Cavern of Anti-Matter – Void Beats/Invocation Trex

Intensidad, evocaciones cósmicas y un poco de psicodelia, para qué queréis más

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Pasó el tiempo del krautrock. El de los grandes clásicos; hoy en día apenas quedan dinosaurios de los que se dedicaban a tan honorable tarea. Sin embargo, no son pocos quienes siguen encantados de dar alegrías al populacho con el motorik, sean de aquí o de allá. Cómo no, después de décadas los cánones siguen vigentes, pero cruzados con nueva maquinaria electrónica como la de Cavern of Anti-Matter, que este año han publicado su segundo largo, Void Beats/Invocation Trex (Duophonic, 2016), este presenta muchas más aristas. Además, con este trabajo, los ingleses han elaborado su disco más ambicioso y completo.

Si bien podemos identificar a Cavern of Anti-Matter como el proyecto de Tim Gane y Joe Dilworth, conocidos por ser miembros de Stereolab, es la válvula de escape que comparten con Holger Zapf y en la que dan rienda suelta a la vena Kosmische de una forma mucho más desarrollada que con el conocido grupo londinense. De hecho, con es te trío, sus producciones anteriores tenían un cariz bastante más primigenio, más experimental; un material propio de las incursiones sonoras que en los setentas y finales de los sesenta se hacían en esas coordenadas sonoras. Algo que ha cambiado radicalmente ahora.

Void Beats/Invocation Trex es un disco mejor en todos los sentidos. Conceptualmente es un más rico que lo que han hecho anteriormente, acudiendo al kraut más canónico cuando toca, pero también entremezclándose con una parte electrónica más accesible y que puede recordar al lado más pop de Stereolab. Además de la mejora en la producción, pues tiene un muy buen acabado, es más ambicioso también por haber contado con Bradford Cox, el Querido Líder y monstruo de la composición en Deerhunter, Sonic Boom, uno de los pilares de Spacemen 3 y Jan St. Werner, uno de los tres miembros de Mouse on Mars. Quizá un intento de que tenga más tirón comercial, pero sin lugar a dudas, un marco que a priori pinta bastante bien.

Apostar mejor por la vertiente electrónica del kraut

Y así se refleja en el álbum, una obra para los enfermos de los spectrum y los motores electrónicos teutones. El trío tiene la virtud de combinar esas facetas con la musicalidad y la melodía de otros temas que incluso saliendo de los patrones kraut son pequeñas joyas sintéticas. Empezando, por supuesto, por el corte encargado de abrir el LP, ‘Tardis Cymbals‘, ideal para entrar en la (anti-)materia loops mediante; capas de sonidos cósmicos, ruido analógico y un ritmo kraut sin exacerbar. Al contrario que en temas como ‘Insect Fear‘, herederos directos de Neu! o Suicide, pero bañados en un toque electrónico mucho más efusivo.

En general, el sonido Kosmische está en casi todas las piezas, sólo que no con el habitual ritmo tan motorizado y lineal, tenemos menor cilindrada en pasajes como el de ‘Melody in High Feedback Tones‘ y otros que viran hacia terrenos más psicodélicos como es el caso de ‘Black Glass Action‘ —en la que participa Jan St. Werner—. Minutos para la lisergia gracias al buen entendimiento entre la guitarra, la percusión y el teclado, explotando los recursos que ofrece cada uno de ellos, sin cerrarse a un modo u otro de interpretar el amplio rango sonoro que tiene el kraut rock. Un trabajo en general sin vocales, salvo para esa esos respiros de pop psicodélico en ‘Liquid Gate‘, con Bradford Cox haciéndose uno con el engranaje electrónico. El otro punto vocal está con Sonic Boom en ‘Planetary Folklore‘, uno de los cortes más densos en el que hay un vocoder, lo que le da de nuevo un toque retro bastante satisfactorio.

8/10

Con este Void Beats/Invocation Trex, Cavern of Anti-Matter han hecho uno de los álbumes de kraut rock más inspirados y completos de los últimos años, en la línea de proyectos como el de Beak>, aunque sin duda el elemento diferenciador que trae esta formación es el peso electrónico. Conjugado con respetuosos detalles prototípicos del estilo en los setenta, pero bien actualizados, el resultado es bastante notable. Hay de todo y para todos: temas fantásticos como el que abre el disco, momentos muy frenéticos, bastante melodía, psicodelia y ritmos para los que aman bailar espasmódicamente. Un LP largo pero que absorbe muy bien la esencia del estilo, y para eso tenía que ser necesariamente largo.

Una caverna ideal.

Me gusta el chunda-chunda.

  • Demasiado largo y denso, para mi gusto. Se hace complicado escucharlo del tirón. Pero calidad y diferenciación hay, y no veas lo que se agradece.

    Tengo que rodarlo más.

    • A mí me parece que es lo suficientemente versátil e interesante a nivel sonoro como para que se haga largo. Pero bueno, a darle más vueltas a vel.