Wolf Parade: un repaso a su discografía

¿Os acordáis de cuando Canadá era lo más? Trudeau también

Wolf Parade

El fin de trayecto fue abrupto para Wolf Parade. La banda de Spencer Krug no aguantó más y, un fin de semana culaquier de noviembre de 2010 (hace una eternidad), en pleno concierto, anunciaba un parón indefinido. Vamos, que adiós a su propuesta, deshinchada después de un gran primer disco y posteriormente sin suerte ni, posiblemente, la misma inspiración.

El anuncio lo hizo el propio Spencer Krug, en un concierto en Toronto. Wolf Parade, formados en 2003 por Dan Boeckner, Spencer Krug, Hadji Bakara, y Arlen Thompson tuvieron al principio de su carrera muy buenos padrinos discográficos y todo el apoyo de Sub Pop. Eso les permitió conventirse en una de las promesas de la pujante escena canadiense a la que los medios empezaron a prestar atención a raíz del éxito de Arcade Fire.

Sin embargo, entre lo rápido que se queman las modas mediáticas y lo mucho que Spencer Krug se dividió entre varias aventuras a lo largo de ese tiempo, el grupo nunca llegó a tener la misma relevancia mediática que en sus comienzos.

Wolf Parade – EP (2005)

Con cuatro canciones se estrenaron los canadienses, en una obra concisa y directa, muy representativa de la faceta más contagiosa de su música. Lo suyo era indie-rock en estado puro, extrayendo gemas de una veta en la que convivían los Pavement más pop con el David Byrne más sarcástico.

En su presentación, Wolf Parade dejaron ya una pareja de singles bastante irreprochables: la muy directa ‘Shine a Light‘ y la épica ‘You Are a Runner and I Am My Father’s Son‘. Junto a ellas vivía la más prescindible ‘Disco Sheets‘, contagiada por las ansias bailables que dominó a los indies de primera mitad de los 2000, y la muy golosa y más poppy ‘Lousy Pictures‘.

7.9/10

Líneas de teclado coloridas y las voces ahogadas y al borde de la locura de Dan Boeckner y Spencer Krug apuntalaban una propuesta que sonaba la más personal de todas las que venían de Canadá.

Wolf Parade – Apologies to Queen Mary

Apologies To Queen Mary, el debut largo de Wolf Parade, fue mimado por Sub Pop, que siempre ha tenido momentos de olfato para saber cuando una banda podía crecer en sus manos. Además, Wolf Parade se pusieron a las órdenes del Modest Mouse Isaac Brock, mejor considerado en el panorama estadounidense que en Europa. Con sólo eso más la corriente de apoyo a los músicos canadienses, crearon el clima perfecto para recibir este debut.

Pero sin canciones, la burbuja habría sido imposible de sostener. Y a Apologies To Queen Mary le sobraban temas para que los recién llegados pudieran creerse que allí había algo grande. Desde las citas al indie-rock noventero de ‘Grounds for Divorce‘ hasta momentos en los que ese legado se unía con el glam o la New Wave y otros que directamente aprovechaban la corriente épica de Arcade Fire a su favor, como ‘Modern World‘.

8.5/10

Wolf Parade refinaron las cualidades de las dos mejores canciones de su ep y las desparramaron a lo largo de las otras once. Su mejor mano apareció en canciones como ‘Dinner’s Bells‘, merecedoras de entrar entre lo mejor de la década.

Wolf Parade – At Mount Zoomer (2008)

At Mount Zoomer fue un gran ZAS en toda la boca de quienes esperábamos que Wolf Parade continuaran con el buen trabajo de su debut. Y también daba sentido a las quejas de los que consideraban que el grupo necesitaba dar mucho más para convencerles. Sobre todo porque el segundo trabajo del cuarteto canadiense cae en el aburrimiento y en el autoengaño: Wolf Parade parecieron creer que fueron sus diferencias con otras bandas las que los hicieron grandes en primera instancia cuando no, cuando lo mejor de sus dos primeros discos eran sus canciones.

At Mount Zoomer confía casi exclusivamente en la receta Wolf Parade: de nuevo hay voces esquizoides, guitarras fracturadas, canciones desencajadas… A cambio, no utiliza los mismos ingredientes y algo no cuaja: no hay canciones que se puedan recordar, el minutaje pasa mientras uno es consciente de lo cuesta arriba que se hace este disco y la sensación final es de “¿esto era todo?”.

5.5/10

En el fondo, es la misma diferencia que entre las pizzas de un restaurante artesanal y las de un Telepizza. Por mucho que estos afirmen que el secreto está en la masa, al final el único misterio está en no caer en la indulgencia y buscar siempre la manera de que lo artesano sea único. En At Mount Zoomer, Wolf Parade parecían una cadena de montaje de indie-rock canadiense de los 2000. Y no era eso, no era eso, nunca lo ha sido y nunca lo será. Y tres años para hacer comida rápida es mucho tiempo.

Wolf Parade – Expo ’86 (2010)

Llegados al tercer disco, parece claro que los propios Wolf Parade son conscientes de que hay algo que necesitan arreglar, aunque no se sabe exactamente qué. Por ejemplo, para ellos debería de ser obvio que Spencer Krug está haciendo mejores canciones con Sunset Rubdown (ahí está el fenomenal Dragonslayer que editó en 2009) que con ellos mismos. También es obvio, y no una simple suposición, que quienes les auparon, los indie bloggers USA, ya no se acuerdan suficiente de ellos.

Así que, siete años después de su formación y cinco después de su mejor momento creativo, se reúnen de nuevo para intentar dar un golpe de timón. No lo consiguen, pero al menos no fracasan como en At Mount Zoomer. El principal problema de Expo 86 es que ninguna de sus canciones consigue que podamos defender a Wolf Parade como las de su debut, por lo que ellos mismos se condenan hacia una irrelevancia progresiva que el paso de los discos podría acabar convirtiendo en hastío y, finalmente, la más cruel indiferencias.

6.9/10

Recibido por la mayoría como un “está bien, pero esto no es lo que fue”, Expo ’86 es posiblemente el síntoma más claro de lo que al final tuvimos: un grupo que decide ponerse en barbecho. Veremos, ahora que regresan, si Wolf Parade lo hacen para lo que se creó el barbecho: para volver a producir a la máxima calidad en años posteriores.

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  • Alarch

    Ni me suenan. Voy a ver qué tal…