El tamaño sí importa (LXXIV): ‘Bleed From Within’ de The Music

The Music y la historia de por qué el nombre de tu banda puede ser la razón de tu fracaso

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Escoger nombre para tu banda es un ejercicio que todos hemos hecho alguna vez, tanto si la banda en realidad existe como si simplemente cuñadeamos sobre qué bueno sería montar una banda cuando aún no tenemos ni los instrumentos. Cascote y la banda de Rock Urbano que algún día montaré, Ulan Bator y la banda de Goregrind que algún día montará Ferraia, Los Merkel y el intento hipersónico de fascistizar la escena musical patria, We Are the People y la banda de Indie Rock poco machista y muy contestatario que algún día montará Pablo Iglesias…

Nombres brillantes todos para ideas de mierda, ideas que por desgracia para la humanidad jamás verán la luz. Creo. Sin embargo, hete aquí que unos tipos de Leeds se pusieron a cuñadear ahí a finales de los noventa sobre la idea de montar una banda y la cosa se les fue de las manos. El nombre escogido era The Music, y lo que pretendían tocar, como es evidente, no estaba a la altura de un nombre que de tan arrogante parecía haber sido escogido por el artista antes conocido como Prince.

The Music no eran la banda más rompedora del mundo aunque algunos se empeñasen en catalogarlos como el invento más importante de la humanidad tras Oasis

La idea de que “esto es música y no lo que vosotros hacéis, sordos de mierda” (cursivas propias) es un argumento que muchos han utilizado para reventarles el sarao a estos chavales. Una idea que, todo sea dicho, se sostiene porque hay que reconocer que el nombre es, como poco, altanero. Su sonido, lo que hacían, toca reconocer que no estaba mal, que funcionaba. Riffs bluseros-sesenteros por aquí, grititos agudos por allá, tempos y samplers bailables por todos lados hilándolo todo… The Music no eran la banda más original ni la más rompedora del mundo aunque algunos se empeñasen en catalogarlos como el invento más grande desde que a dos hermanos de Manchester les dio por montar Oasis. Ellos sabían que su nombre era una trampa para incautos y que su música en realidad no era para tanto, pero claro, siempre hay medios dispuestos a chapotear en el fango.

El caso es que llegados al año 2004 The Music se dieron cuenta de que no iban a llegar muy lejos si el contenido seguía sin estar a la altura de tan magnánimo continente. Para la ocasión dejaron en casa la entrada a la discoteca y se llevaron el pedal de efectos, llegaron a la conclusión de que lo del Rock Bailable estaba bien como divertimento pero que si querían hacer dinero en un mercado ya dominado por Muse, Coldplay y los mil y un hijos bastardos de U2 iban a tener que ofrecer algo más. La excusa elegida fue un viaje al norte, quién sabe si buscando inspiración en esa tierra tan prolífica para el Rock como es Suecia o bien porque tenían ganas de pasar una temporada rodeados de nornas, de los otros o de madres que te dicen que te abrigues más aunque lleves doble pasamontañas.

En ese contexto, con ese grito en alto de “vamos a darles lo que nos piden o nos defenestran” (otra vez cursivas propias), The Music comenzaron a coquetear con el Indie Rock de corte sinfónico-progresivo-pretencioso-arrogante que hoy asignamos a Muse en alguna de sus canciones del que sería su segundo álbum, siendo muestra de todo ello, emblema, insignia, foto o radiografía del momento una canción como ‘Bleed From Within‘, la protagonista del ejercicio semanal de esta sacrosanta sección y un ejercicio aislado dentro de un esfuerzo que, a pesar del empeño, acabaría con The Music aplastados bajo la losa que ellos mismos habían puesto sobre sus cabezas. O defenestrados si queremos cerrar con sorna el párrafo.

Guitarras de corte clásico, notas al aire entonando a Bonorrl en un comienzo luminoso que poco tiene que ver con la profundidad de una letra que parecía escrita por un niño de 7 años. Un desarrollo evidente, un puzzle que analizado por partes volvía a reflejar la mediocridad imperante en todo lo que había presentado la banda hasta el momento. A vista de pájaro la cosa parecía irresoluble, un laberinto sin salida, pero una vez pulsabas el play todo empezaba a tener sentido. No en plan “esto es una obra maestra y todos estábamos equivocados” (ya no más cursivas), pero sí defendiendo la idea de que oye, estos muchachos se llamaban The Music y por una vez no me dan ganas de arrancarme los oídos al escucharlos.

La relatividad del éxito fue una losa sobre ellos, cuatro discos vendidos que eran más de los que muchos les deseaban pero bastantes menos de los que necesitaban para seguir adelante

En cualquier caso el tiempo acabaría con The Music como banda en el fondo de ese agujero que todos llamamos olvido, y la prueba de ello es que es bastante probable que casi ninguno sepáis quiénes son estos de quién hoy os hablo ni que hayáis tenido la suerte o desgracia de escucharlos en vuestra estación de radio preferida. Siendo menos sangrantes hay que reconocer que Welcome to the North (Virgin Records, 2004) podría haber sido un éxito de haber venido firmado por cualquier otra banda porque éxitos mucho peores hemos tenido. El problema es presentarte en una fiesta diciendo que eres el señor Guapo cuando tu careto parece anunciar que acaban de soltarte un crochét en la nariz. Lo que consigues es que todos te estén examinando continuamente, que muchos te rían los chistes con desdén y que todos desprecien canciones como ‘Bleed From Within‘, tema que no es el colmo de la brillantez pero que funciona y merece ser recordado en una fecha tan señalada como la de hoy.

¿Señalada por qué? 20 de abril del 90. Pedanterías varias en redes sociales. Yo no voy a faltar a la cita.



Esas bombas nucleares están cogiendo polvo.

  • Patrullero

    Pues justo la semana pasada me dio por volver a escucharlos y su segundo disco no tenia ni chispa ni gracia, la verdad. Mi favorito es y sera el primer disco y ese pepinazo de cancion llamado Getaway