Las influencias en el sonido nocturno de The Soft Moon [Camino al GetMAD! 2016]

Introspección, sintetizadores e industria: así se ha compuesto la imaginación de Luis Vasquez

the soft moon
Contenido ofrecido por el GetMAD! Festival.

Al margen de consideraciones propias o ajenas sobre el resultado de su último disco, resulta indudable que The Soft Moon, el proyecto en solitario y personalísimo de Luis Vasquez, sin duda el hombre más extraño al universo Captured Tracks de todos cuanto ha producido el sello de Brookly, obtuvo un espaldarazo notable durante el año pasado. Aquel Deeper (Captured Tracks, 2015) enajenado y noctámbulo, tan desprendido en ocasiones de todo atisbo racional como disperso y ensimismado en sus propias diatribas filosofales, sirvió para poner de manifiesto el extraordinario talento atesorado por Vasquez, y su capacidad y determinación para llevar su primitivo sonido Post-punk, altamente sintetizado, hacia terrenos más ignotos, parajes poco relacionados con sus, a priori, influencias originales. Es precisamente el carácter expansivo de la música de Vasquez, desde su debut hasta su última referencia, el que resulta de lo más excitante a la hora de descubrir sus influencias: son maleables, largas y muy originales.

El habitual abanico de grupos Post-punk, vía Gothic Rock, siempre sale a relucir a la hora de definir el sonido de The Soft Moon. Sus primeros discos sí tenían bastante de todo aquello: la Bauhaus de Peter Murphy, los Joy Division tardíos del Closer (Factory, 1980) o los The Cure más retraídos y antipáticos, aquellos entronizados en Pornography (Fiction, 1982) —ese “It doesn’t matter if we all die” de Robert Smith, entre capas de teclados apagados y guitarras saturadas se ajusta como un guante a Zeros (Captured Tracks, 2012), el segundo trabajo en solitario de Vasquez—. Es el camino fácil: los tres edificaron de forma icónica un sonido que, en capas aún más subterráneas, en todos los países de Europa y de América del Norte, cimentaba los pilares básicos de la Coldwave —PiL, especialmente su Metal Box (Virgin, 1979), es obligatorio aquí— y del Post-punk más sombrío. También es el camino convencional.

Rascando en sus entrevistas, sin embargo, se atisba la verdadera dimensión referencial de The Soft Moon. Deeper fue un disco mejor producido y más ambicioso. También fue un trabajo más grandilocuente y oscuro. Por ahí comenzaron a colarse referencias de mayor calado sonoro —no necesariamente más brillantes, pero sí más pesadas, sí más complejas—. Por ejemplo, hubo reseñas que miraron de reojo a los abuelos del sonido industrial, Einstürzende Neubauten, especialmente por el espíritu metálico de Deeper, pero también por el examen del alma humana a través de objetos —y sonidos— punzantes y mecanizados. Suicide, continuando el halo de Zeros, serviría de excelente enlace entre el mundo del párrafo anterior y el de este: a modo de enajenación virtuosa, The Soft Moon también es capaz de despreciar las guitarras como vehículo artístico dentro de un género, el Post-punk —o el Art-punk— que siempre primó la experimentación sobre el canon (aunque ahora, paradojas de la vida, parezca lo contrario).

Más allá de la música: de Bauhaus a Dadá

El carácter proyectado de la música de Vasquez, una prolongación de sus particulares cajones mentales, hace imposible referirse a su universo sonoro sin tener en cuenta referencias extra-musicales. En esta entrevista de The Quietus, Vasquez deja intuir otros arcos argumentales en su carrera musical: desde las vanguardias artísticas de la década de los veinte y de los treinta del siglo pasado hasta los paisajes desolados y desérticos de la California interior, exprimida hasta la última gota por unas condiciones climáticas inclementes. Sobre las primeras es interesante rescatar dos nombres: Bauhaus —no el grupo, sino el originario movimiento— y Dadá. Es coherente con Deeper en todos los sentidos: desde el racionalismo industrioso de la arquitectura alemana del periodo de entreguerras, una modernidad sobria y cerebral deconstruida en forma de pesadilla post-moderna en manos de The Soft Moon, hasta el cuestionamiento de los cánones estéticos del dadaísmo, grotescos y exaltados en su demencia de forma brillante en Deeper.

¿Y qué hay del aspecto paisajístico? Sin duda, la tentación inicial al aterrizar en The Soft Moon es dirigirse al paisaje post-industrial y a la decadencia fabril de Estados Unidos, en un territorio suburbano abandonado y dejado de la mano de Dios. Es la primera capa. En la segunda, y esto es algo que se aprecia con mayor claridad en Zeros, se aparece la nocturnidad sórdida del desértico oeste norteamericano. El carácter cíclico y repetitivo de la música de The Soft Moon bien puede servir de alegoría de la inmutabilidad del lugar de nacimiento de Vasquez, un desierto donde la repetición y el ciclo, como esquina de la historia donde el tiempo siempre parece congelado, protagonizan noches áridas, psicodélicas desde un prisma turbado y peligrosas. Al contrario que otras músicas que coquetean con lo industrial —Suicide, sin ir más lejos—, el sonido de Vasquez no es húmedo, sino seco y arenoso.

Ahora bien, al margen de la deconstrucción sonora a la que se somete Vasquez en Deeper, muy al modo de la No Wave y, si se permite, de aquella generación de grupos a la contra de absolutamente todo que se apoderó de Nueva York en los primeros compases de los ochenta, The Soft Moon es un proyecto propulsado por una energía distinta al resto de grupos que se manejan en su onda sonora. Un aspecto interesante de sus discos es su relación con el Punk Rock. Vasquez no la oculta, y aquí quizá encontremos el sentido continuo, acelerado y en permamente desarrollo de sus composiciones, tan pesadas y sintéticas: se crió, como tantos chavales de su generación en California, a la sombra del Punk Rock de finales de los ochenta, despedazado el Hardcore de Black Flag en una herencia más accesible. De Descendents a los padres primitivos del Hardcore Melódico, Bad Religion, pasando, por fortuna y mucho antes de que aquello acabara peor de lo que empezó, por Fugazi, Bad Brains, Minor Threat y la costa este.

De Prince a los padres de la Darkwave

Es indudable que las referencias que a menudo cita Vasquez son particulares. Lejos del espacio de confort de su sonido, opta por recurrir a grupos en absoluto previsibles dada sus coordenadas musicales. Por ejemplo, Vasquez tienden a insistir en Prince y Michael Jackson como padres putativos de sus inicios en la música. Especialmente Prince, cuya muerte reciente nos ha invitado a repasar sus años dorados durante los ochenta, pero también Jackson, cuyos primeros discos continúan contándose entre los más vendidos y relevantes de la historia de la música popular. Y bien, ¿hay algo de música negra en las canciones de The Soft Moon? No a primera vista, claro, pero sí en el trasfondo o en la coartada estética: es posible que parte de la impostación dramática de Vasquez, tan presente en la exageración industrial de Deeper, beba del personaje-novela-río de Prince a lo largo de su extensa y muy brillante carrera, y, desde luego, no cabe descartar que la nocturnidad de su música también encuentre referentes en el aire noctámbulo y repleto de brillantinas de la pista de baile de ambos. The Soft Moon tiene ritmo, cosa que no pueden decir todos los proyectos de su cuerda, y el ritmo, es, sin duda, el principal atributo de ambos.

Para terminar, regresemos al sonido real de Deeper, no a sus cavernas, y tratemos de vislumbrar algunos grupos que podrían haber influenciado a The Soft Moon en su última etapa: desde los padres de la Darkwave —Dead Can Dance, This Mortal Coil— hasta la retahíla de grupos al calor de Suicide y de aquella Minimal Synth primitiva —The Residents, Monoton, Solid Space—. Por aquí se palpa mejor el aire experimental, algo distante y helador de Deeper, un disco que, en ocasiones, trataba de ser mucho más grande de lo que era. Pese a ello, es una experiencia de obligada vivencia, más aún si se desarrolla sobre el escenario de un festival como el GetMAD! 2016. Sea como fuere, The Soft Moon es uno de los proyectos más ambiciosos, leídos e interesantes de todos cuanto copan la escena norteamericana. Sería un pecado dejarlo de lado.

The Soft Moon estarán presentes en la edición de este año del GetMAD! Festival. En Madrid, entre los días 27 y 28 de mayo.

Hardcore will never die, but you will.