Hammock – Everything and Nothing

Siempre atentos, Hipersónica llega a la recomendación de los de Nashville en su noveno disco

hammock

Con solo tres espejos colocados en un tubo de forma determinada, podemos obtener un efecto de juegos de colores, luces y hasta sensaciones casi infinito. Así desde hace ya dos siglos justos (es curioso la de cosas que ocurrieron hace dos siglos, así, sin enterarnos), aunque es probable que nadie honre nunca durante estas fechas a David Brewster, inventor del caleidoscopio. Merecido lo tendría, habida cuenta de las chorradas de las que celebramos onomásticas y, sin embargo, corramos el peligro de pasar por alto el homenaje a uno de los juguetes más maravillosos de la historia. Uno de esos en los que, incluso aunque a veces se caiga en la repetición y en lo previsible, uno puede quedarse mirando durante horas, tumbado. Como jugando a observar nubes que no están ahí, tan solo dedicando un tiempo amplio a centrarte en el goce de uno de tus sentidos en concreto, aunque éste vaya alimentando a los demás.

Tres espejos y miles de figuras creadas por Hammock

La portada del noveno disco de Hammock no es un caleidoscopio, aunque uno pueda quedarse mirando para ella un buen rato, intentando adivinar formas no obvias, colores poco comunes. Puede quedarse paralizado observando exactamente el mismo tiempo que dura Everything and Nothing (Hammock Music, 2016), y mezclando esa primera excitación visual con todos los buenos ratos sonoros que contiene. Un dúo de Nashville, conformado por Marc Byrd y Andrew Thompson del que no os habíamos hablado hasta la actualidad… básicamente porque desconocíamos su existencia a pesar de la diarrea creativa que traen a cuestas en apenas 12 años de carrera. Pero supongo que llegar tarde es mejor que no llegar, y haber alcanzado a Hammock es una noticia estupenda.

Everything and Nothing se compone de 16 temas a los que, aunque en el fondo lo deteste, les correspondería el adjetivo de atemporal. Es un disco que sale en 2016, y que seguramente podría haber salido hace dos décadas. No hubiésemos notado gran diferencia, pero cuando las cosas se hacen con maestría, en realidad eso da bastante igual. Hammock mezclan estupendamente referencias post-rock, shoegaze e incluso ambient. Recordando seguramente mucho más a cualquier banda coetánea a Slowdive que a otra cosa. Escápense pues, los que rechacen de plano todas esas etiquetas, aunque ellos se lo perderán. Desde el inicio casi élfico de ‘Turn Away and Return’, como si Nashville fuese una pequeña villa al sur de Islandia, Everything and Nothing va creciendo en pujanza y variedad estilística de la mano de los Mogwai de ‘Clarity’ o unos M83 intimistas de la mano de ‘Clarity Blue’. Así, con estas tres piezas, arranca un disco que se ha ganado ya el derecho a ser escuchado con atención y espero.

8,1/10

Y lo que nos encontramos en el resto del minutaje es un trabajo de consenso, en tiempos en los que el consenso no está de moda. Uno de esos que puedes recomendar porque, en mayor o menor medida, le agradarán a casi cualquier oyente. Es difícil no emocionarse con el piano de ‘Marathon Boy’, a la altura de grandes nombres de la neoclásica, o con la onírica belleza de ‘We Could Have Been Beautiful Again’. Hammock han llegado tardísimo a nuestras vidas, casi de rebote, inesperadamente. Y con todo, canciones como las ya descritas, u otras estilo ‘Burning Down the Fascination’, un dream-pop de altísimos quilates, han hecho que surja irremediablemente la chispa. Más bien prendido el fuego. Además, al fin y al cabo lo bueno de llegar tarde a las cosas es todo el mundo previo que te queda por explorar.