Mónica Naranjo – Lvbna

Crítica del nuevo disco de Mónica Naranjo. Que sí, que va en serio.

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Corría el año 1997 cuando un auténtico huracán arrasó a la escena mainstream española. Procedía de México aunque llevaba la bandera española en el pasaporte (o la catalana), y cabalgaba por verdes praderas pisoteando cabezas a golpe de alegato femenino en pos de derribar los tradicionales muros de la misoginia musical española.

Su regalo fue un disco “excitante” y extrañamente exitoso, un disco en el que el histrión se valía de su condición para convertirse en un mito embutido en cuero que acabaría siendo un referente tanto para las chonis de barrio, como para los efebos sobremaquillados o como para las gomelas que por aquel entonces se paseaban por el centro de la ciudad montadas en su scooter Piaggio. La jugada fue maestra pues la mayoría de las veces el éxito no es más que el fruto lógico de determinadas acciones de locura. Y lo de 1997 fue un desparrame inmenso.

Claro, que la locura como condición no absoluta no es condición sine qua non, ya que hay veces que más que como garantía actúa como termómetro del esfuerzo y el empuje, dependiendo todo de qué se haya dejado el sujeto en cuestión en el tintero.

Mónica Naranjo y una valentía convertida en cobardía por culpa de la rutina

Los siguientes pasos al indescriptible Palabra de Mujer (Epic, 1997) fueron aún más extraños tanto en el modo como en su fin, situación que junto a lo que hoy masticamos nos lleva a pensar que el riesgo deja de ser tal cuando llevas toda la vida bailando ‘Pantera en Libertad‘ sobre un balanceante alambre.

Llegados a 2016 y con aventuras de todo tipo de lustre y paragón a sus espaldas, Mónica Naranjo ha decidido que la siguiente estación en su viaje hacia la eternidad (ojo, que esto no tiene porque ser positivo) ha de ser una Ópera Rock en la que nada es lo que parece, en la que la producción esconde lo que realmente es y en la que el único nexo de unión entre tanto meneo estilístico, y casi razón de ser, son los pulmones de la cantante catalana.

La causa es lógica y hasta loable, pues es de reconocer que Lvbna (Legacy Recordings, 2016) viene a ser algo así como el primer disco en el que Mónica canta en vez de berrear como un hincha del atleti en el Calderón. Sin embargo esto, que puede que sea argumento suficiente para el heterogéneo público mainstream español, no es capaz de sostener un disco en el que en lo meramente musical la cosa deriva en una mezcla daliniana entre, ojo a los nombres, After Forever, El Barrio y Marilyn Manson.

Lvbna es una Ópera Rock en la que nada es lo que parece. Bueno, más bien una Ópera Rock en la que el Rock acaba sepultado bajo una producción comprensiblemente aséptica

Superado el estupor ante tamaña ensalada de nombres y ya dentro del álbum es de justos reconocer que la cosa acaba estando algo por encima de lo que a priori cabría esperar viendo cómo caza la perrilla. Claro, el disco es un inconexo desfile de momentos de quitarse el sombrero y otros de morirse de vergüenza ajena venciendo estos últimos, pero si nos ponemos complacientes debemos reconocer como positiva la valentía de esta señora a la hora de presentar un disco en el que es capaz de convivir temas como el notable ‘Fin‘, la disneyesca apertura o los golpes de gitaneo recogidico que acaban por aguar la función.

Mónica Naranjo, nuestra Tarja Turunen

En cualquier caso el problema del disco más allá de su retocado empaque y su esquizofrénico devenir es que, a pesar de todo, acaba siendo bastante más conservador de lo que en realidad podría haber sido. Una escucha analítica, en profundidad, centrándonos en las progresiones instrumentales intentando extraer el jugo escondido tras la opaca capa de producción nos muestra que, al menos en esencia, el pastiche podría haber sido un disco bastante diferente de lo que en realidad es. Y por qué no decirlo, mejor. Creo.

En Lvbna hay esquemas que parecen sacados de discos de bandas como Nightwish, After Forever o Epica

Y digo esto porque bajo esas mil capas de producción tranquilizadora, apaciguadora, se desarrolla un disco muy diferente del que capta el oído del oyente poco entrenado. En Lvbna más allá de los alaridos operísticos, que son pista y a veces cerrojo, y unos desarrollos orquestales asépticos con la épica como único fin, hay riffs, hay tempos metálicos (EN SERIO) y hay esquemas que parecen sacados de cualquier disco de bandas como Nightwish, los ya citados After Forever o Epica.

Es lógico que el carácter aglutinador que frente al gran público pretende tener el disco haya desaconsejado que estas cositas del diablo se paseen por la escena con total libertad, pero también lo es que aquellos que aún hoy sonreímos maliciosamente cuando nos acordamos del terremoto de 1997 nos sintamos defraudados por la falta de bemoles a la hora de mostrar un disco como Lvbna tal y como es, con sus defectos compositivos pero con su dosis de desparrame sinfónico para que podamos disfrutar los más mal pensados del lugar.

WTF/10

Desgraciadamente nos toca contentarnos con este domesticado nuevo disco de Mónica Naranjo en vez de con lo que podía haber sido la versión femenina, peninsular y caní de los noruegos Lordi. Vale, puede que sea pedir demasiado a la actual Mónica Naranjo, una mujer más pendiente de su carrera televisiva que de darnos carnaza a los bestias sedientos de casquería, pero ese yo que aún recuerda lo vivido en 1997 con cierta satisfacción no hace sino recordar gritándome al oído que, probablemente, la Mónica Naranjo de entonces no se habría dejado domesticar tan fácilmente.

En fin, cada uno tenemos nuestras perversiones.

Esas bombas nucleares están cogiendo polvo.

  • Diego Duarte R

    La mejor de las notas!

  • Alarch

    Cuando hace 15 minutos he pensado: “voy pa Hipersónica, a ver qué disco me recomiendan”, no me podía imaginar que acabaría escuchando a Mónica Naranjo. Las cosas vienen como vienen.