Lapsus Festival 2016: una cita que se convierte en indispensable

Gran jornada de nuevos sonidos electrónicos y jóvenes artistas de gran futuro

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La cita de los festivales suele empezar cuando nos vamos acercando al verano, aunque más a nivel general. En capitales electrónicas como Barcelona, donde conviven dos de los más importantes a nivel internacional, cada vez hay más cantidad de eventos sonoros más reducidos a nivel de aforo, pero con bastante calidad y a precios razonables. La ciudad ya ha celebrado alguno de ellos en fechas anteriores, y el pasado sábado fue el turno para la tercera edición del Lapsus Festival, que este año ha preparado un envidiable cartel con algún clásico y sobre todo con nuevos nombres que últimamente están en boca de todos por la calidad de sus propuestas. Así que nos fuimos al CCCB, enclave mítico del Sónar en anteriores ediciones, para disfrutar de un evento que esta vez sólo duró un día, aunque durante toda la jornada.

Empezábamos la misma al mediodía con el set de Soul Jazz Records Sound System y su mezcla de reggae, funk y electrónica elegante, ideal para poner banda sonora a la soleada mañana que se podía disfrutar en el Pati de les Dones. Después de comer inauguraba la sesión vespertina Phillip Serburne, uno de los periodistas musicales de referencia en el ámbito electrónico (actualmente en Pitchfork), el que tuvo dos horas y media de sesión para experimentar con temas que habitualmente no se podrían poner en un club, como él mismo había avisado. Durante el tiempo que estuvo pinchando se pudo escuchar IDM añeja, más actual y más canciones de corte experimental que tenían un poco de todo, por momentos más tensión techno y por otro momentos de progresiones minimalistas en las que disfrutar de los sonidos y la calidad de las propuestas. Conforme su set se acercaba al final, el Pati de les Dones se iba llenando más y su música, acorde a la hora, viraba hacia terrenos más bailables.

Al tiempo que pinchaba Phillip, ya estaban teniendo lugar las primeras programaciones dentro del recinto, en el Teatre estaba David Cordero presentando El Rumor del Oleaje (Home Normal, 2016), con un ambient bastante minimalista de evocación puramente natural, mientras que abajo estaba José Rico con un set que fue de menos a más, primero con gran peso de atmósferas envolventes y detallistas que después fueron evolucionando hacia ritmos más technoides con más músculo y dirigidos a la pista de baile. Además, con buenas proyecciones visuales para estimular al personal. Algo que fue bastante común en la mayoría de actuaciones del festival para aumentar las sensaciones percibidas; hubo un peso importante de las imágenes en gran parte de los directos.

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Cosas de los solapes, que también te someten en los festivales más pequeños como el Lapsus gracias al interés que despiertan sus propuestas, hubo poco tiempo para ver actuaciones enteras, así que me dirigí a ver un rato de HKE, cuya mezcla de detallismo glitch y ambient escapista sumado a esa pantalla repleta de paisajes urbanos fue una de las actuaciones más sugestivas de la primera mitad del festival.

Después, llegó el turno de ir a ver a uno de los pesos pesados del festival, Donnacha Costello, que por la mañana había estado presentando el clásico sintetizador EMS Synthi, y por la tarde le tocaba hacer lo propio con su nuevo proyecto, un nuevo disco en el que venía a presentar una propuesta más experimental que de costumbre. De hecho, radicalmente opuesta. Frente al tech house y los derivados bailongos que irradia en sus discos, esta fue una actuación más propia de gente como Mika Vainio —salvando las distancias—, en la que el irlandés estuvo jugando con frecuencias durante 45 minutos con pocas variaciones, tanto en lo sonoro como en la parte visual que llevaba detrás. No era una propuesta para cualquiera por esa sesión monolítica a la que sometía una línea melódica sin turbulencias. Enfrente, un Teatre abarrotado que correspondió al productor con una sonora ovación.

Más tarde, con el clásico ya en disputa y una sala a mitad de gas pero que acabó llena, fue el turno de las asturianas LCC, uno de los puntales electrónicos estatales y que está preparando su segundo largo, al que se le exigirá bastante después del notable d/evolution (Editions Mego, 2014). De hecho, durante su directo tocaron tres temas nuevos que presumiblente formarán parte de este, en el que se percibía ese músculo ambient que les hizo fichar por Mego, y que tenía además unos vocales bastante imponentes, cuasi apocalípticos. El enganche de estas con alguno de los más brillantes temas de su debut como ‘Adámas‘ puso en pie al público, hasta entones sentado, y con algún aplauso y grito antes de hora. Empezaron con el aforo a mitad de capacidad y cuando acabaron estaba casi completo y con el personal de pie. De lo mejor del Lapsus.

Y de Asturias nos fuimos a Inglaterra para ver a una de las apuestas que nos iba a hacer bailar sí o sí, que era la de Ceephax Acid Crew, un Jenkinson, apellido conocido gracias al éxito cosechado por su hermano, Squarepusher. La de Andrew, como se preveía, fue una de las actuaciones más divertidas de todo el evento, con tres teclados y algo más de cacharrería analógica que casi empezaba a echar humo con sus escapes ácidos que en el momento cúspide del directo nos tenían a todos bailando espasmódicamente como si aquello fuera un club. A pesar de que se le escapó alguna mezcla, se lo perdonamos por la vitalidad de su set y lo bien que lo pasamos. Incluso pinchó alguna canción popular patria. En resumen, que como colofón a su directo sólo faltó de invitado Luke Vibert para acabar de saturarnos de acid.

Powell

Hablando de petarlo, el siguiente era otro que había que ver —como tantos otros en esta edición—, el bueno de Powell, que estaba allí físicamente. Mentalmente quizá estaba en otro plano consciente superior, porque empezó a modo de todoterreno, con todo ese peso industrial y violento sobre nuestras pobres cabezas, que estaban recibiendo más potencia de la que podían asumir. Fruto de ese frenetismo tuvo algún derrape en su sesión, sobre todo en la primera parte, después rebajó las revoluciones. Aunque hay que reconocer que el tramo más iracundo era el más divertido. E imprevisible; mientras empezaba a sonar ‘Insomniac‘ y nos preparábamos para la explosión el inglés se iba a otras canciones. Podía estar siendo un desastre en algún momento pero la bola de sonido que arrojaba contra nosotros era fascinante. Lo suyo fue, como diríamos tradicionalmente, bastante punk, saliendo a otro nivel, arrojando al populacho una cerveza y con el salvajismo que tomaba forma de bombos muy pesados. Una actuación que nadie olvidará, pues fue un espectáculo. Albini estaría orgulloso de él. Hoy es un imperdible.

Tras la actuación de Powell era hora de ver el final de una de las propuestas más interesantes, la del pequeño —físicamente— Lotic, que era la primera vez que pisaba España, y estaba dando clases magistrales desde su altar, con una electrónica experimental acongojante y evocadora, en la que se percibían buenos detalles en capas secundarias y un sonido grandilocuente que te rodeaba al mismo tiempo. Una actuación que parece fue tan fabulosa como el atuendo que llevaba puesto. Después, ya en el tramo final del Lapsus, ¡oh solapes, por qué hacéis esto de nosotros!, obligaba a elegir entre el misterioso nthng o la aclamada JLin y su renovador footwork. Así que una vez más, opté por ver una parte de los dos.

Lotic

Del primero destaca su habilidad para poner al personal ya a bailar desde el primer momento, que es lo que pedía ya la hora —sobre todo si después ibas a disfrutar de la jugosa programación local de la ciudad—, con buenas combinaciones entre techno, house y cualquier sonido que fuera partidario del baile. En cuanto a JLin, su sesión, con bastante personalidad, combinada con unos visuales que fueron de los mejores que se vieron en el festival, y esos BPMs que echan fuego, fue una buena opción para cerrar con fuerza esta tercer edición del evento barcelonés.

Como único sabor agridulce me queda la cancelación de Karen Gwyer por causas ajenas al festival —le sustituyó Lanoche— y los dichosos solapes, aunque esto es ya ley de vida en un festival y aprendes a vivir con ello. Aunque el damnificado fue M.E.S.H., uno de los nombres internacionales que más interés despertaban para ver. Pero en general, una gran experiencia en muchos aspectos: actuaciones, entorno, precios… Con ganas de la próxima edición.

Fotos | Judit Contreras

Me gusta el chunda-chunda.