forma duradera (en 2012 lo hicieron temporalmente) debido al éxito de Mars Volta, la banda en la que se embarcaron después de la separación varios de sus miembros.

El principal motivo de esta expectación fue el peculiar momento en que se separaron. Tras dos buenos discos, Acrobatic Tenement (Flipside, 1996) y In/Casino/Out (Fearless, 1998), At the Drive-In lanzó una auténtica joya: Relationship of Command (Grand Royal, 2000). Uno de los mejores discos dentro del post-hardcore. Y un año después se disolvieron. Toda una generación se quedó con la miel en los labios de haberlos descubierto en su mejor momento musical para comprobar que no los disfrutarían en directo.

Varias horas antes de que comenzara el concierto los asistentes al mismo ya llenaban todos los bares de Poblenou que rodean la barcelonesa sala Razzmatazz, que acogía el evento. En estos el ambiente que se respiraba era el de poder sacarse una espina mucho tiempo clavada. Casi podía decirse que ésta era la verdadera gira de Relationship of Command.

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Una vez dentro de la sala, los encargados de telonear y caldear el ambiente fueron los mexicanos Le Butcherettes. Y vaya si consiguieron su objetivo. Podría decirse que a pesar de ser un trío consiguieron llenar el escenario pero no sería del todo exacto. Más bien fue a su vocalista Teri Gender Bender a la que se le quedó pequeño el recinto. Su continuo deambular esparcía un histrionismo y provocación hipnóticos que impedían apartar la atención de ella. Esta actitud, sumada al ruidoso garage-punk que practicaba la banda, dieron una potente actuación visual y sonora.

Prácticamente todo el protagonismo se lo llevaron voz y batería que iban seguidos de lejos por una guitarra solista que aparecía y desaparecía, un bajo difuminado y una guitarra rítmica que no apareció por ninguna parte

Y finalmente llegó el plato fuerte. At the Drive-In salieron en tromba al escenario abriendo con la canción perfecta: ‘Arcasenal’. La misma que dio comienzo a su último disco y que tiene una apertura con uno de los crescendos más brutales con los que se puede empezar una actuación. En este sentido, el repertorio no falló e hizo un repaso de todos sus éxitos. Y por otra parte, el cantante, Cedric Bixler-Zavala, ejerció de frontman total derrochando energía y sin dudar en lanzarse sobre un público entregado.

En el lado menos positivo quedó un sonido mediocre y desnivelado. Prácticamente todo el protagonismo se lo llevaron voz y batería que iban seguidos de lejos por una guitarra solista que aparecía y desaparecía, un bajo difuminado y una guitarra rítmica que no apareció por ninguna parte. Este hecho fue especialmente sospechoso porque la banda anunció a pocos días de comenzar la gira que la persona que ocupó este puesto, Jim Ward, no participaría en ella, con lo que su sustituto no pudo tener mucho tiempo para ensayar.

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Detalles como el deficiente sonido, la injustificada exclusión de Ward o la poca comunicación que se percibió entre los músicos hacen bajar las esperanzas respecto a la grabación de nuevo material que se anunció junto a la gira. Pero todas las pegas que se puedan encontrar dieron igual a seguidores que llevaban 16 años esperando este concierto y pocas caras sin una sonrisa de oreja a oreja pudieron verse a la salida.

Breve comentario de Mohorte, también presente

Suscribo la práctica totalidad de lo comentado por Sediles, pero con algunos peros. El principal: creo que, pese a todo el fetichismo y el aire de consagración al mito que se respiraba tanto en los alrededores de la sala como una vez dentro del escenario, el sonido no estuvo a la altura. Cuando sonaron los primeros acordes de ‘Pattern Against User’ las primeras filas estallaron en el habitual pogo descontrolado y pleno de fogosidad tan dado a los conciertos de Hardcore. Pero a mitad de canción, la llama se había apagado: no por falta de entusiasmo entre el público, sino porque faltaba potencia (sin cuerpo, sin bajo, sin guitarra rítmica).

Lo peor es que ni siquiera se puede culpar a At The Drive-In de carencia de actitud, quizá un temor latente en mi subconsciente después de tantos regresos descafeinados y por puro. El grupo estuvo bien, intenso y entregado —aunque por el precio de la entrada, no hubiera pasado nada por quince minutos más de concierto—. Pero poco fino. Por momentos, sólo se componía de voz y batería, con Omar desvariando a la guitarra solista. A menudo, los cambios dinámicos entre estrofa y estribillo carecían de variación, eran un continuum donde la fuerza de Relationship of Command, pura expresión agresiva y enérgica, se diluía en el ambiente.

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  • Alarch

    Pues qué putada. Últimamente, varios conciertos a los que he ido también han pecado de un sonido “poco potente”, no del todo cohesionado y sobre todo falto de volumen. De hecho me pregunto si es que hay una nueva regulación de control de decibelios o algo así… O igual me estoy quedando sordo yo de darle tanto meneo a los tímpanos.

    Y Mohorte, tus “peros” a la crítica ya estaban contemplados dentro de ella. Cosas que pasan.

    • David Sediles

      Yo también llevaba un tiempo con la misma conspiración sobre si habían bajado los límites de volumen en los conciertos. Porque dos días antes estuve en la misma sala y la música que pinchaba el dj sonaba más potente que el concierto.

      • Alarch

        Pues habrá que averiguar… Y en caso de que sea cierto, hacer la revolución.

        • David Sediles

          Motivos mucho peores he visto.