Andy Stott – Too Many Voices

Un disco del que se esperaba más y que rompe la magnífica racha que llevaba el inglés

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Por muy talentoso y creativo que pueda ser un artista, llegan ciertos momentos en los que es necesario replantearse las fórmulas, ver si se puede seguir por un determinado camino. En ese sentido, la carrera del inglés Andy Stott ha sido consecuente y lógica, empezó con un discreto aunque interesante Merciless (Modern Love, 2006) —un debut que cumple una década ahora—, y el salto hacia su siguiente obra fue estratosférico en todos los sentidos: Luxury Problems (Modern Love, 2012). Un LP mucho más trabajado, con mejor producción, con un discurso más perfeccionado; uno de los grandes discos de aquél año y de lo más talentoso que llevamos en esta década. Sin embargo, el discurso de Stott está empezando a no ser tan brillante. Es lo que le ha pasado a Too Many Voices (Modern Love, 2016), su cuarto álbum hasta la fecha.

Después del poderoso Luxury Problems llegó la delicadeza de Faith In Strangers (Modern Love, 2014), demostrando que la elegancia del inglés, sumada a su gusto por los bajos gordos que aquí sólo se manifiestan moderadamente —al contrario que cuando se transforma en Andrea— seguían mostrando una finura y un acabado tremendo. Sin embargo, Too Many Voices, siendo un buen disco, no llega a ser tan redondo como sus hermanos anteriores. Stott sigue apelando a ambientaciones tenues, esta vez con más ahínco que lo que ha hecho anteriormente, algo lógico viendo la trayectoria, pero el abanico sonoro de segunda línea, el que te dejaba en pañales, ya no es el mismo. A pesar de que el dub ha marcado bastante su música, siempre ha sido escurridizo para etiquetarlo musicalmente, puesto que sus estructuras sonoras pueden llegar a estar hoy tan abiertas que derivan en una amalgama que recuerda desde Jamie XX hasta artistas que veremos a continuación. Lo que lastra el álbum en conjunto.

Apuntar en demasiadas direcciones y difuminar el discurso

Ni su ornamentación es la misma ni tiene el efectismo necesario para sustituir la anterior. Mientras que en ‘Waiting For You‘ hay algunas rupturas de ritmo y recursos digitales al estilo Holly Herndon o al Oneohtrix de etapas anteriores, vemos en el siguiente tema, ‘Butterflies‘, a un Stott más efectivo, nadando en los surcos del UK Bass y con melodías ensoñadoras que sacan su talento a relucir. Pero no se puede decir que sea algo específico de este LP. De hecho, en la mitad de temas de un trabajo que ya de por sí es corto, apunta en demasiadas direcciones, como buscando varias opciones para ver cuál es mejor explorar de ahora en adelante. En la segunda parte se ve cómo la experimentación con las texturas y esas melodías que se semi rompen a base de ritmos rotos no acaban de funcionar. ‘Selfish‘ u ‘Over‘ son cortes que muestran esa falta de precisión del británico a la hora de intentar encontrar nuevas coordenadas sonoras que, a pesar de estar emparentadas con su pasado más inmediato, se desvanecen demasiado pronto.

7.2/10

En cambio, donde mejor funciona Too Many Voices es cuando decide optar de todas todas por el UK Bass, incluyendo además las percusiones de cierto músculo que en antaño lucían imperiosas. El ejemplo está en ‘New Romantics‘, donde vuelve a brillar como siempre la sección vocal de Alison Skidmore —más disipada e infrautilizada esta vez—. Precisamente en los dos largos anteriores, cuando la voz de esta ha tenido un peso mayor, hemos visto al Stott más sobrado, jalonando con ella temas delicados e inspiradores como los que daban nombre a dichos álbumes. En consonancia, el disco finaliza con esa sublimación en ‘Too Many Voices‘, un corte que podríamos haber escuchado fácilmente en una producción de Julia Holter. En este instante final, el residente mancuniano vuelve a poner la piel de gallina sin entrar en la experimentación rota y desenfocada que tiene bastante presencia en el álbum. Cuando reduce al mínimo esos tres o cuatro detalles, pero los trata con esa sensibilidad, le salen auténticas obras de arte —lo vimos antes y por desgracia, muy poco aquí—. Ideales para acompañar el elegante baile de portada. Sin embargo, siguiendo este camino ha perdido profundidad y la capacidad de sorpresa; un trabajo menos emocionante que rompe la dinámica estilística de Stott. Esperemos remonte en próximas referencias, cuando está especialmente creativo, nuestros oídos lo agradecen.

Me gusta el chunda-chunda.