Washer – Here Comes Washer

Indie rock fresco, cervecero y referencial desde Brooklyn

Washer-Here-Comes-Washer

Here Comes Washer (Exploding in Sound, 2016). Un título directo y a la cara, sin contemplaciones. Así es como han querido presentar Washer su disco de debut, otro de esos trabajos y otro de esos grupos interesantes que llegan desde la factoría Exploding In Sound, uno de los escondites más prolíficos para los amantes del indie rock y el sonido americano sin ambages. No todos están igual de inspirados y algunos son tan canónicos que pierden el encanto. Sin embargo, a menudo suelen salir discos de esos para dejar en bucle varias horas al día. El de Washer es uno de ellos.

Sin tiempo que perder

Washer son Mike Quigley y Kieran McShane, dos tipos que no se andan con chiquitas a la hora de expresar su fervor hacia la potencia, las guitarras deshilachadas y el puente del sonido limpio al crudo para deslomarte. Con un sonido bastante cimentado en todo ese underground norteamericano que tantas veces reaparece en nuestras vidas, ya sea a través de reuniones o de grupos que les tienen de máxima referencia, Washer atraviesan alguno de esos tótems. Tanto del indie más estiloso como del post-hardcore con más presencia. Pero también tienen ese aire fresco y juvenil, descarado, necesario para hacer canciones con empuje que sabes que a pesar de que no sean una maravilla compositiva, te van a noquear. Quieras o no. Y al fin y al cabo, eso es lo que siempre ha sido importante.

La actitud del dúo rezuma a lo largo de todo el trabajo, con catorce canciones que no tienen mucho minutaje pero en las que no todas son de mecha rápida. Son lo suficientemente cortas para que el álbum pase fugazmente por tus oídos sin que te inmutes. Le vas a tener que dar otra vez al play. Es ese encanto innato del sonido (vie)joven el que toca a tu puerta y que empieza a derramarse sobre ti con un inicio fulgurante que se estira en ‘Eyelids‘ o ‘Beansy‘ y se contrae en canciones sobre experiencias vitales como ‘Hallmark‘. Porque lo de Washer no es todo pisar el pedal e intentar cargarse las cuerdas de la guitarra o los parches de la batería a toda hostia. De esas ya conocemos muchas historias.

El poder de la joven lavadora

Tienen temas de pegar el acelerón en modo casi skater juvenil y medios tiempos majestuosos como el de ‘Mend‘, simples pero con acordes bastante efectivos. En muchas ocasiones lo difícil es llegar a dar con la tecla para componer algo verdaderamente bueno sin recurrir a melodías complejas o una pedalera con los potenciómetros a tope. Y lo bueno es que el dúo norteamericano se maneja bien en sendos registros, con la naturalidad y espontaneidad propia de un grupo que lleva poco en activo y al que sólo le importa hacer canciones que le satisfagan, sin pretextos grandilocuentes.

7.3/10

Con todo, y a pesar del aire novicio que puedan irradiar, tienen arrebatos de genialidad que muestran en ellos un enorme potencial como la coraza hardcore de ‘Human‘ y sobre todo en pasajes concretos como esa guitarra que le debe tanto a Come en ‘Got Drunk And Ate The Sun‘. La música de Washer se deja querer por las grandes referencias, pero huye de las mismas al no abusar de cánones que podrían traer mejores réditos. Se mantienen personales, golpeando con intensidad como la fuerza centrípeta de la lavadora y haciéndote un secado normal, generando adicción sin importar que no haya distorsión. La sencillez de su fórmula, sólo con dos miembros, habla muy bien de ellos por los resultados que extraen de esas ‘limitaciones’. Juegan muy bien sus cartas y exhiben un notable registro con formas muy satisfactorias de cómo construir temas iracundos y otros más melancólicos a partir de frases que no pasan de tres o cuatro acordes diferentes. Y una portentosa batería.

La magia de lo sencillo. La actitud de Washer.

Me gusta el chunda-chunda.