The Time, la banda que Prince se inventó para sus descartes

Si Prince necesitaba una banda, se la inventaba.

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Antes de hacerles la vida muy difícil a sus fans completistas, a los hooligans que defendemos al símbolo ante todo como un iluminado con su religión donde en vez de cruz hay una chopper púrpura, y sobre todo a su querida discográfica, la hiperproductividad de Prince necesitaba tener una salida en paralelo que no sepultase su propia carrera en solitario.

Daba igual que esta estuviese recién comenzada, que hasta 1984 no lograse su primer número uno en formato álbum con Purple Rain (Warner Bros.), sus singles —en especial los de 1999 (Warner Bros., 1982)— ya iban anticipando el torrente que nos esperaba. Y él tenía singles para regalar.

Prince fue aprendiendo rápido cómo funcionaba la industria, demasiado bien como demostró después. Al igual que descubrió cómo afrontar la música con los grandes, les copió su modelo. Las bandas que arroparon a James Brown, George Clinton, Jimi Hendrix, Miles Dives o Sly and the Family Stone tendrían la réplica en su carrera. Mítica es la plantilla detrás de The Revolution, sus The JB’s pero con Wendy Melvoin, Brown Mark o Lisa Coleman, entre otros.

Necesito una banda. Me la invento

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En 1981 Prince solo tenía 23 años, pero ya había publicado tres álbumes, con Dirty Mind (Warner Bros., 1980) como primer hito de calidad en su carrera, tras el éxito de su homónimo gracias a temas como ‘I Wanna Be Your Lover’. Y aún así, le sobraban canciones que él quería dar salida. ¿Cómo? Creando una banda paralela para que las publicase. Ahí surgió The Time y Prince replicó a su manera lo que George Clinton tenía con sus Funkadelic y Parliament, pero con una particularidad: él sería el hombre orquesta.

George Clinton tenía a sus Funkadelic y Parliament, Prince se tenía a sí mismo como hombre orquesta

The Time no es un experimento por cumplir y rellenar un casillero en blanco. Es el universo Prince en estado puro, en su vena más loca. Partiendo de la imagen, con referencias pop sin cesar —el grupo está inspirado en la película ‘The Idolmaker’— y una estética que podría haberlos sacado de la Familia Adams del Funk. Al frente, un showman con personalidad y estilo, Morris Day. Él ponía cara y personalidad a la banda, con una voz cercana al estilo de Prince —se dice que este le obligaba a seguir nota por nota sus instrucciones— e incluso ejercía como “productor” en los créditos. En 1985, cuando llegó la primera separación de la banda tras un Prince venido arriba con el éxito de Purple, Rain Morris Day se lanzó en solitario con Color of Success (Warner Bros., 1985) y pudo demostrar por su cuenta dicha calidad.

En los tres intensos años que duró la primera etapa de la banda publicaron tres trabajos. Debutaron con su homónimo en 1981, un trabajo prescindible, acorde al Prince de aquel momento, destacable en singles, pero lejos de su estado de gracia. Los 10 minutos de la jam de ‘Cool’ es lo más llamativo de esta entrega, en la que se entiende la naturaleza de los descartes.

Superando a su creador

Ya en 1982 llegó el discazo, What Time Is It (Warner Bros.), publicado meses antes de su otra gran obra, esta vez en solitario, 1999 (Warner Bros.). Este es el mejor año de Prince para mí si tengo en cuenta el volumen y calidad de lo publicado. Y en cada cara un estilo. Con The Time se sumaba a la escuela de Chuck Brown y su Go-go neoyorquino. Un estilo de Funk alegre, fiestero y sobreviviente al maremoto Disco sin achacar ningún cadáver por el camino. El formato de The Time eran los temas largos propios del género. Historias por las que no había pasado el tiempo, los 70 y sus jams estaban ahí, pero con más sintetizadores. ‘Wild and Loose’ es el tema que nada más abrir ya es imbatible; incluso hoy su fórmula sigue funcionando, como podemos escuchar en el ‘Uptown Funk’ de un inteligente Mark Ronson.

Prince contra su creación. The Time lograba casi tanto éxito en listas cómo él en solitario. Y la banda empezó el boicot

Los bajos gordos del P-Funk quedaban para la segunda propuesta: ‘777-9311’. Casualidad o paranoia, yo sigo recordando este tema cada vez que escucho al lánguido de Drake destrozar su ‘Hotline Bling’ —que luego Erykah Badu versionó como se merece. La parte dialogada llegaría en ‘The Walk’, con otros 9 minutos para inventarse su propio mundo, el cual acabarían por rematar en el Synth Funk de ‘I Don’t Wanna Leave You’. Detrás de todo seguía estando Prince como cabeza pensante y ejecutora, ya que se encargaba de tocar todos los instrumentos pese a que en los créditos figuraban sus compañeros.

Esta “calidad de descartes” llegó a tener su reconocimiento en las listas estadounidenses. El álbum se coló en el segundo puesto de la de R&B y en el 26 de la general. Mientras, 1999 se alzaba ese mismo año con el 9 lugar. Prince se encontraba ante el éxito por dos vías. The Time había crecido y hasta podría superar a su creador, tanto que acabaron por suponerle un problema exigiendo más reconocimiento y sueldo, intentando boicotear alguno de sus conciertos.

Ice Cream Castle (Warner Bros., 1984) fue su tercer y último largo, el complemento a las óperas rock en solitario que publicaría en 1984 y en 1985. De nuevo otros tres hits como ‘The Bird’, ‘Jungle Love’ y ‘My Drawers’ para aumentar aún más la imagen de The Time y la suya propia al mismo tiempo. Antes de que sus propios “enanos” le quemasen el circo Prince puso fin a esta aventura, que fue como ellos mismos cantaban: “Wild and loose, that’s how it’s got to be”.

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