GetMAD! 2016: planes de futuro

Primera edición de un festival prometedor para la capital.

Rival

Fútbol aparte, el planazo de este fin de semana era el GetMAD!, ahí no hay discusión. Un cartel interesantísimo, atacando al rock desde todos los frentes posibles, trayendo a nombres poco evidentes (más de uno incluso pisando Madrid por primera vez) e integrando la música dentro del resto de oferta del barrio. No es el primer intento de hacer “el festival de Malasaña” (ahí está, sin ir más lejos, el VillaManuela, también con excelentes carteles), pero son iniciativas siempre muy agradecidas y que esta ciudad necesita como el comer: uno va a recoger su pulsera, se compra unos vinilos en la tienda de al lado con su correspondiente descuento, se pasa por uno de los bares de la ruta a zamparse un bocata de jabalí y luego se mete a ver unos cuantos conciertos en salas pequeñas, cómodas con buen sonido y a poca distancia unas de otras. No todo es perfecto, claro, empezando por los horarios como esos Audacity a las cinco de la tarde (aunque cabe pensar que todo esto tiene más que ver con las exigencias de las salas, recordad los sucesivos fracasos del Primavera Club en la capital), pero es desde luego una cita que nos gustaría ver echar raíces y tener continuidad.

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Teníamos muchas ganas de Rival Sons y no decepcionaron

La vida del corresponsal de Hipersónica en la capital, eso sí, es dura y por desgracia apenas pudimos tomarle un poco el pulso al festival en vez de meternos a disfrutar de conciertos como si no hubiera un mañana, que es lo que debería haber sido el plan. En representación de las sesiones-merienda sí pudimos acercarnos el viernes por ejemplo a los canadienses No Joy, a quienes Mexican Summer editó hace unos meses su tercer trabajo, el interesante More Faithful. Evidentemente no es fácil levantar un concierto un viernes a la hora del té en una Sala But comprensiblemente medio vacía aún, pero tirando de oficio puedes lograr llamar la atención y que la gente tenga ganas de llegar a casa para ponerse tus discos y escucharte con atención, que es lo que lograron estos shoegazers cumpliendo con su cuota de ruido, voces lánguidas y ensimismamiento. Y ya en formato nocturno dejaron también muy buen sabor de boca en la pequeña Sala Taboo los neoyorquinos White Hills. Es complicado seguirles la pista a estos tipos, que cuando quieres ponerte con ellos de nuevo ya han sacado no sé cuántos epés desde la última vez que los escuchaste (la última vez que los reseñamos por aquí fue a propósito de su So You Are… So You’ll Be), así que fuimos con poca intención enciclopédica y la única intención de pasar un buen rato. Misión cumplida también. Le teníamos un poco de miedo a un concierto que podía pecar de intensito y perderse en meneítos de cabeza tocando de espaldas al público y sin embargo sorprendió con una banda sonriente y cómplice, capaz de atraer al público con su space rock psicodélico en vez de imponérselo. Disfrutamos de sus canciones de desarrollo imprevisible (siempre parece que van a acabar tocando ‘I Wanna Be Your Dog‘, pero no) y, eso sí, nos quedamos sin saber si al final consiguieron su propósito de lograr que alguien le diera “un besito” al batería.

Pero, al margen de los grandes nombres del viernes como Wire o Imperial State Electric, había sobre todo un grupo al que teníamos muchas, muchas ganas: los californianos Rival Sons. Y… amigos, valió la pena, vaya si valió la pena. Hay conciertos de tardan en arrancar, que necesitan algo de rodaje hasta llegar al clímax, y los hay que empiezan arrasando desde el primer minuto. Estos tipos salieron al escenario y desde el primer riff de ‘Electric Man‘ aquello empezó a arder. La primera duda (¿aguanta la voz de Jay Buchanan el directo?) quedó respondida de inmediato: y tanto que sí, el tipo es capaz de jimmypagear durante hora y media sin problemas hasta jugarse las cuerdas vocales para el bolo del día siguiente. Y la segunda (¿serán capaces estos tipos de montar un buen show, sin perderse en exhibicionismos y florituras?) también tardó poco en quedar clara: vimos una banda rodadísima, perfectamente consciente de lo que les funciona y dónde no, de dónde meter la coña, el solo de cinco minutos, el comentario sobre lo guapas que son las chicas de la ciudad, el jitazo, el tema mecheril. Podía parecer que iba a ser simplemente un show de señores con los huevos peludos y obviamente en parte lo fue (es también a lo que íbamos y es evidente que lo de estos tipos no es vanguardia), pero fue un concierto completísimo, de exhibiciones blueseras, de lucimiento de cada uno de sus miembros, de comunión con el público, de saltar y berrear y también de recogerse con los momentos Jeff Buckley. Adelantaron también parte del inminente Hollow Bones que, una vez más, tiene pintaza y dejaron la impresión de que son un grupo al que sólo le faltaría un jitazo algo más evidente para dar el salto a recintos de más aforo.

En fin, que apenas pudimos tomar una muestra, pero la experiencia fue más que positiva. Toda la suerte al GetMAD!.

Foto: GetMAD! Festival

  • Un punto después de la exclamación.

    Yoro