Prince en los 80: los discos que dominaron la Tierra

Los discos que le hicieron lo-puto-más

prince

Some say a man ain’t happy
Unless a man truly dies
Oh why
Time, time

Se ha muerto Prince. Uno no esperaba escribir esto en 2016, quizás porque nos hemos acostumbrado a la cantinela de que antes de los 60 años aún es pronto. Él se muere con 57 años, y las causas, en el fondo, no importan mucho. Se había hablado últimamente de una gripe que le había hecho suspender conciertos, o de la agresiva medicación para paliar el dolor de su frágil cadera pero llegados a este punto da igual: se ha muerto Prince.

Dejadme decir que con Prince era pronto por muchas cosas: por la edad, sí, pero también porque, cuando llevas desde los 90 enganchado a su obra (a la buena y a la mala) y viendo cómo, poco a poco, se le trata como mero chiste… siempre albergas la esperanza de que llegase el momento de la venganza de Prince. De un manotazo, con otro disco de los que te asombran. Él, que ha demostrado tantos años lo absolutamente excepcional que era (por bueno, sí, pero también por fuera de lo común), podía volver a hacerlo, de manera que sus fans saldríamos de la cueva para decir “os lo dijimos, hijosdeputa”.

Bueno, si quisisteis escuchar, lo hizo en parte: en sus últimos discos había muchas sorpresas escondidas sepultadas por el desdén de “aquí viene otra vez el raro”. Y algo hay que reconocerle: raro lo fue a propósito, como el que más, queriendo que en su música se reflejase todo ese carácter excéntrico que le hacía sentirse sexy (qué tío, qué portada la de Lovesexy). Mientras gente como Rick James afrontaban, desde una Motown en horas ajas, los años 80s apostando por el escándalo precocinado… Prince era un escándalo en sí mismo. Y su música, un auténtico escandalazo. De buena, claro. Y del sexo que supuraba también.

Recibiendo los 80 con la boca sucia

dirtymind A Prince se le llamó “genio”, en los 80, porque casi desde el comienzo de su carrera, hizó un órdago a grande. Apostó a mezclarlo todo, y si tenía que tocarlo todo también, lo hacía. Los 80 son su década, su época mágica, sus dominios. Los 80 de Prince son una sucesión de maravillas que te obligan a arrodillarte: son el mainstream implosionando y haciéndose más grande (recordemos que la crisis de la Disco Music estuvo a punto de tumbar a toda la industria) gracias a un tipo indefinible y orgulloso de serlo.

Decíamos que Prince lo tocaba todo, y su primera incursión en los 80 lleva esa impronta. Dirty Mind (1980), su tercer disco, lo grabó en su casa así, follándose las barreras de los géneros para unir el funk y el sonido motown, tan negros, con la new wave, bastante más blanca. Le salían así jitazos (‘Where You Were Mine‘), funk adelantado dos décadas (‘Dirty Mind‘) o hasta rock&roll. No, nada de sólo rock: el roll, el de contonearse y enseñar la bestia parda que puedes ser, estaba muy, muy presente. Porque sus discos hablaban de tríos, de mamadas, de irnos a la cama y de no salir de ella hasta que estemos agotados. Parental Advisory Music: le habría venido guay la etiqueta. Dirty Mind deja ya trazas de lo absolutamente poderosa que es su voz, tan llena de matices (‘Gotta Broken Heart Again‘) y de lo mucho que las canciones se le van a la pista de baile (‘Partyup‘).

controversy Si antes de eso habíamos visto dos discos titubeantes y, afortunadamente, lejos de la perfección que se le presupone a los genios, a partir de Dirty Mind la cosa se va de madre y Prince encadena una racha tan absolutamente maravillosa que los 80 son merecidamente suyos. En Controversy (1981) aún hubo quien puso pegas a aquella lluvia dorada de sintetizadores y funk para el gran público (que siempre ha sido una cosa difícil de vender). ‘Jack U Off‘, ‘Private Joy‘… No es Dirty Mind, vale, pero se le ve como disco algo más pequeño porque después llegaron 1999, Purple Rain, Around The World in a Day, Parade, Sign of The Times y The Black Album.

Leedlo de nuevo: seis discos entre 1982 y 1987 que son el Himalaya de la música de los 80, una sucesión de cumbres loquísimas, tan fáciles de ascender como absolutamente inabarcables de explorar. No sé, si alguna vez Prince sólo os ha parecido un mamarracho locuelo y seguís pensándolo después de oír estos discos: a) estáis majaras, y/o b) ni putísima idea, queridos sordos. Mirad, en listas de éxito esto se explica así:

El fin de siglo sin guitarras

1999 Veamos: en 1999 (1982), Prince decide pasar por completo de todo lo que no fuese sintetizador y recoge el virus del electrofunk que se estaba propagando entre la música negra para dar forma a un disco que es puro delirio, donde lo mismo estás escuchando rockabilly que psychofunk, incluso a la vez. Todos los críticos te aman en Nueva York, titulaba, mientras se descojonaba del mundo, se montaba escenas sexuales con taxistas o pretendía que fingiésemos que estábamos casados mientras pagábamos por estarlo (“perdóname, pero necesito una boca como la tuya para ayudarme a olvidar a la chica que se acaba de marchar de aquí“; sexo, pasión, tristeza y sordidez).

1999 es un auténtico delirio juguetón que casa muy bien con su icónica portada. Mirad esa melodía inicial de ‘Delirious’ y también como, en realidad, la canción es puro rock’n’roll de los 50, pasado por un filtro de chicle y ordenadores.

Y, bueno, asaltaba por primera vez el top ten de las listas más grandes con la absolutamente maravillosa ‘Little Red Corvette’, cinco minutos que nunca, nunca, nunca han parado de crecer. Tratad de escuchar ‘Lady Cab Driver’ sin que a) se os vayan los pies con “aquel ritmillo” y b) os sintáis en mitad de una escena de sexo real.

So you wanna be a rock´n´roll star

pruplerain A esas alturas de la vida, Prince estaba tan por encima del bien y del mal que se inventó un proyecto multimedia para convertirse en una estrella, un grupo para serlo (The Revolution) y una colección de canciones que, si bien saltaban de un lado a otro, parecían ir siempre de la mano. Se creyó una estrella mundial, y a diferencia de tantos otros que han pensado lo mismo y no han logrado romper el techo de cristal a pesar de tener talento (hola, Lawrence), le salió bien. Bueno, bien no: le salió ‘Purple Rain’.

Un disco de neo-psicodelia (‘When Doves Cry’, con ese truco tan suyo de extirpar por completo el bajo a costa de saturar el bombo), riffs rockeros, singles pop cristalinos (‘Take Me With U’, perversiones poppies), funk minimalista (‘I Would Die 4 You’) y torch-songs para la eternidad (claro, la titular). I never meant to cause you any trouble… 24 semanas en el número uno de las listas de venta USA y la canción más memorable, compartida y emocional de todo su repertorio, ésa que le valió un Oscar a pesar de estar en medio de una película que era, como no, puro exceso.

Magical Mystery Tour alrededor del mundo

aroundtheworld Llegó 1985 y, en mitad de una década en la que la neo-psicodelia iba tomando poco a poco espacio desde el underground, Prince voló la cabeza a todos encima de los que se había subido para ser una estrella de los 80 con un disco como Around The World In A Day, a la vez una obra de amor al pop y de romance con lo complejo, con lo que te incomoda. Se le recibió como un jarro de agua fría, pero no tengo ninguna duda de que el tiempo le ha sentado fenomenal.

Around The World es un mindfuck imposible de abarcar del todo: que después de tanto tiempo de ser sintético Prince decidiese encomendarse a arreglos de cuerdos, a guitarras tratadas, a un feeling sixties… ‘Raspberry Beret‘, ‘Pop Life‘, ‘Paisley Park‘ o la canción titular son pop de mil colores en la dirty mind de Prince.

Para entonces, Prince ya es una factoría de hits en su voz o en la de otros. Sólo él era capaz de hacerlos sonar como él mismo:

parade Por eso, aunque a su disco anterior se le metió caña, nadie dudaba de él y Prince lo tenía tan claro que dobló la apuesta en ‘Parade’ (1986), más fragmentado (es un doble disco que acabó siendo disco sencillo, y sin embargo suena como uno doble), más abrupto, más críptico a la vez que más libre. Sí, arty de narices… o el modo en que Prince enseñaba lo premeditada y sobradamente art-rock que podía llegar a ser (‘Venus de Milo’ vale como ejemplo).

Parade camina a la vez por lo brumoso (‘I Wonder U’) que por lo funk-jazz (‘New Position’) o se vuelve a dar paseos por su disco anterior (‘Christopher Tracy’s Parade’). Lo más relevante, en cualquier caso, llegó esta vez por el lado del funk: no en vano, el minimalista de ‘Kiss’ lo petó en listas. Él, que era tan productor como músico (y no, no es lo mismo), nunca estuvo satisfecho de la que es una de sus canciones más recordadas, de modo que en directo se ocupaba de hacerla siempre diferente.

Va a ser una noche maravillosa

signotimes Llegamos a 1987, donde Prince concretó todo lo anterior en uno de sus discos más prestigiosos a ojos de la crítica mundial, el doble Sign ‘O’ The Times. Una obra monumental, que toca absolutamente todos los palos de los que Prince era capaz. Es decir: todos los existentes, sin apenas bajones de intensidad. Es casi un resumen de todo lo que ha sido su carrera, desde la icónica canción inicial (que le puso sintonía a los telediarios españoles, fijaos como caló la locura) hasta el final del segundo disco, donde refulgen ‘It’s Gonna Be a Beautiful Night’ (con unos The Reolution en estado de gracia, y eso que el disco ya no se firmaba a su nombre) y ‘Adore’.

En total, Prince se hace un disco doble con sólo 16 canciones, pero eso no significa que las alargue o se le vayan de las manos: la ambición es total, pero la capacidad del músico para saber cuándo las tiene en su punto justo también. Sign O the Times es importante por muchas cosas: por ser menos funk que sus discos anteriores, por no tener ni una melodía mala, por estar repleto de trucos de estudio que vas descubriendo a medida que lo escuchas, por tener ‘Starfish and Coffee’ y también por tener algunas de sus mejores letras sobre vivir en pareja.

blackalbum Esto es 1987, y Prince se encuentra desde hace meses con que las canciones son tantas que se le caen de las manos. De maner que el mismo año que asombra a propios y extraños con Sign O The Times es el que no-publica Black Album, un disco lleno de leyendas que saldrá publicado oficialmente en 1994, pero cuyas canciones circularán en bootlegs casi desde el minuto uno. De hecho, esas copias piratas llegan desde periodistas y críticos musicales: el disco había empezado a distribuirse para reseñas pero en el último momento su lanzamiento se aplaza.

Dio igual: todos los fans que lo quisieron pudieron hacerse con él de manera sencilla (y, ojo, hablamos de los 80, aquello no era internet).

Entonces, ¿estamos ante su propio ‘Smile’? No del todo, porque al fin y al cabo Prince sí que lo grabó. Pero las circunstancias que lo rodean empiezan a ser síntoma de una estrella que quiere tener absoluto control pero lo está perdiendo.

Al final, no era ni que Warner no se atrevise a publicarlo por unas letras exageradamente explícitas ni que fuese tan malo que no se mereciese salir a la luz (como se dijo cuando Prince retrasó sine die la fecha de lanzamiento). Es un disco menor en su carrera de los años 80, pero con canciones tan rotundas como ‘Bob George’ y con un aroma mucho más en sintonía con lo que pasaba en la black nation.

It’s The End of The World as We Know It (and Prince Feels Fine)

lovesexy Y llega Lovesexy (1988) y, con él, otro giro de 180º. Para empezar, no es un disco al uso: Prince decidió que el cd no podía tener separación por pistas, como si todo formase parte de una gran suite. No hablamos, tampoco, de ínfulas sinfónicas, pero sí de que había un mix continuo, aunque luego fuésemos separándole las pistas.

¿Tenía sentido o era otro caprichito más? Desde luego, el feeling sí que era muy diferente: en Lovesexy desaparecen por completo los bordes y esquinas del funk y Prince se sumerge en uno de sus discos más suaves, más blandos (en el sentido menos peyorativo de la palabra). Es sofisticado, de compositor y productor maduro, cierto que algo pagado de sí mismo y puede que demasiado arriesgado en sustituir lo carnal por lo espiritual. Porque, pese a la portada, Lovesexy es el disco menos explícito del de Minneapolis.

Sí, en el gran esquema de las cosas se ve que es también el momento en el que la marea comienza a bajar (y, obviamente, en ventas fue un tropezón), pero aún tiene a ‘Love Sexy’, ‘When 2 R in Love’, ‘Glam Slam’ o la hermosa ‘Alphabet St’.

batman Y llegamos a Batman. Parecía imposible que Michael Keaton pudiese encarnarlo, del mismo modo que se hacía raro que Prince le pusiese banda sonora. Y, obviamente, la cosa resultó en un disco extrañísimo, que sin embargo no se puede decir que le saliese un disco coñazo: la ‘Batdance‘ es la risa (de nuevo, sin sentido peyorativo: es un pastiche muy, muy divertido, y aquel video que sacó capturó por completo la bizarrada, uniendo la película de Burton con el espíritu camp de la recordad serie 60s) y ‘Vicky Waiting‘ suena a pop por los cuatro costados. ¿Titubeaba Prince? Bueno, aún le quedaban un puñado de discos buenos en la saca, aunque de la New Power Generation mejor hablamos otro día.

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