Marissa Nadler – Strangers

Un disco que muestra la solvencia y encanto habitual de la bostoniana.

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Los sentimientos que nacen de niño parecen tan fuertes como son, en realidad, efímeros. Es difícil que un chaval de seis años sea capaz de sentir pena durante un tiempo prolongado, de la misma forma en la que cada semana cambia de novia en clase. Imagino que eso no está mal, pues estar llorando durante meses la muerte de tus peces de colores no sería nada saludable. Por otra parte, también echas de menos no recordar con más frecuencia, o con la misma momentánea intensidad, cualquiera de las cosas que de enano te generaban una emoción incontenible. Aunque durase solo unos segundos. Son muy pocos los que de mayores consiguen mantener ese agotador nivel de pasión por cada mínimo detalle.

Strangers: consolidando un amor maduro

Hace un par de años os conté que me había enamorado, cual niño chico, de Marissa Nadler. Lo mío en aquel entonces fue un flechazo. Una interrupción brusca del aliento el primer día de clase, cuando entra una niña nueva de melena reluciente y aspecto angelical. No la conocía antes, pero a pesar de ello creía que ya quería pasar el resto de mi vida con ella. El único problema es que no sabía qué coño significaba “pasar el resto de mi vida” con una persona, y perfectamente podría renunciar a ese amor loco en cualquier momento. Lo podía hacer, por ejemplo, con Strangers (Sacred Bones, 2016) el paso inmediatamente posterior a aquel maravilloso July (Sacred Bones, 2014). Pero lo cierto es que solo he conseguido cambiar el flechazo por un enamoramiento cada vez más sólido. Marissa Nadler ya no es la chica que me ha robado el aliento, es aquella con la que pasar el resto de tu vida adulta, cuando ya sabes lo que eso significa.



Mi amor, en todo caso, se ha visto sometido a alguna pequeña prueba de fe. No es Strangers un disco absolutamente redondo, y quizás algo por debajo de su predecesor, pero al última prueba necesaria del carisma de Nadler. Su confirmación definitiva como una de las divas de mayor importancia en el folk actual y, seguramente, el disco más ecléctico de la de Boston. Aquel en el que se notan más claramente los destellos country, o los pasajes oscuros de los que siempre hace gala (no en vano Marissa Nadler tiene muchas simpatías dentro del mundo del metal. Me dice Cronopio, que de esto sabe un poco, que seguramente por las vías comunes de Nadler y el folk del norte de Europa, de componentes góticos y atmosféricos, hábitats naturales de Marissa y tan del gusto de los metaleros, sobre todo del trve como concepto). Retomando, digo que nuestro amor ha sido puesto a prueba, básicamente, porque Strangers empieza algo dubitativo, con una ‘Divers of the Dust’ que juega a las ninfas, donde Nadler es una maestra, con menos encanto del habitual.

Strangers es su confirmación definitiva como una de las divas de mayor importancia en el folk actual y, seguramente, el disco más ecléctico de la de Boston

Pero es una duda efímera. De corte similar es ‘Skyscraper’, tercer tema del álbum, y las sensaciones que deja ya son mucho más eficientes y mágicas. Viene a continuación de una ‘Katie I Know’ que recupera ese encanto, esa delicadeza tan difícil de conseguir para la mayoría, tan natural para Nadler, y justo antes del mayúsculo crescendo de ‘Hungry Is the Ghost’. No necesita más Marissa Nadler para recordarme lo grande que es, lo majestuoso de su propuesta. La preciosidad de lo oscuro y siniestro, ‘All the Colors of the Dark’. Y todo esto antes de que llegue la canción central de Strangers, además de su primer adelanto. Esta vez el single sí seleccionaba lo mejor de lo que estaba por llegar, y ‘Jane in Love’ se erige como uno de los mejores temas que Marissa Nadler ha grabado jamás. Una pieza de cinco minutos de absoluta emoción y pujanza. De energía e intensidad contenida y desvocada a la vez, perfectamente regulada. De guitarras afiladas y poderosas. Un señorazo tema.


8.1/10

Esos juegos de defectos sonoros en ‘Shadows Show Diane‘, de enorme atractivo, van acercándonos al final de Strangers, que definitivamente se revela como un disco enormemente solvente. Como la séptima muestra, en poco más de una década, de que la norteamericana posee un don especial. Un magnetismo propio, intransferible, que hace que cualquiera que pueda escucharla de pasada se quede para hacerlo atentamente. Como cuando pasas por un escaparate con infinitos televisores encendidos y, de repente, alguno de ellos, entre la muchedumbre, capta tu atención. No hay masa entre la que no destaque Marissa Nadler, una diva absoluta.

  • Diego Duarte R

    A mi personalmente me parece que esta por encima de July, “July” me parecía demasiado aburrido, este a pesar de tener esos toques góticos tiene mucho mas vida, mas melodía, mas recursos, vale con escuchar Hungry is the ghost, Strangers y mi favorita Dissolve.

    Con este album yo le entrego todo.