Anohni – Hopelessness

Seis años después, nos habíamos hecho a la idea de dejarlo en un rincón de la memoria

anohni

Hace ya unos cuantos años, en mi pueblo, había un médico que se licenció con una edad ya considerable. Pongamos que en torno a los 40. Para entonces tenía esposa e hija, pero no encontró trabajo como galeno en las proximidades, por lo que decidió emigrar al norte de Portugal, donde tenía un empleo fijo y muy bien remunerado. Su mujer, con su hija pequeña, decidieron quedarse en el pueblo. Pasó el tiempo y se supo que él se había enamorado de otra en Portugal, abandonando el núcleo familiar. Mi madre, en un tipo de pensamiento claramente machista que achacaré a otras épocas, culpó a la mujer de no haberse ido con su marido a Portugal. “Pasa el tiempo y esto estaba claro que iba a ocurrir. Uno está muy enamorado, pero después todo se olvida, se necesita continuidad en el contacto”. Por entonces yo, adolescente de amores de verano, creía en las relaciones a distancia. Ahora ya no.

Hopelssness y el duro trabajo de reenamorarse

Es por eso que mi amor (igual no tanto como amor, dejémoslo en atracción) por la música de Antony Hegarty se ha ido difuminando. Escucho los discos de Antony & the Johnsons y, aún hoy, me parecen estupendos. El problema es que ya casi apenas los escucho, y, sobre todo, que de ella solo sabíamos porque, de cuando en cuando, seguía lanzando discos de actuaciones en directo, o colaboraciones con otros artistas. De material suyo, propio, y sobre todo nuevo, no había noticias. Hasta este Hopelessness (Secretly Canadian, 2016), que ha tardado en llegar ni más ni menos que seis años. Y a mí, que soy hombre al que le cuesta un poco mostrar pasión por las cosas, reenamorarme me iba a resultar una tarea realmente ardua. Es más, para ser absolutamente sincero, afrontaba la escucha de Hopelessness a medio camino entre la inapetencia y la desidia.


Pero una de mis cosas favoritas es que me demuestren que estoy equivocado. Sobre todo cuando espero poco o nada de una cosa en particular, y esa cosa me da mucho. Hopelessness es un disco estupendo, digámoslo ya. Un trabajo delicado, ornamentado y trabajadísmo. Con la producción de la propia Anohni, de Oneohtrix Point Never y de Hudson Mohawke (cuyos trabajos propios resultan realmente interesantes), Hopelessness es un disco sobre todo y ante todo electrónico. Aunque no sorprende, dada la deriva de las colaboraciones de Anohni en los últimos años, sí llama la atención y es digna de mención la evolución de la artista desde los tiempos del pop barroco de sus discos como Antony & the Johnsons hasta la actualidad. Y aunque por aquí nos fascinase el punto clásico y divo de sus inicios, hemos de decir que el nuevo aroma dance de Anohni nos ha cautivado. Y por lo visto y leído en la crítica mundial, no estamos ni mucho menos solos. Tras una ‘Drone Bomb Me’ que gusta pero no encanta, ‘4 Degrees’ se me ha quedado grabada en la cabeza a fuego, recordándome enormemente a Woodkid. Para sentirla, bailarla y, sin duda, afrontar el trabajo que me exige reenamorarme de las cosas. Hopelessness lo merece.

Aunque nos fascine el punto clásico y divo de sus inicios, el nuevo aroma dance de Anohni nos ha cautivado. Y por lo visto y leído en la crítica mundial, no estamos solos

Lo merece porque además no es un disco nada monótono. Nada entre lo que pueda quedar de aquello que un día llamamos indietrónica (o electrónica de sofá, que no era exactamente lo mismo, pero casi) y el espíritu más bailable de la anteriormente citada ‘4 Degrees’ o de ‘Why Did You Separate Me from the Earth?’ . Y además de todo lo disfrutable que resulta Hopelessness, un trabajo que generaría consenso hasta a la hora de definir gobierno, cabe decir que Anohni ha creado unas letras enormemente críticas y reivindicativas, haciéndolas huir del concepto manido de canción protesta, pero quedándose bien a gusto en varios cortes, seguramente el más obvio ‘Obama’, un tema que suena a cripta de difícil acceso e imposible salida, en los que manifiesta su disconformidad con innumerables hechos denunciables de la sociedad actual. Entre ellos, la desilusión que queda hoy, cerca de la salida del presidente, comparada con la emoción generada en su llegada. Un compromiso político que para nada se hace cansino, sino más bien novedoso en este caso concreto. Fantástico en lo sonoro, interesantísimo en lo letrístico.


8.7/10

Así que al final uno tiene que agradecerle a Hopelessness ya no solo el hecho de ser un disco sobresaliente, sino el de conseguir hacerte sentir cosas de las que no siempre estás seguro. Tu capacidad de volver a emocionarte con una voz, aunque su sonido y propuesta sean tan diferentes a las que un día conociste. Aunque la fascinante ‘Crisis’ o la evolución imparable y maravillosa de ‘Hopelessness’ parezcan salir de una propuesta diametralmente distinta a aquella que en su día dio a luz al éxito universal de ‘Hope There’s Someone’. Lo es, en realidad. Y lo es en parte por mérito de quien se deja asesorar por mentes tan clarividientes como las de Daniel Lopatin o Hudson Mohawke. Un trío de ases que, esperamos con toda el ansia del mundo, no nos haga esperar otros seis años para poder gozar de preciosidades como este Hopelessness.

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  • Álvaro Arellano

    Una cosilla que creo que debería corregirse en la redacción, Anohni es una mujer y no un hombre. Por lo demás buena crítica, el disco genial (a mí me ha gustado bastante más que el de Radiohead, por hacer comparaciones así a lo loco).

    • dr.chou

      Mil disculpas. Corregido, muchas gracias.

  • Flacao

    Lindo disco, de verdad, se agradece propuestas así de interesantes.

  • Diego Duarte R

    Hopelessness no te aburre en ningun momento…es bailarle a las desigualdades de hoy en dia, porque que es que ya bailamos con ellas. Todo un acierto

  • Vaya DISCAZO. No conocía a ninguno de los implicados, y ¡qué sorpresa!