Chucho – Los años luz

Chucho salva la prueba de fuego de su primer disco en más de una década. Con nota

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En el panorama musical actual son tantas las reuniones que se rumorean, que intuyen, se especulan y, finalmente, se producen, que hasta dejan de hacer gracia. Salvo algún fetiche en particular, se ha perdido (o casi) el drama que suponía en su día que tal o cual banda anunciase su separación. Morrissey y Marr anunciaban que mandaban a tomar por saco a The Smiths, e iba a misa. Décadas después les sigue poniendo cachondos que la gente hable sobre ellos, tenga sueños húmedos con respecto a una reunión, pero sin noticias del tema. Especialmente respetable era la opción del que, sabiendo que se lo llevaría mucho más calentito de lo que en su día aspiró, se mantiene en su idea de que, a veces, los proyectos simplemente mueren. Me viene a la cabeza El Niño Gusano, y una conversación que mantuve en su día, hace mucho, con Vinadé, tras un concierto de Tachenko, suplicando la vuelta de los zaragozanos cuando aún era humanamente posible. Más que una conversación, fue que le di la brasa borracho, pero él, educadísimo, me explicaba que no tenía sentido, que era hacer cosas por pasta, no porque se las pidiese el cuerpo.

El regreso de unos héroes domésticos: la ilusión y el miedo

Ese desapego afectivo a cualquier tipo de reunión, como digo, aminora en caso de que se toque algún fetiche. Hace muchos años tenía una entrada comprada para un concierto de Chucho, durante la gira de presentación del fantástico Koniec (Sinnamon Records, 2004). Aquel concierto, que sería la primera vez que podía ver a Chucho en sala, fuera de formato festivalero, se suspendió sin motivo justificable aparente. Se había vendido un número más que respetable de entradas, y no se conocía enfermedad de nadie en el grupo. Olía mal la cosa. Un par de semanas después Chucho anunciaban su separación y a mí se me iban cayendo los castillos de naipes musicales que habían formado la fortaleza de mi paso a la edad adulta.

Años después, cuando en mi cabeza habían aparecido unas cuantas canas y en mi abdomen unos cuantos kilos, Chucho anunciaban una reunión para llevar a cabo una gira que repasase éxitos vetustos. Puede que ni ellos ni yo fuésemos los mismos, pero la oportunidad de aquella revancha se aprovechó y disfrutó como si no hubiese pasado ni una sola semana desde que Koniec hubiese visto la luz. Otra cosa es lo de ahora. Anunciar nuevo disco. Suena a que nos hemos venido arriba durante las giras, viendo que hubo una determinada cantidad de peña a la que le importamos hace años y, tras unas cuantas copas, soltamos un “¿qué coño?” y nos metemos en faena. La historia es conicida por repetida hasta la saciedad. El resultado final también suele ser el mismo. Un error enorme. Los mitos no se tocan.

Me enfrento a Los años luz con mezcla de sentimientos: nostalgia, miedo, ilusión, ansiedad, desconfianza. Y, tras escucharlo al completo, ya solo quedan dos: la alegría y el alivio

Así que me enfrento a la escucha de Los años luz (I*M Records, 2016) con una mezcla de sentimientos enormemente contradictorios. Nostalgia. Miedo. Ilusión. Ansiedad. Desconfianza. Y, tras escucharlo al completo, ya solo quedan dos: la alegría y el alivio. Los años luz es un disco que, salvo por algún mínimo pero que detallaremos a continuación, hace pensar que Chucho se han conservado perfectamente en el tiempo. Que las energías que los llevaron a hacer esto eran genuinas. Es más, que han sellado uno de los mejores discos de pop nacional de los últimos meses, cosa que tiene su punto de encanto y su montaña de preocupante (¿es que no ha cambiado nada en 20 años?).

Tras la agradable y breve ‘Esto es un error’, que rompe el prolongado silencio, llega un tema ya conocido, ‘Flores sobre el estiércol’: el flamenco-rock de Chucho, un sí exento de dudas. Algo tienen las letras de Alfaro, sus juegos de falsetes combinados con voces rudas, que parecen no caducar en su encanto. Y, a pesar de aquel grandioso La vida es extraña y rara, en su formato banda, en sus Chucho de toda la vida, parece detenerse el ritmo de envejecimiento. Las células carecen de capacidad de fallecimiento entre la amenazante ‘Nadie es inocente’ o las delicias pop ‘Cosas hermosas’ y ‘Un inmenso placer’, llenas de energía, optimismo y pasión, y una línea de bajo en estribillos absolutamente adictiva. El inicio de Los años luz trae cinco temas que disipan todo tipo de desconfianza.

7,8/10

Chucho se convierten en unos Love eléctricos en ‘Predicar en el desierto’, derrochan energía y cada uno de las virtudes que en su día, hace ya mucho, lograron enamorar a un puñado de fans. ‘Desidia’ pone el toque de calma de un disco que tiene como gran pero no haber conseguido entregar una de esas canciones largas y épicas marca de la casa, al estilo ‘El vientre del firmamento’. Pero bueno, ante la inmensidad del miedo previo, poco pero parece. Al fin y al cabo Chucho siempre se han encontrado mucho más cómodos en la derrota, en ‘Banderas negras’. Mucho más que en homenajes al ‘Se acabó’ de María Jiménez y a la rumba catalana de ‘¡Viva Peret!’. Cerraremos esta página, como quien cierra el año despidiéndose de Miss diciembre en ‘Las chicas del calendario’, y nos alegramos por el buen rollo que Chucho nos han conseguido transmitir. De nuevo.

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  • Muzzle84

    Un disco notable, aunque algo lejos de sus hitos noventeros. Por cierto, ¿esta gente no va a reeditar ninguno de sus discos? Son inencontrables 🙁