The Field – The Follower

Que si no te gustan los loops y la hipnosis no entres aquí

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De las portadas de color crema a las portadas oscuras, de beats más efusivos con tempo bailongo a loops que se difuminan en el espacio lentamente como un día de niebla. La metamorfosis del sueco Axel Willner, The Field, ha sido algo progresivo a lo largo de su trayectoria discográfica; tan progresivo como uno de sus loops. Y tan difuso que a veces no se percibe y parece que esa metamorfosis haya finalizado. Porque en efecto, a tenor del esperado quinto álbum, The Follower (Kompakt, 2016), el que prácticamente nos ha presentado por fascículos semanales, esta es una obra que sigue amarrada en algunos aspectos a sus primerizos y cremosos álbumes.

En cualquier momento el productor nórdico puede coger sus cacharros y convertirse en un tipo que se quede enclaustrado en el ambient techno, el camino que ha venido cruzando constantemente en sus últimos trabajos. Pero sin techno. De unos álbumes en los que la mayoría de los cortes iban a tempos casi desbocados, el bueno de Willner ha ido domesticando su propio sonido, pásandole una plancha para que sean las atmósferas escapistas las que rijan sus melodías. Unos cambios que han sido necesarios; vivir a base de loops idénticos hubiera sido una losa demasiado pesada. Mejor LPs más cortos y con mayor equilibrio entre los bpms más acelerados y los ambientes más evocadores. Esa ha sido su metamorfosis parcial.

Y ahí se que ve que The Follower es un claro seguidor de Cupid’s Head (Kompakt, 2013), con las mismas premisas de menos canciones, cambios de ritmo —importantísimos en ese renovado esqueleto sonoro del sueco— y eso sí, esta vez también menor intensidad sonora. Si el anterior te inyectaba más presión, este es un trabajo más hipnótico, más de quedarse en babia mientras lo escuchas. Y es gracias a temas etéreos como ‘Soft Streams‘, con detallistas capas secundarias y vocales filtrados que intentan llevarte por senderos que hace algunos años, a pesar de estar en estado de gracia, no recorría muy asiduamente. Por eso el quinto álbum de este señor de Estocolmo es una muestra de madurez compositiva. Y dentro del particular universo The Field, será como siempre, notable para los seguidores y difícilmente digerible por seguidores impacientes ante suaves curvas de diez minutos.

Cuando la hipnosis no lo es todo

Aunque para todos hay en este quinto disco. De hecho, la sinfonía encargada de abrir el viaje es ‘The Follower‘, el mejor tema de los seis, que viene con esa cadencia hipnótica, marca de la casa, y con esos vocales que jalonan la burbuja sonora que le caracteriza. A mitad de canción, BOOM, lo que era una densa capa de niebla se convierte en un tema pistero fabuloso, de los que te llegan al alma y te abren la mente. Uno de los temas del año; la rave de The Field. Y uno de esos aspectos que ha ido mejorando con el paso de los años, estos cambios de ritmo que te pegan el cambiazo dentro de un mismo tema. Es la ‘Black Sea‘ del disco, una joya que describe a la perfección qué es el minimal techno. O qué deberíamos entender, porque los límites con otros estilos como el ambient en composiciones como estas son muy estrechos.

Si para algo es The Follower es para escucharlo detenidamente, para que las pequeñas curvas aéreas en las que varía la presión de sus loops te dejen en un estado de trance

Después vendrá la agencia de viajes de ‘Pink Sun‘ con las eternas evocaciones para que se te baje un poco el subidón anterior y te pongas los auriculares a toda pastilla. Porque si para algo es The Follower es para escucharlo detenidamente, para que las pequeñas curvas aéreas en las que varía la presión de sus loops te dejen en un estado de trance. En estas dos primeras pistas del disco tenemos la oferta que nos ha traído en este álbum, pues el resto ya son vertientes de una u otra. Y quizá el ‘problema’ de este LP es que un poco más de punch como el del primer corte hubiera subido bastante el nivel general del mismo. El único momento que tiene intensidad es ‘Monte Verita‘, y tampoco en exceso, ya que está a mitad de camino entre el reposo espiritual de otras canciones y otro cambio de ritmo en su tercio final, aunque no tan brusco, sólo más oscuro.

7.5/10

Es esta falta de equilibrio entre la parte más musculosa y las canciones de minutaje largo y vaporoso está el punto débil de The Follower. A pesar de que el concepto sonoro de ‘Reflecting Lights‘ es bueno, para The Field está demasiado manido y le falta esa profundidad de canciones como ‘Monte Verita’, que vendría a ser el arquetipo sonoro ideal para los loops que no pretenden ir de forma desbocada a comerse todo lo que tenga por delante. Así pues, aunque sin duda es otro buen disco del sueco, está por debajo de la montaña rusa que era Cupid’s Head. Aquí hay dos temas bastante buenos, pero el resto discurren con mayor o menos inspiración, dependiendo del detallismo y la profundidad de las capas de segundas o terceras pistas. Willner ha decidido alejarse de bombos pisteros y poner rumbo hacia senderos más emocionales y ambientales, y es una decisión legítima y que se podía ver venir por esa progresión que decíamos al principio, aunque es difícil ver hacia dónde se dirige. Quizá a un futuro más ambiental y drone sólo para evocar. Si es así, aún le queda llegar a un punto de calidad al nivel de sus mejores trabajos. La metamorfosis sigue adelante.

Me gusta el chunda-chunda.