¿Cuáles son nuestras canciones favoritas de Prince y por qué?

Un repaso a los jitazos más inolvidables del artista anteriormente conocido como

Prince

La tristeza nos embargó a todos en la tarde de ayer, 21 de abril, fecha tristemente recordada en el futuro por ser el día en el que Prince nos dejó. Pero dejarnos llevar por la melancolía sería algo que el propio artista no tolelaría jamás de los jamases, así que mejor que llorar, echemos de menos. Pero echemos de menos bailando, disfrutando de la vida, dejándonos llevar. Pocos homenajes harían tan feliz a Prince que nosotros disfrutando de su legado. ¿Un legado perfecto? A quién le importa, lo que importa es que es esencial. Para todos los que estamos aquí colaborando en este artículo es complicado quedarnos con sólo una canción, pero aquí estamos ante el reto. Os animamos a vosotros a realizar el mismo reto y seleccionar vuestra favorita. Hagamos del 21 de abril el día oficial de echar de menos a Prince… bailando.

Black Gallego: ‘Let’s Go Crazy’

¿Sabéis de esas canciones que se te meten hasta la médula en cuanto suenan y ya tienes que mandar todo su sistema de creencias al sumidero para rendirte al ritmo? Pues así me pasó con el corte que abría Purple Rain (Warner, 1984). Hasta entonces Prince era un artista que me tocaba un poco de lado, más que nada por distancia generacional. Prince estaba ahí, pero yo iba por otro lado. Todo eso acabó cambiando por completo cuando me vi meneando los tobillos y las rodillas de manera desenfrenada mientras sonaba ‘Let’s Go Crazy‘. No es necesario racionalizar demasiado el proceso, sencillamente la garra de la canción toma posesión de ti y tú estás en la obligación de moverte y disfrutar. Disfrutar de ese ritmo funk, de ese riffaco, cantar sin pudor “oh, oh, let’s go” y rendirte al solo de guitarra. Lo tiene todo esta canción. Más tarde me di cuenta de que el propio Prince también lo tenía todo.

Poliptoton: ‘When You Were Mine’

Prince había muchos y casi todos ellos, cuando eran buenos, eran los mejores en lo suyo. Y como imagino que los demás aprovecharán para reivindicar al bailongo o al intensito, yo voy a por el decididamente pop, al genio hedonista que cuando quería, también podía engancharte con una melodía perfecta de tres minutos y pico. En esta vertiente quizá nunca fue más redondo que en ‘Raspberry Beret‘, pero me voy a quedar con ‘When You Were Mine‘, porque es una agradecida isla new wave que oxigena Dirty Mind, porque es la que más feliz me hace y porque siempre ha encantado el concepto Prince Pagafantas: estaba tan pillado que le prestó su ropa, le dio todo su dinero y le dejaba irse con otros, hasta que al final ella se larga con uno que folla mejor y él se queda lloriqueando de forma patética (You didn’t have the decency / to change the sheets). Prince también era esto.

probertoj: ‘Little Red Corvette’

En ‘Little Red Corvette’, Prince aún no era la estrellona masiva que consiguió ser un poco más tarde, pero ya tenía claro que quería serlo, algo que se nota en las canciones absolutamente accesibles y con madera de hit. Hablamos de 1999, el disco en el que decidió pasar por completo de los instrumentos orgánicos, que es casi como decir que de un plumazo se inventó el mainstream de los 80. Y el largo desarrollo de ‘Little Red Corvette’ hacia el clímax (sexual) marca el camino: rock hipersexualizado, al borde siempre de lo adulto hortera pero sin caer jamás, sin permitirse un tropiezo. Y esas letras, el coche en el que follaremos detrás o esa estrofa maravillosa que es:

‘A body like yours oughta be in jail cuz it’s on the verge of bein’ obscene. Move over, baby, gimme the keys. I’m gonna try to tame your little red love machine’

Sólo con estos cinco minutos de interpretación vocal de Prince (porque el tío cantaba como los ángeles), Prince podría haber marcado el tempo de toda una década. En vez de eso, se dedicó a reinventarla durante 7 años más.

Isra: ‘Gett Off’

Prince nunca se lo puso fácil a la crítica. Se adscribió a todo tipo de corrientes e inventó otras tantas. Durante 35 años de carrera lo hemos visto con los padres del funk, titanes del jazz, con estrellas del rock y divas del pop. De ahí que resulte tan incómodo clasificarlo. Estuvo riéndose de la industria discográfica hasta ayer mismo. ¿Quieres escuchar sus hits en Youtube? Seguramente te tragues algún trolleo. ¿Buscas en Spotify? Buena suerte. Pero Prince es, contra el remanso de las cabeceras acomodadas a olvidarlo durante la última década, sus canciones.

Gett Off fue uno de esos caprichos que entregó como y cuando quiso, lejos de titulares efervescentes, de sus años dorados de voz infinita —de ‘I Would Die 4 U’, de ‘When Doves Cry’ y… todo el álbum—. Pero ahí está, con ese groove pegajoso, inmortal, la puñetera flautita de Eric Leeds, los coros de la New Power Generation, una tonelada de ideas disimuladas entre el bajo y la batería, y el solo final de guitarra, donde Prince da una magistral clase de TENER MOJO, de petarlo en tres malditas notas. Una de las cosas más poderosas de Prince son sus cierres de canción —’Let’s Go Crazy’ amilanaría al mismísimo Andrew W.K.—, de ahí que se le escurra de las manos y oídos a la mitad del público actual. Sus temas son crescendos, te hacen partícipe de la acción desde dentro, no como un aséptico espectador. Si de verdad quieres escuchar a Prince no te quedes en los primeros minutos, cayendo en el shock value de la horterada: no estás ante un eyaculador precoz, estás ante un hueso del ritmo.

Natxo Sobrado: ‘Paisley Park’

“Open your heart, open your mind”. Esto lo podía haber entonado Elton John con un solo de Kenny G de fondo y haber creado un Bob Geldof de purpurina de tres metros de alto que amenazase a la sociedad repartiendo abrazos sin haberse duchado antes. Lo canta Prince en 1985 y transforma el caramelo de tofe en un álbum irresistible.

Believe and come 2 this
Place in your heart
Paisley Park is in your heart.

La psicodelia estaba ahí, desde sus inicios, más o menos clara según el ramalazo que le diese, pero faltaba la parte de la telenovela más hortera, del Prince intensito en su apogeo, con su ópera rock salvando al mundo. Porque Prince siempre ha sido ese salvador vestido con la blusa de chorreras blancas. Si con Purple Rain se habían gastado mecheros Around the World in a Day (Paisley Park / Warner Bros, 1985) subiría las acciones de Kimberly-Clark y sus kleenex. Recargado, matando al Funk mientras que ahí dejaba otra perla en ‘Tamborine’, el hit pop de ‘Raspberry Beret’, Stevie Wonder golpeando a Elton John con la tapa del retrete una y otra vez hasta quitarle las gafas coloreadas, Mickey con un cinturón de explosivos atado al cuerpo, Michael Jackson afónico sin poder cantar ‘Black & White’ antes de publicarla, ‘America’ bendecida por las bombas de Prince. Es ‘Paisley Park’, todo es posible. Prince perdona a todos, les enseña su lugar sagrado y una vez allí hasta les deja escuchar su música en streaming.

Cronopio: ‘Motherless Child’

Mi primer contacto consciente con este tal Prince fue todo menos consciente. Él estaba ahí, en la tele mientras aún temblábamos por el jocoso efecto 2000. Su compañero en escena era un extreñido Miguel Bosé, y la excusa era un programa de Televisión Española que por aquel entonces me maravillaba pero que hoy, dieciséis años después, ni siquiera es recordado por la web de nuestra televisión pública.

Dicen relatos de la época que gringo y panameño habían estado cerca de llegar a las manos porque nuestro Bowie de chichinabo trató de imponerle algo que a un genio jamás se le impone. La respuesta del bajito habitante del Camino del Exceso fue ignorar impunemente a Pedro Almodóvar y pasarse la grabación del programa cagándose en al estirpe del torero, en su terquedad y en la ignorancia de un técnico de sonido que, a decir verdad, no lo había hecho mal cuando por ahí estuvieron Mártires del Compás. El programa acabó siendo emitido unos 6 meses después de su grabación en un acto de puro egoísmo por parte de Bosé y la productora, empeñados en no mostrar las miserias de un programa que, todo sea dicho, ya tenía firmada su sentencia de muerte pues a José María Aznar no es que le gustase mucho la cultura en la televisión pública.

El caso es que ahí estaba, a mis tiernos 19 años, con camiseta de Savatage y melena hobbitiana en ristre viendo la tele ese martes, si no me falla la memoria. Lo hacía con desdén, pues por esos días Prince era un gilipollas misógino según todo el mundo y yo, más heavy que nadie, no podía sino dar la razón a todos esos que no hacían sino cuñadear antes de que se cincelase el término. Las caras, las miradas, los reproches entre músico y presentador pasaban de forma tan apelotonada que era imposible quedarse con todas. Finalmente llegó la música, llegó Rogers Nelson con su macroguitarra hortera y su contorno de ojos y lo demás dejó de importar.

Estaba follándose el escenario justo después de desearle la muerte telepáticamente a todo Panamá (y eso que no sabía nada de ciertos papeles). Lo hacía con una autosuficiencia increíble, aplastante, demostrando que había nacido para ello y por eso precisamente estaba esos días por España. ‘Purple Rain‘, un éxito de cuyo nombre ahora no me acuerdo, coros por aquí, un guitarrazo por allá… Y ‘Motherless Child‘, el himno afroamericano que muchos habían cantado antes pero que nadie había interpretado como él. Ahí estaba yo, estupefacto frente al espectáculo que se desarrollaba ante mis ojos, mirando de soslayo a Chris Cafferi como diciendo, “tío, ya tengo un nuevo ídolo, tú quédate con el puto gordo”.

A veces me siento como un niño huérfano‘ cantaba Prince hasta desgañitarse mientras su guitarra rugía expulsando sonidos que por entonces ni siquiera podía imaginarme. Había oído hablar de sus solos, pero influenciado por el entorno aún no había tenido la fortuna de enfrentarme a uno de ellos de forma voluntaria. El encuentro había sido consciente pues ahí había estado yo con mis cinco sentidos asistiendo al espectáculo, pero la consciencia del momento no cubrió ni un 1% de la admiración que hoy tengo por un artista cuyo legado aún no conozco tan bien como me gustaría ni creo que jamás lo haga por su cariz inabarcable.

Un alma caritativa subió ayer documento visual del momento a Youtube. Ahí queda.

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  • Vaya desastre, y solo con 57 tacos. Yo siempre pensé que Prince se cargó musicalmente a Michael Jackson y de hecho así fue pues cuando Nelson apareció, a Jackson sólo le quedó que generar noticias con bodas, niños que volaban por los balcones, otros temas de niños, operaciones… Pero de música, raca pelá, osea nada.
    Mientras Prince se peleaba con las discográficas, cambiaba de nombre y no paraba de hacer música. Desde psicodelia, funky, jazz, tecno…lo que sea. Bueno y que decir de como tocaba la guitarra. Yo digo que era un híbrido entre Michael Jackson y Jimi Hendrix.

    Para mi un tema inolvidable 1999.
    Por cierto, Michael Jackson hoy también tendría 57, igual que el que esto escribe.