El tamaño sí importa (LXXXII): ‘Dune’, de Soledad Vélez

Una voz imponente y un relato de apego y confianza

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Determinación, que suena a final, es un síntoma de principios. Y los principios de Soledad Vélez estuvieron llenos de incertidumbre y de valentía. Pero su determinación, que a ojos de su familia puede que solo pareciese capricho, la llevó a dejar su Chile natal con apenas 19 años, abandonar la carrera de arquitectura que cursaba y lanzarse al mundo para construir una carrera musical propia. Ahora, chilena de nacimiento, pero valenciana de adopción, todo ese camino recorrido poco a poco, desde abajo, está dando sus frutos. Y sus agallas se dejan ver más que nunca en su último trabajo Dance and Hunt.

Con este disco, se estrena con Subterfuge y sepulta casi por completo el característico sonido folk que dominaba sus anteriores trabajos. Yo llegué a ella hace pocos meses, cuando ya la envolvían los sintetizadores, las cajas de ritmo y una electrónica preciosista y sutil que pone un hilo conductor a este último disco. En Dance and Hunt, lo instrumental planta cara a lo lírico, al contrario que en su anterior Wild Finish (Absolute Beginners, 2012). Ahora los versos acompañan a los infinitos bucles de sonido, no cuentan historias, sino que plasman emociones abstractas.

Sóledad Vélez muestra sus agallas más que nunca en Dance and Hunt, el disco en el que se deja ver más oscura y menos intimista y que por fin le está haciendo recoger los frutos de un camino de valentía e inconformismo

Y buceando entre discos y discos para encontrar esos largos minutos que protagonizasen el episodio de hoy, esas emociones a las que Soledad ha puesto sonido, han aparecido en mi mente con más fuerza que ninguna otra. Porque se ha retado a sí misma, mostrándose inquieta e inconformista, y me ha bastado una escucha para que las melodías y la voz de Soledad Vélez ocupen mi cabeza.

Asi, ‘Dune’, que pone fin a ese torbellino de sonido que es Dance and Hunt, es además un punto de conexión entre la antigua y la nueva Soledad. Aquí hay espacio para intimismo y oscuridad, recuperando cierto aire folk, pero sin descuidar su nuevo sonido, más denso y quebrado. ‘Dune’ son más de siete minutos en los que la imponente voz de Soledad Vélez solo necesita acompañarse de una guitarra y unos versos sobre el apego y la confianza. Poco a poco, su voz se va oyendo más feroz, hasta que en los últimos dos minutos los ritmos de la batería y las bases al piano llenan el espacio y recogen el relevo de esa voz llena de furia y personalidad. La voz se pierde y un crescendo reviste todas las capas de sonido para cerrar entre caos un disco que solos traerá más comienzos.