091: el largo camino del desencanto a la eternidad [Camino al Low 2016]

Sé muy bien que si pido copas me saldrán espadas. Y si escucho canciones de los Cero, tendré las fantásticas letras de Lapido.

091, el regreso

¿Cómo se convirtieron 091 en los clásicos eternos del rock en español que son hoy en día? Es una pregunta complicada de responder. Durante un tiempo, pareció que los granadinos eran, simplemente, unos malditos, un grupo con un núcleo férreo de fans que se iba ensanchando más y más pero sin suerte de cara al mercado. Cuando decidieron parar en 1996, pareció la confirmación de todo aquello: el final de la misma quimera en la que se habían consumido dos años antes Surfin’ Bichos.

El tiempo, afortunadamente, hizo justicia. No sé cuándo pasó, pero algo (lo que fuese) permitió a la memoria de 091 quitarse de encima el “qué mala suerte tuvieron” y empezar a transitar en la categoría de “qué buenos fueron”. Además de las canciones, yo apuesto a que las letras de los Cero tuvieron mucho que ver. Nunca fueron de usar y tirar, siempre hubo una ambición poética en Lapido (casi) nunca lastrada por ínfulas y en su lucha contra el paso del tiempo resultó que se hicieron más necesarias de lo que parecían. Ganaron la batalla de la eternidad contándonos el desencanto y lo hicieron así:

Recreándose en escenarios sobre los que proyectábamos nuestro propio paisaje interior, no pocas veces desolado. Lo hicieron muchas veces, como en la seminal ‘Cementerio de Automóviles’, donde íbamos a “empezar a recordar”, en trasunto de la magdalena proustiana que olía a óxido, a restos de gasolina y a Seseña:

La hierba ha crecido bajo las ruedas,
el olor de neumáticos que arden me trastorna.

Abrazando lo sórdido de las pasiones bajas, los rastros de sangre, los crímenes por resolver (o por cometer), al principio con cierto pulso adolescente (como en ‘El placer y el dolor’), pero poco a poco refinando los versos:

La crueldad de lo bello empieza,
el brillo de un puñal ciego de ira
y aquel hipnótico lugar
(…)
Es cuando se eclipsan las caricias,
cuando el metal se funde con la carne,
(…)
Cuando el placer y el dolor
llegan a unirse,

Asumiendo que perder no es un estado de ánimo, sino una forma de vida:

Una vez quise amarte y llegaste a herir mi alma sin dudar.
Olvidé que el amor es como el filo de un hacha al cortar.

Sé muy bien, sé muy bien,
que si pido copas me saldrán espadas
al final

Teniendo claro que siempre hay una tormenta en la mañana de la vida y que, aunque recompongamos las piezas, cuando llega somos despojos al viento… y encima difíciles de tratar:

Cuando están mis nervios rotos
soy un resto del naufragio,
cuando pierdo el equilibrio.
(…)
pues lo dulce se hace amargo
y lo fácil complicado
cuando pierdo el equilibrio.

Inventando imágenes demasiado nítidas sobre el fracaso del amor, que era “como escupir contra el viento” y que, por más que lo desees (“Tengo el as de corazones pero a nadie a quien amar”), por más que sepas que es la solución (“La respuesta a mi ansiedad, la marea que está por llegar, una apuesta. Sólo soy un náufrago, ¿quién me salvará?”) casi siempre eres tú el que hace daño:

No creas que estás de suerte si al navegar
has oído el canto de sirenas.
Nunca las moscas se alegran si al sobrevolar
ven arañas tejiendo su tela.

Si la lluvia no borra tus huellas,
soy el halcón y tú mi presa.
Nuestra guerra no tendrá final
como el deseo y el fuego,

O sobre la vida, (¡qué mala es!), en la que nos pasamos más tiempo en el laberinto que fuera de él. Tanto que al salir ni siquiera tenemos muy claro si será para bien:

Hemos aprendido la lección,
hemos rellenado formularios,
y nos limitamos a pensar lo que antes gritábamos,
las ideas que el sistema ha devorado.

Hemos superado la adicción,
hemos despertado del letargo,
y nos limitamos a comer lo que otros han guisado,
no sé si estamos preparados
para todo lo que vendrá después

Madurando, haciéndose más y más alambicados sin perder de vista la extraña sencillez que siempre dirigió las letras de Lapido y que llega a su punto culminante en Tormentas Imaginarias (1993) y Todo lo que vendrá después (1995). Allí se acumulan todas sus obsesiones y todos sus recursos… pero aunque están probando sus límites, 091 nunca consiguen hacer que sus canciones se caigan derrumbadas.

El obrero amontona ladrillos mientras mira
el rastro de humo que ha dejado el reactor.
No sabe ni le importa qué fue del rey Midas,
pero sabe lo profundo que es el dolor
y lo pesada que es la losa en la que escrito está con tiza:
“Que mis ojos vean pronto la revolución”.
En su cielo sólo hay nubes con forma de pistola.
No es raro, no es raro, no es raro
que sólo lluevan balas por ahora

Así lo fueron consiguiendo, disco tras disco, canción tras canción. Lapido fue y es (también en sus discos en solitario, como el maravilloso En otro tiempo, en otro lugar) alguien con sello propio, alguien a quien le oyes sus canciones y sabes que sólo pueden ser suyas y oyes las de otros… y entiendes rápidamente que les influyó. Lapido y los Cero han tenido ese don de hacer que siempre quieras rebuscar en los huecos de sus canciones, que quieras buscar más allá para cerrar las historias… que quieras, incluso, que nunca se acaben, que los odies por dejarte en el cliffhanger eterno. Eso lo que lograron, por ejemplo, con el mejor namedropping posible (al menos junto al It’s The End of The World As We Know It de R.E.M.):

¿Qué fue de King Kong, de los psicoanalistas, del jazz?
¿Qué fue del siglo XX?
¿Qué fue del Dadá, del Big Bang y del “no pasarán”?
Ya se han quedado atrás …

Guitarras eléctricas y LSD,
uniformes fascistas y Juan XXIII,
la Beatlemanía, la foto del Ché …

¿Qué fue de King Kong, de los psicoanalistas, del jazz?
¿Qué fue del siglo XX?
¿Qué fue del Dadá, del Big Bang y del “no pasarán”?
Ya se han quedado atrás …

Un Rolls, un Picasso, un misil nuclear,
los duros de Franco, los hermanos Marx,
el libro de Mao, ¿recuerdas Vietnam?

El hombre en la Luna y el apartheid,
obreros en lucha y el gran Elmore James,
la caza de Brujas, la sota y el rey …

Sé que e igual a m*c al cuadrado,
sé que Minnie es la novia de Micky Mouse,
sé que tú, sé que yo, estamos desesperados, ¡oh yeah!

Y sí, llegaron a la eternidad, una que de la que hace unos meses ya os dejamos una guía de entrada (o de recordatorio): 091 en 91 minutos. Es bueno verles ahora, de nuevo, recorrer todo su cancionero y encontrar tantos versos que, un día y aún hoy, contaron tanto sobre nosotros.

** Contenido ofrecido por el Low Festival. En Benidorm, entre los días 29 y 31 de julio.

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  • alter_ego

    Fueron muy grandes e injustamente poco reconocidos, aunque hay que admitir que nunca fueron especialmente creativos musicalmente hablando, y que no pocas veces les costaba cerrar estribillos. No obstante, una carrera coherente y sólida, con pocos altibajos es su mayor virtud, y no es poco.

  • YinAndYang

    Los descubrí gracias a Amaral(en una entrevista que hablaban de ellos)y desde entonces sus canciones me acompañan.
    Me pareció injusto conocerles así,y ver lo ninguneados que estaban.
    Cuentan con un repertorio de lo más digno del PopRock español y me alegro,que por lo menos puedan girar tantos años después.
    Espero no perdérmelos en directo…